Isabel Arvide, mito, leyenda y realidad

2 febrero 2020 | 12:48 hrs | José Sobrevilla | José Sobrevilla


Somos tantos, tan juntos y tan distantes, que las nuevas generaciones que asisten a las mañaneras, no tienen idea de quién está sentado a su lado; inercia que ha motivado esta columna donde quienes preguntan tienen la oportunidad de compartir quiénes son, dónde están y cómo llegaron a las conferencias. Isabel Arvide (María Isabel Arvide Limón), por ejemplo, ha sido periodista 44 años y ha publicado 20 libros; escribe poesía erótica, novela, cubrió (1980) en Bagdad la guerra entre Irán e Irak, Directora del Diario SUMMA de Televisa, de donde saldría por censura, y ha ganado dos veces el Premio Nacional de Periodismo; también ha estado presa en Chihuahua, 2002, por sus escritos. Esta es su historia, generosamente narrada a este reportero para esta serie.

Concluido su primer año en la carrera de Medicina, Isabel Arvide sufre una fuerte crisis existencial que la hace renunciar a su carrera, trabajo, y matrimonio, haciéndola reflexionar y decidir que lo que quiere es escribir; sin embargo, al no ser vendibles los escritos de las mujeres, acepta la invitación de un amigo para entrar al periódico Excélsior (1976). Lo hizo justo a la salida de Julio Scherer y llegó ahí junto a su tocaya Isabel Zamorano; una entraba en la mañana y la otra en la tarde.

Fueron las dos primeras mujeres en la redacción general de Excélsior porque entonces las mujeres sólo podían escribir de sociales; “con todas sus cualidades Scherer era un misógino” y, Alejandro Íñigo, jefe de información del periódico, la mandaba todos los días con un periodista a cubrir la fuente que le tocaba y, “lo que yo escribía lo tiraba a la basura. Una vez le pregunté, Alejandro ‘¿cuándo me vas a publicar?’, y me respondió cuando ya no tire a la basura tus escritos”.

Sin conocer a ningún político, su suerte cambió el 24 de septiembre de 1976 al ser enviada a cubrir una de las giras de Luis Echeverría. Fue la primera vez que vio su nombre en la primera página que, entonces, era la más importante. “Ver tu firma ahí era el logro de cualquier periodista; por eso a partir de entonces cuento el inicio de mi carrera periodística, aunque comenzara antes”.

No estudió la carrera, pero se hizo periodista a la vieja usanza: talacheando en las mesas de redacción. De Excélsior se fue a El Sol de México y de ahí a Novedades (un rato); después regresó a El Sol en donde ha estado, yendo y viniendo, casi 40 años. “En Ovaciones recibió su primer Premio Nacional de Periodismo, pero al regresar a El Sol de México, en 1985, también me lo dan; esta vez por análisis, por mi columna  política, siendo la primera mujer en recibirlo en esta categoría”.

Antes de existir las carreras de comunicación, un periodista se formaba en las mesas de redacción y generalmente empezaban como “hueso”, que eran ayudantes de los jefes de información y hacían de todo. También asistían a periodistas importantes; fue así que se hizo asistente de Jesús Michel Narváez, periodista de la Organización Editorial Mexicana, quien ha sido Director de El Sol de México.

La llegada a la fuente militar

Cuando López Portillo rindió su primer informe de gobierno, Isabel Arvide era ya asistente de Jesús Michel, sin embargo la oportunidad de cubrir la fuente militar, de la cual es decana, la cuenta a partir de la llegada en diciembre de 1982 del general Juan Arévalo Gardoqui; porque –entre otras cosas– fue ahí que empezó a viajar con el Estado Mayor Presidencial y donde se hizo amiga del general Miguel Ángel Godínez, quien era una especie de ‘otro jefe de Prensa’ de López Portillo, y la envían a Sinaloa a reportear la “Operación Cóndor”, primera contra el tráfico de drogas, especialmente la destrucción de cultivos.

Esta fuente, la militar, “ha marcado mi vida en todo porque los militares siempre han sido difíciles para dar información; no obstante ‘he tenido mucho acceso’; pero cuando digo ‘mucho’ es un acceso relativo, pero acceso al fin, porque son muy cerrados”.

