Escribir puede causar la muerte

22 agosto 2017 | 22:14 hrs | Javier Roldán Dávila

A este ritmo, la libertad de expresión sólo se ejercerá en los  epitafios

Ayer nos enteramos del asesinato del periodista Cándido Ríos Vázquez, quien trabajaba para el Diario de Acayucan, fue ejecutado junto con otras dos personas, en la localidad de Juan Díaz Covarrubias, al sur del estado de Veracruz.

De entrada, habrá que decir que el reportero se encontraba bajo los protocolos gubernamentales de protección a comunicadores y defensores de derechos humanos, por lo que se infiere, que sobre él pendían amenazas.

Queda claro que el mentado mecanismo de auxilio no funciona en ningún sentido. Al final, lo único que les queda a los familiares, para aumentar su frustración, es la vulgar fraseología de los que ‘mandan’: el homicidio no quedará impune, llegaremos hasta las últimas consecuencias, compartimos la indignación de los deudos. Amén.

Lo más grave del asunto, es que civilizatoriamente vivimos en la antípodas, mientras se diseñan avanzadas leyes en materia de derechos civiles, la realidad nos remite al oscurantismo medieval.

Los neoliberales, investidos de teóricos de las sociedades abiertas, critican el ‘autoritarismo’ populista, pero en este mismo sentido, son incapaces de defender otras libertades que no sean las draconianas leyes del mercado. Convergen.

Por tanto, el ciudadano queda impedido de ejercer sus derechos humanos, justamente, ante la imposibilidad del Estado de ser garante del pretendido Contrato Social, que implica, entre otras cosas, la libertad de expresión.

Vivimos en un sistema disociado, en el que las cúpulas disertan frente al espejo, mientras los gobernados, sólo encontramos la respuesta del eco.

¿Le acabaremos dando la razón a Francis Fukuyama?, terrible.

*Esta es opinión personal del columnista