Inseguridad letal

27 noviembre 2017 | 14:46 hrs |

Por Ángel Álvaro Peña

Las promesas de campaña corren siempre la misma suerte. El candidato las esconde y el pueblo las olvida.

Ahí se quedan guardadas hasta que otro candidato, dos, tres o seis años después las desempolve y vuelvan a tener vida en el discurso, donde vuelven perderse, y así se van alejando de la realidad cada vez más.

Prometer es una adicción de los políticos en campaña. No cumplir amparado en el olvido, un verdadero delito que debería ser castigado.

Un candidato promete lo que para él y su equipo de campaña lo hace diferente de sus contrincantes, pero eso que lo diferencia lo convierte en alguien similar en el momento de no cumplir, ni de crearse y, sobre todo, de hacer todo lo posible para que nadie se acuerde de su época de proselitismo.

La seguridad de la población ha sido una vieja promesa de campaña desde el siglo pasado. El narcotráfico fue tomando como un grave peligro para la población desde 2006, cuando Felipe Calderón vio un negocio redondo en la guerra contra el narcotráfico que aprovechó para culpar de estar involucrados en esa actividad ilícita a sus enemigos políticos, y, sobre todo, pudo deshacerse de muchos estorbos con el pretexto de los daños colaterales.

Así murieron cientos de miles de mexicanos y miles de millones de pesos fueron a dar en los bolsillos de quienes lucharon contra el narcotráfico con el pretexto del narcotráfico.

La inseguridad fue un gran problema que impedía que la actividad social se desarrollara con normalidad. El temor primero, y el terror después, desarticularon la espontánea organización social. La noche era propiedad del silencio y la muerte.

Las promesas de campaña se convirtieron en anuncios de peligro, más que en un propósito. El temor se nutrió de los discursos de campaña para amedrentar la cohesión social, para desmembrar la inconformidad de la gente, para atemorizar a la disidencia natural de la población.

La inseguridad se convierte en la herramienta ideal del poder central, del verdadero, de una élite que gobierna sobre los gobiernos.

La inseguridad oficial es la mejor arma para cuando un funcionario quiere ser presidenciable, ante este peligro, simplemente se le adjudican todas las corporaciones policíacas, las de investigación, las de espionaje y se le culpa de no cumplir con su trabajo, porque la inseguridad galopa por todo el país.

Esta vez la muerte, que puede ser la expresión extrema de la inseguridad, se instaló en Veracruz. Las imágenes son indignantes, los orígenes desconocidos y la impunidad garantizada.

Si en Veracruz quienes provocan la quiebra financiera están libres qué puede esperarse de aquellos que actúan cobijados en la oscuridad y con la certeza de que no serán descubiertos.

Ajustes de cuentas, ejecuciones, venganzas del narcotráfico, se funden con delitos que nada tienen que ver con esa actividad pero que se convierten en un paquete que acusa irresponsabilidad del gobierno estatal, cuya cabeza, Miguel Ángel Yunes Linares, prometió en campaña, exterminar este mal que afecta a todos por igual y erradicar un peligro del que nadie está a salvo.

Durante su campaña, Miguel Ángel Yunes Linares afirmó que la seguridad era una de sus prioridades e iba recuperarla en seis meses.

La política no está exenta de este peligro, la semana pasada dos alcaldes fueron ejecutados, el de Hidalgotitlán, Santana Cruz Bahena y el de Ixhuatlán de Madero, Víctor Manuel Espinoza.

Así fueron sucediéndose uno a uno los hechos de sangre. La noche del sábado cuarto cuerpos desmembrados fueron dejados sobre una banqueta de la colonia Libertad en Poza Rica, al norte de la entidad.

En el centro de Córdoba, ocurrieron balaceras, donde un civil resultó herido y dos presuntos sicarios perdieron la vida a manos de un grupo delincuencial distinto. Los cuerpos quedaron inertes en el interior de un vehículo Bora de modelo reciente.

El viernes por la tarde, seis cuerpos aparecieron flotando en el río Papaloapan, en la cuenca del mismo nombre. Los cadáveres, algunos de ellos semidesnudos y con evidentes huellas de golpes y tortura, eran del sexo masculino.

En Martínez de la Torre, el sábado en la colonia El Roble fue encontrado sin vida un hombre con un disparo en la cabeza. El cadáver se encontraba con los pantalones abajo, una insignia recurrente en sicarios del crimen organizado.

En Pánuco, en la carretera estatal Alazan-Canoas, una mujer fue encontrada muerta; presentaba varios impactos de bala en el cuerpo y estaba envuelta en una bolsa negra.

El alcalde de Ixhuatlán de Madero, Víctor Espinoza Tolentino, iba acompañado de su esposa, Hilda Patricia Carrera Tinoco, a bordo de una camioneta tipo pick-up, cuando sujetos armados lo ejecutaron a él, a su esposa y a tres personas más, al parecer funcionarios municipales, en calles de la colonia La Haciendita, municipio de Banderilla. Los hechos se registraron aproximadamente a las 19:00 horas del viernes 24 de noviembre.

Según el gobierno del panista-perredista Miguel Ángel Yunes Linares, el edil fue sorprendido en un asalto cuando pretendía adquirir un lote de láminas de construcción, lo cierto es que en materia de investigaciones policíacas la gente ha dejado de confiar en el gobernador debido a que sus supuestos aciertos en algunos de los casos más graves de la delincuencia, como el del ex gobernador Javier Duarte, sólo pareciera se trataba de un aviso sobre el rumbo que tomarían las averiguaciones.

Por ello la versión acerca de que los insumos serían adquiridos a una banda de delincuentes, según vertiente de investigación de Yunes Linares, que se dedicaba a vender productos y apoyos oficiales del anterior gobierno del priista Javier Duarte.

Incluso, el gobierno estatal giró un comunicado oficial en donde le solicita a ediles electos y a alcaldes en funciones abstenerse de adquirir apoyos sociales en el mercado negro o informal.

La inseguridad ha roto la credibilidad en las corporaciones policíacas, pero sobre todo en los políticos, quienes se montan en el tema para ganar en las urnas y después descuidar la integridad de sus gobernados.

En los primeros cinco meses del actual gobierno, se abrieron cerca de 625 carpetas de investigación por homicidio doloso en la entidad. Durante su campaña, Miguel Ángel Yunes Linares afirmó que la seguridad era una de sus prioridades e iba recuperarla. PEGA Y CORRE. – Las muy posibles candidatas a senadoras por el PRI en Veracruz, son: Elizabeth Morales y Anilú Ingram, sin embargo, se  sabe desde ahora que en esa legislatura ya tiene un lugar asegurado la actual diputada de Morena, por el Distrito XI, Rocío Nahle… Esta columna se publica los lunes, miércoles y viernes.

 

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NR. Esta es opinión personal del columnista.