Estatua caída por el viento

1 febrero 2018 | 10:41 hrs | | Gilberto Haaz Diez

Por Gilberto Haaz Diez

 

*El escritor mexicnao, Jorge Volpi, gana el Premio Alfaguara.
Un reconocimiento a su trabajo.
Camelot.

Carlos Fuentes aseguraba que las estatuas solo sirven para que las caguen las palomas. Cierto. No hay estatua sin cagada. Suelen las estatuas ser referencia a algo, o a alguien. Cuentan que en Marruecos, hace unos 400 mil años, se descubrió un objeto que podría ser la primera estatua del mundo. Hallada entre el polvo y tapada al paso de los siglos. Otros aseguran que en 1831 el italiano Pietro Tenerani hizo la primera estatua sobre pedido de Simón Bolívar. Aunque ya había una sobre George Washington del mismo Cánovas, su maestro. En la glorieta Miguel Alemán de Veracruz, cayó una estatua del expresidente de la República, Miguel Alemán Valdés, padre del exgobernador de las estrellas, un viento la derrumbó. Es la segunda vez que cae al suelo una estatua de Alemán. Los revoltosos alumnos de Ciudad Universitaria, en 1960, le pusieron una bomba a la suya y cayó, como la de Sadam Hussein en Irak, aunque aquella la lazaron: lázala, lázala que se te va. La dinamitaron varias veces hasta que en 1966 las autoridades universitarias la mandaron a una bodega. Fuera de los estudiantes. Unos jarochos y trovadores de veras, me comentaron que el viento fue despiadado, pero no justo, que debió llevarse por allí la de Vicente Fox, que en un bulevar que tienen a su nombre, rumbo al Foro Boca, un día la tiraron unos priístas que hoy andan en desgracia: Salvador Mansur, Adolfo Mota y otros dos más. Esa vez del año 2007, presente lo tengo yo, la maluria le puso una soga al cuello y pum, pa’ abajo. Ni Martita lo pudo salvar, cayó al pavimento arenoso, donde el viento de ese mar pega fuerte y la arena a veces nubla la vista. Cayó y se le quebró la mano. “La tumbaremos y la lanzaremos al mar, la mano se la cortaremos por rata”, decían encamorrados los tricolores, chamacos malosos, luego tentones. Un panista, Paquito Gutiérrez de Velasco, era presidente municipal. No a la mano como a Álvaro Obregón, que aquella mano y brazo perdió en una batalla contra Pancho Villa (Oye tú, Francisco Villa ¿Qué dice tu corazón?) en Celaya, y por eso le llamaron El manco de Celaya. Un amigo me cuenta que esa escultura estatua de Vicente Fox, la hizo el poblano Bernando Luis, la recogió de donde estaba y le restauró la mano, le puso una nueva y la caída en desgracia, aseguran, se la regaló al periodista Carlos Loret de Mola, quien la tiene en su oficina periodística. No sabemos para qué. Pero ahí la tiene. Estatuas han caído por el mundo, cuando los ciclos políticos cambian, ninguno las quiere en sus entornos. En México se dio mucho, y en España, cuando Franco murió demoraron casi veinte años pero fueron quitando una a una de sus ciudades. Una de las últimas estaba en Santander. De allí se fue a la historia.

RESPUESTA DEL KENNEDY III
Después que el presidente Trump dio su primer discurso a la Nación, o a la Unión, todo él como es, racista y echado pa’ alante, aplaudido por los republicanos, ignorado por los demócratas que, desde sus asientos, no se ponían de pie y abandonaron el salón en cuanto terminó la perorata de este hombre que tiene dividido a su país, entre los buenos y los malos, los racistas y los que solo ven pasar las cosas. Las televisoras enfocaron, porque así se estila, que desde diversos puntos del país los de enfrente den su opinión, la CNN con Joe Kennedy III, de la dinastía de los bostonianos, nieto de Bobby Kennedy, a quien se parece muchísimo físicamente. Una luz iluminó ese camino tortuoso. Dijo el congresista, sobrino nieto de JFK: “Los matones nunca en la historia de Estados Unidos lograron igualar la fuerza de un pueblo unido”. Moles. Mientras Trump delineaba su Sueño Americano, el Kennedy le señalaba sus errores y divisiones. Diario El País: “Kennedy habló con corbata y sin chaqueta desde un instituto de formación técnica en Fall River, un pueblo a menos de 100 kilómetros de Boston, otrora ciudad fabril que se ha visto dañada por la desindustrialización. Congresista en Washington desde 2012, de un pelirrojo llamativo, ha ganado protagonismo en el último año con discursos muy progresistas. Para los demócratas, permite mostrar que el Partido tiene lo que la jerga futbolística llama cantera, jóvenes promesas o talentos listos para renovar el equipo titular, pero su elección como imagen frescura en una noche como la de este martes, todo un hit de la liturgia política americana, también ha suscitado críticas.

DEL MURO
Se refirió al muro que Trump quiere construir en la frontera con México para advertir de que su generación lo tumbará. Y se dirigió, en español, a los dreamers o soñadores, los jóvenes migrantes que llegaron a EE UU sin papeles como niños a los que Trump ha retirado la cobertura legal. “Ustedes son parte de nuestra historia, vamos a luchar por ustedes”. Kennedy fue reelegido congresista por Massachusetts en 2016 para su tercera legislatura. Formado previamente en la Universidad de Stanford, en 2009 se licenció en Derecho por Harvard, donde tuvo como profesora a la senadora demócrata por Massachusetts, Elizabeth Warren y conoció a la que sería su esposa, Lauren A. Birchfield. Cuando estudiaba le apodaron “el lechero” porque no tomaba alcohol. Habla español porque entre, unos estudios y otros, fue voluntario con las Peace Corps en la República Dominicana. Antes de su llegada a Washington, fue fiscal de distrito en Cape Cod. Su andadura en el Congreso ha ido ganado protagonismo en el último año, en paralelo o quizá espoleada por la era Trump. Ha logrado momentos muy notorios, como su discurso en la Cámara sobre la anulación de la reforma sanitaria de Obama, que calificó de acto de malicia. Tuvo 10 millones de visitas en Facebook.

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*Esta es opinión personal del columnista.