La periodista considera al General Luis Crescencio Sandoval González, como el Secretario de la Defensa más accesible después de Juan Arévalo Gardoqui, quien era “el seductor de seductores; el más amoroso”, pero a Sandoval le cierran completamente el acceso, como si lo tuvieran secuestrado. No puedes llamarle por teléfono, mandarle una carta o hacerle llegar ninguna información”.

El Coronel Francisco Antonio Enríquez Rojas, Jefe de Prensa del General Sandoval, es muy agradable, pero te dice “Es que yo no tengo acceso, yo no le puedo decir al Secretario”, lo que configura un fenómeno muy curioso: un secretario accesible e inaccesible a la vez.

Para Isabel Arvide los generales Rodríguez Bucio y Sandoval son los mejores jefes militares que pudo haber escogido el presidente: jóvenes, flexibles y muy obedientes. “Si les dicen ‘párate de cabeza, lo hacen’, porque hubo otros que hablaban de dar un manotazo en el escritorio del presidente; y el mismo López Obrador dijo en una mañanera que –en su momento– el Secretario de la Sedena no aceptó la orden presidencial de detenerlo cuando hizo el plantón de Reforma”.

A los militares no les gusta ser policías. “Los han invitado a ser jefes de zona o región de la Guardia Nacional, GN, y no han aceptado; pero como muchos ya eran policías dentro del Ejército no ha sido difícil su incorporación. Lo que veo complicado es la incorporación de los Policías Federales a la GN”. Para Arvide la lealtad de la cúpula militar a la Cuarta Transformación es “Ciento uno por ciento” y que además “existe un gran entendimiento, afinidad, y simpatía personal del general Sandoval con el presidente”.

Sin gafete

La autora de “Sí merezco abundancia: crónicas de cinismo e impunidad sobre Karime y otras primeras damas de México” (2017), desde el principio quiso acceder a las mañaneras, pero no pudo. Obtuvo un permiso para ingresar dos veces pero después le dijeron que debía tener una acreditación. “Tengo 44 años de periodista y siempre he estado cerca de presidentes y mi columna se llama “Sin gafete” y ahora me exigen uno para ingresar”.

Como no le entregaban su acreditación llegó a protestar tanto en redes sociales que, cuando agarraba fuerza un movimiento que pedía su acceso, Nohemí Beraud le llamó para decirle que ya estaba su gafete. Era una acreditación como columnista independiente.

Desde hace 40 años conoce a López Obrador y asegura que no ha cambiado en nada, “no se le ha subido y sigue hablando como tabasqueño”. Una de las primeras entrevistas que le hizo fue en los camellones chontales con Humberto Mayán, “Estaban por lo de las monjas de Nacajuca y después de la entrevista nos fuimos a comer pescado frito a la carretera. Ambos somos tabasqueños y obviamente todos los de nuestra generación nos conocemos: Mayán, el Chelalo Beltrán (José Eduardo Beltrán Hernández) quienes ahora están en Pemex, y mucha gente cercana a él”.

“Imposible hablar con López Obrador: te prohíben entregarle una carta, un documento; a no ser que te le atravieses en un evento público, o que subas al mismo avión. Jesús Ramírez Cuevas, en lugar de facilitar la comunicación con el presidente la bloquea. Igual que el Secretario de la Defensa. Tenemos un Presidente absolutamente accesible, sencillo, afable, cachondo, pero no tenemos un conducto institucional, formal, para llegar a él”.

Con López Portillo, Galindo Ochoa, su jefe de prensa te hacia una cita y sin problema te sentabas con él. Felipe Calderón tenía 20 formas para acceder a contactarlo; en cambio, el más accesible de los presidentes, al que todas las mañanas ves, no le puedes hablar. Puedes preguntarle pero no hablar con él. Esto tiene que cambiar o va a ir en contra del propio presidente”.

– ¿Qué reacciones has registrado a tu cuestionamiento de otorgar publicidad a medios digitales?

– Que de tener entre 12 o 17 páginas, la revista Proceso desde entonces no ha publicado publicidad oficial. No sé qué pase la semana próxima, pero en redes sociales la mitad me mentó la madre y la otra mitad me dio las gracias. Gané 2 mil seguidores en Twitter y sigo pensando lo mismo: si el presupuesto publicitario es poco, es un desperdicio que lo den a una revista que el presidente dijo que era una porquería, que no la leía porque fomentaba el caos y era amarillista. Deberían repartirla a redes sociales, portales de internet, que es donde la gente se informa. Dijo también que Jesús informaría públicamente y no lo ha hecho. Se lo voy a recordar ahora que me dé la palabra.

