Historia fantástica de la poza encantada del Río Atoyac

25 marzo 2016 | 18:20 hrs | EMILIO GONZALEZ GOMEZ | Arte y Cultura

Atoyac, Ver.- Hace un siglo, el Río Atoyac aún era cristalino, y los lugareños podían caminar por su márgenes.

Un domingo, Francisco pensó en que sería buena idea dar un paseo por la orilla del afluente, así que tomó a sus hijos (con quienes solía pasar los fines de semana) y salieron temprano de su hogar, de pronto, observaron a lo lejos un espejo de agua separado del caudal.

Pancho y los pequeños estaban intrigados. Nunca antes había visto algo así y a sus 55 años, el hombre estaba seguro de que no existía antes una formación de este tipo por ahí.

Cuando llegaron, encontraron una poza de baja profundidad, que enamoraba por sus tonos azul y verde.

poza

“¡¿Cómo no habíamos visto esta maravilla antes!?”, dijo Francisco al ver que además, muchos peces de colores revoloteaban alegremente.

Sin pensarlo demasiado, padre e hijos se quitaron la ropa y se metieron a nadar.

Empezaron a jugar con el agua y con los peces, que en vez de huir (como es el comportamiento habitual de estos animales) se acercaban más y más a los niños.

Al inicio, ninguno reparó en esto; pero cuando lo notaron, salieron inmediatamente del agua.

Ya en la orilla y aún mojados, observaron que los peces formaban la palabra “auxilio”… El susto fue mayúsculo y sin mirar atrás, se alejaron de la poza.

En su hogar, comentaron a familiares y conocidos lo que habían visto.

La noticia se extendió… Nadie comprendía cómo había surgido este lugar o porqué los peces pedían ayuda.

Alentados por la curiosidad, no faltó quien buscó insistentemente aquella poza fantástica; pero nadie pudo encontrarla de nuevo.

Los campesinos comenzaron a llamarla “la poza encantada del Atoyac” y al paso de los años, surgieron nuevas historias de abuelos que también la habían visto y disfrutado.

Lo curioso es que los protagonistas no podían dar su ubicación exacta.

Unos dicen que la hermosa y fantástica poza desapareció cuando un cráter se tragó parte del afluente, pero hoy la madre naturaleza le dio otra oportunidad al hombre de que reparar los errores y conservar el medio ambiente.

Los viejos comentan que, justo, los peces trataban de advertir el triste final que puede tener el río a causa de la contaminación y la industrialización. La gente clama:”Salvemos el Río Atoyac”.