Has visto alguna vez la lluvia

26 julio 2017 | 8:26 hrs | Gilberto Haaz Diez

*De √Āngela Becerra: ‚Äú√Čl, rasgando con palabras la noche, le hab√≠a preguntado a qu√© sab√≠a la lluvia, y ella, sacando la lengua para saborearla, le hab√≠a contestado que a l√°grimas; entonces √©l, haciendo lo mismo, hab√≠a concluido que la lluvia tambi√©n ten√≠a sabor a mar‚ÄĚ. Camelot

Hubo un tiempo en ese lugar, que no es bosque de espinos y s√≠ de espinas, cuando √©ramos otro pa√≠s que miraba a la modernidad, cuando no ten√≠amos ni narcos y si un poco de nacos, cuando no se llenaba la tierra de desaparecidos ni de descuartizados, ni cabezas tiradas en los parques p√ļblicos, cuando viv√≠amos otro tiempo, uno que era de paz y aunque con carencias, √©ramos felices. La tranquilidad siempre tiene un precio, y cuando no se tiene se paga muy caro. Lleg√≥ la modernidad y nos puso en una vor√°gine de compra venta de la droga y el trasiego mand√≥. Se apoder√≥ del pa√≠s. El contubernio entre malosos y autoridades lo hizo todo posible. Vecinos del mejor y m√°s poderoso mercado de consumidores, la droga pas√≥ a ser nuestro primer producto de exportaci√≥n, m√°s que el petr√≥leo. Hoy es un poco como aquel tiempo de Charles Dickens, escrito en su libro Historia de dos ciudades: ‚Äú¬ęEra el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabidur√≠a, y tambi√©n de la locura; la √©poca de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperaci√≥n. Todo lo pose√≠amos, pero no ten√≠amos nada; camin√°bamos en derechura al cielo y nos extravi√°bamos por el camino opuesto. En una palabra, aquella √©poca era tan parecida a la actual, que nuestras m√°s notables autoridades insisten en que, tanto en lo que se refiere al bien como al mal, s√≥lo es aceptable la comparaci√≥n en grado superlativo.¬Ľ. Alguien me dijo hace mucho tiempo que hay una calma despu√©s de la tormenta. Lo s√©, ha sido as√≠ desde alg√ļn tiempo. Dicen que cuando la calma se termina, llover√° en un d√≠a soleado. Esto, que parece extra√≠do de un poema, como el de Federico Garc√≠a Lorca, de La lluvia: ‚ÄėLa lluvia tiene un vago secreto de ternura / algo de so√Īolencia resignada y amable / una m√ļsica humilde se despierta con ella / que hace vibrar el alma dormida del paisaje. Es un besar azul que recibe la Tierra / el mito primitivo que vuelve a realizarse. El contacto ya fr√≠o de cielo y tierra viejos con una mansedumbre de atardecer constante‚Äô, no es otra cosa que la letra traducida de aquella vieja canci√≥n del grupo de rock Creedence Clearwater Revival, ‚ÄėHas visto alguna vez la lluvia‚Äô. Escribo esto por dos razones, primera porque es d√≠a que llueve en Orizaba y hace unos d√≠as cay√≥ una tormenta casi perfecta, es d√≠a que llegaron las lluvias, y en una tarde lluviosa, en mi compu que no cesa de escribir, busco la lluvia como tambi√©n busco a los viejos rockeros que hablaban del viento, a esa leyenda llamada Bob Dylan con La respuesta est√° en el viento: ‚ÄúCu√°ntos caminos debe recorrer un hombre, antes de que le llames “hombre”. Cu√°ntos mares deben surcar una blanca paloma, antes de dormir en la arena. Cu√°ntas veces deben volar las balas de ca√Ī√≥n, antes de ser prohibidas para siempre. La respuesta, amigo m√≠o, est√° flotando (silbando) en el viento, la respuesta est√° flotando en el viento‚ÄĚ.

Entre el viento, la lluvia y el silencio me atraparon en la m√ļsica sesenta√Īera. Por aquella otra legendaria, Los sonidos del silencio, de Sim√≥n y Garfunkel: ‚ÄúEn sue√Īos caminaba yo¬† entre la niebla y la ciudad, por calles fr√≠as desoladas, cuando una luz blanca y helada hiri√≥ mis ojos, y tambi√©n hiri√≥ la oscuridad, la vi brillar, la veo en el silencio, en la desnuda luz mir√©, vi mil personas tal vez m√°s, gente que hablaba sin poder hablar, gente que o√≠a sin poder o√≠r¬† y un sonido que los envolv√≠a sin piedad, lo puedo o√≠r‚ÄĚ.

 LOS COVERS

¬†Fui a esa m√ļsica del Creedence, porque nuestro difunto y llorado Juan Gabriel hizo un cover extraordinario de aquella vieja canci√≥n de la lluvia. La titul√≥ ‚ÄėGracias al sol‚Äô. Un cover, seg√ļn los ingleses, es una traducci√≥n a un tema original en otro idioma. En la √©poca de nuestros roqueros, fuimos fregonc√≠simos en covers. Los de Enrique Guzm√°n eran tan perfectos y algunos mejores que los originales. Aunque nuestros traductores eran medios papas, por ejemplo, a una canci√≥n que dec√≠a ‚ÄėI need you‚Äô (te necesito), la traduc√≠an como anillo. No exist√≠a Internet ni trasladores de palabras. Pero aun as√≠, fueron tan grandes copiando los √©xitos americanos, italianos, ingleses y canadienses, que el mism√≠simo Paul Anka, cuando cantaba en Las Vegas, se presentaba como el C√©sar Costa de Canad√°. Los Teen Tops eran superiores a los Blue Caps. Est√°bamos llenos de covers. No hab√≠a canci√≥n que no se estrenara, en Italia, Estados Unidos o Inglaterra, que los nuestros la tomaran, le pusieran su letra en espa√Īol y a hacerla famosa. Those were the days, mi friend, aquellos fueron los tiempos, cuando la m√ļsica era una parte de nuestras vidas, cuando viv√≠amos en la tranquilidad de salir de nuestras casas y regresar sanos y salvos a la misma. Cuando no hab√≠a antros donde la maluria llegara y llenara de muerte y desolaci√≥n, como escenario de guerra. Sin desaparecidos. Ese M√©xico que se vivi√≥ entre los 50s y los 60s, cuando la m√ļsica era, como dijera un fil√≥sofo: ‚Äú¬°Ah, la m√ļsica! -Dijo, enjug√°ndose los ojos- ¬°Una magia m√°s all√° de todo lo que hacemos aqu√≠!‚ÄĚ.

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*Esta es la opinión personal del columnista