Reveló Arvide que los periodistas de medios convencionales son muy flojos. ¿Quién está en las mañaneras? el que pelea su gafete, y los que nos levantamos a las tres… o tres cuarenta –como es mi caso– para estar a las cinco de la mañana en la fila, como si fueras a comprar leche Liconsa. Además, los medios tradicionales mandan gente majadera, aburridos, que se ven obligados a asistir como Irving Pineda de Tv Azteca a quien lo han tenido que quitar un tiempo por insultar al presidente.

– Respecto a la dinámica de las mañaneras ¿Qué cambiarías?   

– Que fuera solo una pregunta con derecho de réplica. No dos que se convierten en tres o más. También pediría a compañeros como Lord Molécula que lleguen a las seis; porque la mayoría va arribando a partir de las cinco y media. “El fenómeno está que a las cinco o cinco y media habremos ocho personas en la fila; nueve si viene el gordito de Nuevo Laredo (Carlos Cabeza) que se duerme”.

Ahora nos dejan pasar gracias a que en una mañanera les pedí que no nos tuvieran en el frío; y porque luego vienen manifestantes y cierran la puerta y tienes que andar como loco de puerta en puerta para ver por dónde te meten. Deberíamos entrar directamente, poner tu bolsa, chamarra, apartar tu lugar e ir a la sala de prensa, tomar un café, o salir a comprarlo y volver a entrar.

– ¿Que cuestionarías a la forma de otorgar la palabra?

– Nada. El dueño del balón, del campo de futbol, de las caguamas, es el presidente, y lo hace con gran habilidad hacia sus propios intereses. Son las reglas del juego; y la única forma de que te dé la palabra es estar diario ahí. Sin embargo si dejaran de preguntar estupideces, no importaría quien cuestionara; las reglas son claras, y Jesús Ramírez debería obligar a que se respete el reglamento. Como el gordito que gritaba y gritaba y no ha vuelto (Luis Cardona). A ver, ¿a qué fue? A provocar nada más. Si tanto le interesara iría diario. A Lord Molécula lo critican mucho, pero yo siempre digo, ‘él se levanta y está ahí a las cinco’. Hay que respetar eso.

– ¿Qué calificación darías a la política de comunicación del presidente?

La de él excelente; la institucional no me funciona. Hay cosas que dice el presidente y se quedan a la mitad; o el periodista que sigue no repregunta ni insiste en ello. Pero también que Jesús Ramírez te conteste el teléfono o los whatsapp; pero no contesta. O bien, si tú quieres hacer una entrevista con el secretario “equis”, te dicen que Jesús Ramírez les tiene prohibido conceder entrevistas. En diciembre, vía todos los jefes de prensa, él prohibió que los Secretarios dieran entrevistas sin su autorización.  Eso sí está mal.

“Una encueratriz venida a menos”

En 1997 la revista Impacto publicó el artículo “A mí también me da pena” de Isabel Arvide, y que le costó más de cuatro millones de pesos al perder la demanda (y con ella su casa) porque la actriz Sasha Montenegro (Alejandra Asimovic Popovic) no le gustó que se refiriera a ella como “una encueratriz venida a menos”. Aunque la historia es algo larga, permítame esta vez –amable lector– dejarla correr.

Aquella ocasión Sasha Montenegro había demandado a Isabel por difamación y calumnia por las vías civil y penal. El juez 3º de lo Civil había declarado inocente a Arvide; pero Sasha apeló y los jueces de la 5ª sala ratificaron la inocencia de la acusada.

Todo empezó cuando, al dejar la presidencia, José López Portillo estuvo envuelto en la más absoluta de las soledades. Se sentía abandonado, deprimido, y el General Godínez –su amigo– llamó a varios periodistas (hombres y mujeres) para que fuéramos a verlo. Al principio fuimos mi comadre Patricia Toscana, Isabel Zamorano y yo; pero después a mí me siguió invitando a comer y jugar dominó. Esto en su casa que llamaban “La colina del perro”, que era una serie de casas.

