Ganímedes, el satélite más grande del Sistema Solar

El 30% de la superficie del satélite contiene materiales orgánicos

8 marzo 2018 | 13:11 hrs | Astrobitácora | Redacción

Ganímedes no es solo el satélite más grande de Júpiter. También de todo el Sistema Solar. De hecho, es más grande que Mercurio y Plutón, y solo algo más pequeño que Marte. Si orbitase al Sol, en vez de al gigante joviano, seguramente lo consideraríamos un planeta. Por si todo esto no fuese suficiente, se sospecha que podría tener un océano salado bajo su superficie. Así que cabe la posibilidad, aunque un tanto remota, de que pueda albergar algún tipo de vida.

La Agencia Espacial Europea ha jugado con la idea de visitarla en 2030. Por ahora no hay nada concreto, al menos hasta donde sé. Dicho esto, vamos a descubrir más sobre el satélite. Tiene la misma edad que Júpiter, unos 4.500 millones de años. En realidad, todo el Sistema Solar tiene la misma edad. Se formó a la vez a partir de un disco protoplanetario que orbitaba alrededor de nuestra estrella.

Desde Júpiter, Ganímedes es su séptimo satélite, a 1.000.000 de km. Es el tercero de los satélites galileanos (formados por Ío, Europa, Ganímedes y Calisto, llamados así porque los descubrió Galileo Galilei). Tiene un diámetro aproximado de 5.260 km, superior al de Mercurio. Solo tiene la mitad de masa que el planeta más cercano al Sol. Así que tiene una densidad muy baja. La temperatura en su superficie oscila desde los -112ºC hasta los -193ºC en el lado nocturno. Tarda, aproximadamente, 7 días en completar una vuelta alrededor de Júpiter.

Uno de los aspectos más llamativos de Ganímedes es que tiene su propio campo magnético. Algo que solo suele estar presente en los planetas (como la Tierra o Júpiter, y ni siquiera todos tienen). Por el telescopio Hubble, también, sabemos que tiene una fina atmósfera de oxígeno. Ganímedes forma parte de una resonancia orbital, junto a Europa e Ío. Es decir, sus órbitas están sincronizadas.

Por cada vuelta que completa Ganímedes, Europa hace dos e Ío completa cuatro. Es posible que esa resonancia exista desde la formación del Sistema Solar. O, por el contrario, puede que apareciese poco después. En ese escenario, Ío se habría alejado de Júpiter, igual que lo hace la Luna de la Tierra. Eventualmente, Ío habría tenido una resonancia orbital con Europa y, después, Europa con Ganímedes.

Aunque no lo hemos explorado, tenemos una idea bastante clara de cómo es este satélite. Creemos que tiene un núcleo de hierro, seguido de una capa de roca. Con una corteza de hielo muy grueso justo encima. Hay varias protuberancias en la superficie, que podrían ser formaciones rocosas. El hielo (de agua) parece abundante en su superficie. Las regiones más claras tienen más hielo que las más oscuras.

Las regiones de Ganímedes

Se han detectado también otros elementos, como dióxido de carbono, dióxido de azufre, sulfato de hidrógeno y algunos compuestos orgánicos, entre otros. Probablemente, lo que más llama la atención es esa extraña mezcla de regiones claras y oscuras. Estas últimas son más viejas, con gran cantidad de cráteres. Las regiones más claras son algo más jóvenes (aunque siguen siendo viejas en la escala del Sistema Solar).

El terreno oscuro es interesante por otro motivo. Es el 30% de la superficie del satélite, y contiene materiales orgánicos y algunos elementos que podrían indicar cómo eran los planetesimales desde los que se formaron los satélites de Júpiter. El terreno claro es una incógnita. Porque, para que se formase ese terreno tan accidentado, tuvo que haber algún mecanismo que generase calor. ¿Cuál exactamente? No se sabe. Es posible que, durante un tiempo, la órbita de Ganímedes fuese inestable, de manera que la gravedad de otros satélites lo deformaba.

Esa deformación habría liberado energía. También es posible que el terreno más claro sea de tipo tectónico. Como las placas tectónicas de la Tierra. En cualquier caso, lo importante es que es una cuestión que todavía es motivo de estudio, no ha sido respondida todavía. Los dos tipos de terreno tienen cráteres. Sin embargo, el terreno oscuro está saturado. Es decir, los nuevos cráteres se forman sobre cráteres más viejos.