Jóvenes continúan lucha a favor del aborto en Argentina

“Al Vaticano ni cabida, sobre mi cuerpo decido yo”, cantaban en las calles de Buenos Aires decenas de miles de mujeres

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8 agosto 2018 | 21:30 hrs | El País

Argentina.- Argentina vivió este miércoles una jornada histórica para toda América Latina. Una multitud de personas se acercaron a las puertas del Senado, en el centro de Buenos Aires, para acompañar la decisiva votación sobre la interrupción voluntaria del embarazo. “Al Vaticano ni cabida, sobre mi cuerpo decido yo”, cantaban en las calles de Buenos Aires decenas de miles de mujeres jóvenes con pañuelos verdes. Las estudiantes han abanderado la campaña para la legalización del aborto y al margen del resultado en la Cámara Alta [previsto para este jueves] consideraban imparable la conquista de este derecho.

Julia Bozzallia, integrante de la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA), asegura que “hay una contraposición entre un Senado postrado ante el clero y una juventud que tiene muy claro que tiene que tomar las calles para conquistar el derecho a decidir sobre sus propios cuerpos”. “Nosotras ya ganamos. Hoy no se vota aborto sí, aborto no, sino aborto legal o aborto clandestino. Cada nueva muerta por aborto clandestino será responsabilidad de los senadores que hoy voten en contra de la legalización”, subrayaba Lucía Sánchez, estudiante de secundaria.

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El proyecto de interrupción del embarazo votado en el Senado es muy similar a la ley de los países más desarrollados: libre decisión de la mujer hasta las 14 semanas de gestación y unos plazos superiores si hay riesgo para la madre o el feto o el embarazo es consecuencia de una violación. Para intentar salvar la ley, sus partidarios en el Senado aceptaron modificaciones al proyecto original y presentaron uno nuevo que reducía de 14 a 12 semanas el plazo para abortar e incluía la objeción institucional, pero no lograron suficiente consenso para aprobar los cambios. Este miércoles intentaban lograr, al menos, apoyos suficientes para la despenalización.

Los cuatro meses de debate público previos a la votación han logrado que la interrupción voluntaria del embarazo deje de ser un tema tabú para aflorar como un crudo problema de salud pública: cada año casi 50.000 mujeres tienen que ser hospitalizadas en Argentina por complicaciones derivadas de abortos. En 2016, último año con cifras oficiales, 43 mujeres fallecieron por esta causa. La última, Liliana Herrera, murió hace menos de una semana. Con 22 años y madre de dos hijos, perdió la vida por una infección generalizada tras someterse a un aborto clandestino. Una mujer de 35 años y madre de cinco hijos pelea por su vida tras otra intervención similar en un hospital de Mendoza, al oeste de Buenos Aires.

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La ajustada victoria previa en la Cámara de Diputados el pasado junio —129 votos a favor, 125 en contra y una abstención— fue muy celebrada en las calles de Buenos Aires, pero provocó también una contraofensiva de sectores conservadores de la sociedad argentina, encabezados por la Iglesia católica, los evangélicos y altos cargos del Gobierno de Mauricio Macri, entre ellos la vicepresidenta, Gabriela Michetti; la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal, y la diputada Elisa Carrió.

La Conferencia Episcopal argentina cambió su tono moderado inicial por un llamamiento explícito a la movilización contra el aborto del que se hicieron eco los fieles católicos, más numerosos que hace dos meses. “Dicen que no tiene vida, dicen que no tiene voz, aquí estamos los que luchamos por las dos vidas hoy”, cantaban los opositores a la ley, arropados por imágenes religiosas, un feto gigante de cartón, pañuelos celestes y banderas argentinas. En el bando celeste predominaban las familias y había casi paridad entre hombres y mujeres.

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Desde el oficialismo presentaron proyectos alternativos a la legalización del aborto. El más polémico fue el del titular provisional del Senado, Federico Pinedo, que contempla que las embarazadas que no deseen ser madres entren en un programa estatal que cubra todos sus gastos hasta que den a luz y entreguen al recién nacido en adopción. La propuesta fue comparada con El cuento de la criada, la distopía de Margaret Atwood donde las mujeres fértiles son obligadas a concebir hijos para otras mujeres.