Hasta siempre JL Santiago

12 junio 2018 | 16:39 hrs | Carlos Jesús Rodríguez | Carlos Jesús Rodríguez

DICE ALBERTO Cortez que “cuando un amigo se va queda un espacio vacío, que no lo puede llenar la llegada de otro amigo”. Nosotros agregaríamos, sin temor a yerros, que cuando un amigo fallece muere con él una parte de nosotros mismos. Y es que los amigos no son como los hermanos. A los amigos nosotros los escogemos y acaso por ello los queremos, respetamos y anhelamos estar cerca, mientras que a los hermanos nos los imponen y, sin embargo, terminamos amándolos. Cuentan en el pueblo, allá en la cuenca del Papaloapan donde la gente aun conversa en parques, en esquinas, bares, cafés o restaurantes o, incluso, en los quicios donde se busca refugio por las tardes para aliviar el sofocante calor de la primavera y el verano que suele llegar a 45 y 50 grados –y de allá era José Luis Santiago López-, que alguna vez doña Consuelo, una buena señora de la región reclamó a su hijo menor cómo era posible que su mejor amigo fuera el muchacho alegre y pendenciero del lugar, el enamorado y trinquetero, cuando tenía a su hermano, ejemplo de buena conducta, un dechado de pureza que hasta pensaba inscribirse en el seminario, a lo que el joven respondió con cierto pesar: -madre, a mi amigo yo lo escogí para ser mi hermano, a mi hermano, tú me lo impusiste-. Y aunque la respuesta entristeció a la madre, entendió cuánta razón tenía su descendiente, pues a ella le ocurría lo mismo con sus escasas amigas.

JOSÉ LUIS Santiago López era de la cuenca del Papaloapan, del meritito Cosamaloapan, allí donde la amistad se respeta y la traición solía pagarse. Aún recuerdo cuando en la niñez, familias enemistadas por la ingratitud de una u otra, lavaban afrentas en plena calle, frente al mercado y en fin de semana, que eran días de convergencia, cuando solían encontrarse comprando lo necesario para sus ranchos. Tierra Blanca, Tres Valles, Cosamaloapan y otros municipios se distinguieron por ello, pero también por la enorme amistad que las familias se expresaban. Por eso a los de aquella región se les conoce como cuenqueños, y no por el derivado del nombre que corresponde al municipio en que nacieron. Los cuenqueños nos decimos “hermanos”, “primos” “primos hermanos”, y a los mayores se les saluda siempre anteponiendo el “tío” o “abuelo” dependiendo de la edad. No hay medias tintas, y a decir verdad, la hipocresía debió ser asesinada y sepultada hace mucho, pues la gente es frontal y llama por su nombre a las cosas sin dobleces.

AL “NEGRO Santiago” lo conocí hace muchos años, 35 tal vez para ser exactos. Fuimos amigos de juventud y madurez, quiso ser alcalde de Xalapa pero no lo dejaron intereses subrepticios a pesar de tenerlo todo para hacer un buen papel. Convivimos tantas veces que no recuerdo cuantas. Chocamos cientos de copas, vasos y tazas de café en señal de amistad y convivencia, compartimos mesa y viandas y mantuvimos una amistad a veces telefónica, en un restaurante o en el encuentro fortuito en ciertas plazas con la familia o, incluso, en sus eventos como bodas. Inmejorable padre amoroso de sus hijos y adorador de su esposa Yesenia, también, de Cosamaloapan. Hace menos de dos meses me invitó a comer a un restaurante de Araucarias; lo vi delgado, un poco desmejorado pero con buen ánimo; pidió pollo asado sin sal, verduras al vapor pero mucho limón y agua de limón. Me dijo: “”tómate un vino que pronto lo haremos juntos”. Charlamos de todo, incluso del mal que le aquejaba. Me comentó que había estado internado en el hospital Ángeles Pedregal de la ciudad de México, donde le detectaron un cáncer de hígado que estaba tratándose. Le comenté que un familiar muy amado labora en el área de patología y, seguramente, debió enterarse de su mal, ya que su función es detectar los diferentes tipos de cáncer a través del microscopio. Le llamé a petición de él, y consultó en sus archivos para confirmar que, en efecto, había atendido su caso. Se la puse al celular porque deseaba saludarla, la conoció cuando era una niña de brazos. Dialogaron. Supe entonces del mal que aquejaba a José Luis confirmado, también, por el amigo: era más grave de lo que suponía, pues se trataba de un tumor no curable y agresivo en el páncreas. Me entristecí, porque le estimaba –y le estimare siempre-, pero la vida es así. Fue la última vez que lo vi. Supe a los pocos días que tuvieron que internarlo en el puerto de Veracruz y después en Xalapa. Mantuve la comunicación telefónica hasta que, finalmente, apagó el móvil. Y debió hacerlo porque en cuestiones de enfermedad lo menos que deseamos escuchar son malas noticias, y así lo recordaré: en vida y lleno de vitalidad y sueños.

NADIE CONOCE los designios del señor. Nadie sabe que nos tiene deparado y hacia donde nos lleva aun cuando rememos contra su caudal. La noticia esta mañana nos llenó de pesar, y desde este espacio expresamos nuestras más sentidas condolencias y solidaridad perenne a la familia del estimado amigo, empresario y político, José Luis Santiago López, guerrero de mil batallas que falleció en Xalapa, capital a la que tanto quiso y aportó a lo largo de su fructífera vida, y sin embargo, el egoísmo de algunos le impidió cumplimentar una meta: ser Presidente Municipal. El “negro” Santiago, como cariñosamente le decíamos, fue presidente de la Cámara de Comercio de Xalapa, del Instituto Político Empresarial y fundador de la agrupación Fuerza Empresarial Veracruzana que aglutina a la micro, pequeña y mediana empresa (Mipyme) de todo el Estado. Su altruismo y bonhomía lo llevaron a fundar, junto con su esposa Yesenia Abrego, hace poco más de 15 años, el afamado “Pollotón” que se activa en la víspera de Navidad para obsequiar pollos y otros alimentos a la población de escasos recursos, actividad que ha sido ejemplo a seguir y que actualmente se lleva a cabo en al menos 50 ayuntamientos veracruzanos, en 7 Estados de la República y en Centroamérica.

NO NOS queda sino decir descanse en paz un cuenqueño oriundo de Cosamaloapan que siempre llevó en alto el nombre de su tierra, y aunque naturalizado por voluntad propia xalapeño, jamás olvidó sus orígenes e, incluso, buena parte de sus paisanos lo visitaban conocedores de su alma caritativa y noble. No sabemos si para otras personas tuvo un trato diferente, reconocemos, sin embargo, que como buen humano algunas veces se equivocó y cambió de partido, lo que le ganó críticas, pero para nosotros, José Luis “el negro” Santiago López siempre tendrá la imagen de un hombre íntegro que educó y dio principio a sus tres hijos, y por ello le decimos: Buen viaje visionario y amigo, y que el Creador del Universo te acoja en su santa gloria, pues como bien decía el inmortal Álvaro Carrillo: “En este mundo tan profano, quien muere limpio, no ha sido humano”. Hasta siempre hermano Santiago…OPINA carjesus30@hotmail.com

*Esta es opinión personal del columnista