En una de esas idas me presentó a Flora Mariscal, quien se convertiría en su novia, su amor, su pasión y, –durante la fiesta-presentación del primer tomo de Memorias– donde estuvo medio México presente, se le juntaron Flora y doña Carmen, y Don José me pide que suba y tranquilice a Flora para evitar que bajara a la fiesta y se armara un pleito público donde podía haber hasta golpes.

El tomo uno se lo había dedicado a Flora, pero el segundo lo dedicó a Sasha. Ahí fue cuando yo publiqué “ojalá que esa dedicatoria, no sea tan efímera como la de Flora Mariscal, con la que tuvo una gran relación y ahora está borrada”; y como algo secundario “porque ahora está dedicada a Sasha Montenegro, una encueratriz venida a menos”; entonces Sasha entiende que está Flora detrás de esta afirmación y me demanda. Yo ni siquiera lo había tomado en serio.

Juan Bustillos me avisa que lo pondría en manos de su amigo abogado Javier Coello, de quien yo había publicado que era un delincuente. Coello logra sacar a Impacto de la primera demanda, porque antes acusaban también al medio que te publicaba y a ti, quedando yo como única acusada.

Cuando íbamos a entrar a la Segunda Instancia publiqué que “ya se había perdido, pero Sasha seguiría siendo una encueratriz venida a menos, y yo seguiría siendo periodista” y me vuelve a demandar. Después me invitan a un programa de Televisión, y vuelvo a decir lo mismo, y me llega la tercera demanda. Vuelvo a perder y vuelvo a publicar que ella seguía siendo una encueratriz venida a menos y yo una periodista y llega la cuarta.

Para esto habíamos llevado al juez 18 películas donde aparecía desnuda, y un estudio certificado de la Academia de la Lengua Española donde definía “encueratriz” como la actriz que se desnudaba; sin embargo la ley no contempla si lo que escribes es verdad o mentira, únicamente la intensión de causar daño al hacerlo público (válido hasta ahora) y el juez siempre considera que al hacer algo público, la intencionalidad del periodista es hacer daño.

Fue así que perdió su casa (300 m2 en la colonia Roma) y el ex presidente López Portillo nunca la apoyó; al contrario, declaró que jamás había tenido ninguna relación con ella y que Isabel nunca había entrado a su casa.

Solo faltaría mencionar que la vez que la encarcelaron fue cuando publicó, con información militar y de Estados Unidos, que “Jesús ‘Chito’ Solís, director de gobierno en Chihuahua con Patricio Martínez y Fiscal después, era un “narcotraficante reconocido e investigado por las autoridades”. Después de esto, Roberto Madrazo –entonces presidente del PRI– la invita en su avión a una gira por Chihuahua, y en el aeropuerto la entrega a sus secuestradores. Esto a pesar de que traía una escolta federal por las amenazas que había recibido por su investigación sobre las muertas de Tlalpan. La detuvieron sin orden de aprehensión.

“Me quitaron la escolta y me detienen, pero alcanzo a marcarle a mi hijo. Le dije ‘de lo que tu hagas depende de que siga viva’, porque el problema no era que me metieran a la cárcel, sino que me podían ejecutar porque en realidad se trataba de un levantón y donde estaba vinculado narco y gobierno”.

José Luis Santiago Vasconcelos,  quien era mi amigo, trata de checar con su delegado si estoy en la cárcel, y se lo niegan. Entonces pide apoyo a la Sedena, mandan militares a rodear la cárcel. Entonces, a las cinco de la mañana dan la información de que sí estoy en la cárcel y al día siguiente me sacan. Tuve que pagar una fianza de cien mil pesos, esa noche tengo que dormir en Chihuahua y al día siguiente a la PGR manda un avión a recogerme.

Después de este caso –que fue muy público– Manlio Fabio Beltrones mandó una iniciativa de ley para derogar la sanción del delito de difamación. “Ahora pierdes tu casa pero no te meten dos años a la cárcel”.

“Persistencia nocturna” (1977); “Esta vez de madrugada” (1979); “Al final del túnel” (1983); “Los últimos héroes” (1984);            “Los papeles del coronel” (1988); “La verdadera historia de Camarena según Hilda Vázquez” (1990); “23 diálogos con gobernadores” (1990); “La decisión presidencial” (1993) entre otros, son algunos títulos de sus libros.