Flavino da el diagnóstico real de Veracruz

16 octubre 2016 | 19:29 hrs |

La insoslayable brevedad

Por Javier Roldán Dávila

A pesar de ser ‘chino’, derribó la muralla que impedía ver más allá

Unas horas sentado en la silla del todopoderoso le bastaron al gobernador sustituto, Flavino Ríos Alvarado, para admitir de manera oficial lo que todo mundo sabía: Veracruz está en crisis financiera y de seguridad…por decir lo menos.

Viene a cuento lo anterior, porque el gobernador con licencia, Javier Duarte de Ochoa; se obstinó en decir, hasta el último minuto de su mandato, que en la entidad todo funcionaba a las mil maravillas, negándose a aceptar el principio de realidad.

Sabemos que en política las cosas no ocurren por casualidad, por lo tanto, la visita que esta semana realizarán el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y el Comisionado Nacional de Seguridad, Renato Sales Heredia, a Coatzacoalcos, es una reacción (tardía) al incremento de la inseguridad en el estado.

Asimismo, Ríos Alvarado, adelantó que hablará con José Antonio Meade Kuribreña, secretario de Hacienda, al cual solicitará el apoyo federal para saldar la deuda a los proveedores y en el colmo de los colmos, para el pago de los salarios a la burocracia estatal.

Es de reconocerse la decisión del encargado del ejecutivo, pero la pregunta obligada es ¿debieron haber todos los muertos acumulados a la fecha y todas las quiebras de proveedores, además de sinsabores de asalariados, para tomar la decisión?

Es claro que el gobierno del presidente Peña Nieto, en una estrategia perversa, hizo cálculos políticos para buscar conservar el poder para el PRI en Veracruz, pero al no darse el resultado, decidieron intervenir.

Este impasse agravó aún más la situación, de tal suerte que la reparación del daño para cientos de miles de ciudadanos ya no será posible.

El “malhumor” social está a tope, por ello, no sería extraño que todos los escenarios electorales para el partidazo, en el futuro inmediato, sean de perder-perder.

Cuando en octubre de 1989, en vísperas de la caída del Muro de Berlín, el dirigente soviético Mijaíl Gorbachov visitó la República Democrática Alemana, saludó con un frío beso en la mejilla al premier Erich Honecker (a diferencia del coqueto picorete en la boca, que diez años antes le dio Leónidas Breznev), quien le solicitó ayuda desesperada para mantener el orden, la respuesta fue lacónica y contundente: los errores se pagan.

¡Ah! si aprendieran de la historia.