Ineficiencia, delincuencia e impunidad gubernamental

10 octubre 2019 | 14:57 hrs | Rafael Arias Hernández | Rafael Arias Hernández


Mutatis mutandis.

 

 

Por Rafael Arias Hernández

Como todo, el Estado como organización social cambia, evoluciona de la simplicidad a la complejidad; las formas de gobierno son algunas de las expresiones de ese cambio permanente. Más cuando se hereda un Estado trastocado y debilitado.

Hay, sin duda, aspectos positivos de efectos generalizados para la población en cuestión y hasta para las generaciones siguientes; en general, hay mucho por conservar, consolidar o mejorar; y también hay demasiado por corregir, modificar o eliminar. Objetividad y asertividad. El reto a superar no es fácil, ni rápido.

En todo caso, siempre hay que enfocarse en lo importante y determinante del desempeño gubernamental ya que, como se sabe, los diversos tipos, niveles o aspectos de los gobiernos existentes interactúan se aplican y sirven hasta que dejan de dar buenos resultados y resulta oneroso y hasta perjudicial conservarlos.

Hoy, como en todos aspectos internos y externos, hay que entender y atender, lo importante que es administrar, planificar, organizar, supervisar, evaluar, y retroalimentar. Por citar solo algunos de ellos.

Observar, mejorar y poner en práctica, cuando menos sus principios básicos, hace posible garantizar un mínimo de eficiencia en el desempeño y reducción de fracasos y retrocesos; y, hasta eliminar de errores y pérdidas; incluso, puede llegarse a garantizar niveles aceptables y en mejoramiento,  de convivencia civilizada, atención oportuna de necesidades y problemas, así como la solución pacífica de conflictos.

Uno de esos aspectos, responsabilidad ineludible para todos los ámbitos de gobierno, es garantizar seguridad a la vida y patrimonio de las personas, así como certidumbre y estabilidad, a su comportamiento individual y a las relaciones que les unen unos a otros.

Bien se sabe que el llamado servicio básico gubernamental de la seguridad pública es vital para el desarrollo de muchas otras actividades y aspectos individuales y sociales; y que para ofrecerlo y sostenerlo se requiere en principio de un eficiente, correcto y óptimo funcionamiento y desempeño de instituciones y servidores públicos de todos los ámbitos, niveles y aspectos de la estructura institucional de los gobiernos; y también, en buena y notoria presencia e influencia, apoyo y participación individual y social.

Y a la seguridad, a todo buen gobierno, le acompañan salud, educación, administración y finanzas públicas, así como una comprobada política económica, favorables a la población presente y a las futuras generaciones.

Nada de la política gubernamental, dedicada casi por completo a los pretextos y excusas inagotables. Nada de conformarse con la justificación estadística, o con la repetida exaltación de la baja en porcentajes y el nivel de crecimiento de los indicadores, sobre todo en tratándose de vidas de seres humanos. Tampoco soportar ni permitir la distracción y el entretenimiento, que llegan incluso hasta el escándalo, con tal de evitar la evaluación objetiva del desempeño en los cargos oficiales.

Solo para dejarlo señalado, la seguridad pública depende de previsión y acción de la eficiencia de instituciones y servidores involucrados directa o indirectamente, porque las políticas públicas están también, a su vez, interrelacionadas y deben ser integradas y coordinadas.

Así que, para decirlo en otras palabras, ante las enfermedades [llamadas negligencia, ineficiencia, delincuencia e impunidad] que representan muchas conductas y hechos delictivos, el mejor tratamiento y los mejores resultados dependen de que el remedio funcione; esto es, el Estado, puede y debe, obtener y garantizar el mejor desempeño gubernamental, en principio contra parásitos, depredadores y saqueadores, dentro y fuera de los aparatos gubernamentales.

Boletines, declaraciones, discursos, y comunicación oficial con poca o nula credibilidad y aceptación. No es suficiente admitir y reconocer la existencia del problema. No basta declarar que se quiere y se debe combatir todas las formas y conductas delictivas; lo que se tiene y debe asegurar, es que tanto las instituciones como los responsables de su funcionamiento, hagan uso honesto, eficiente y puntual, de atribuciones y recursos públicos.

Preciso evitar y erradicar deficiencia e ineficiencia, tanto en pasividad e indiferencia, como en la acción indebida y efectiva, en la complicidad individual y colectiva,  o en la mediocridad pasiva que lo permite.

Ni complacencia ni complicidad. Ineficiencia y delincuencia en la realidad se interrelacionan, se apoyan y protegen. No más mediocridad y perversidad.

De descubridores a encubridores; de lavaderas a tapaderas; de explicadores a facilitadores; de la falta de explicación para la anticipación al exceso de explicaciones para la justificación. De la abundancia de pretextos acerca de lo que no se hizo o lo que se hizo mal; al montaje de la distracción, el entretenimiento, la enajenación o el simple olvido.

“Del mito de la pobreza”, al “catarrito de la torpeza”; del blindaje al desamparo; de la flotación al hundimiento. De “viene lo mejor”, a seguimos de mal en peor.

No más fueros, ni protecciones, ni encubrimientos a  ineficiencia y delincuencia dentro y fuera de los gobiernos.

Pasar del dicho al hecho; del decir al hacer. Gobiernos de resultados, positivos y constatables, para individuo y sociedad. Logros y avances, más y mejores oportunidades.

SÍ, A LA REVOCACIÓN DE MANDATO.

Hay que respaldar la propuesta de deshacerse, rápido y al menor costo,  de los malos y peores gobernantes, desde arriba hasta abajo. Todos, no solo el presidente de la república, también gobernadores y presidentes municipales; incluso, cada uno de los servidores públicos que no sirvan, deben ser evaluados para, en su caso,  ser apoyados o desplazados.

“La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno…”

Nadie está obligado a soportar malos y peores. Mucho menos a mantenerlos y pagar las consecuencias de sus errores y disparates. No más padecer las consecuencias de ineptos y corruptos, de ineficientes y delincuentes.

 

-Académico. IIESESUV

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Esta es opinión personal del columnista