Escoria policiaca

2 agosto 2018 | 13:09 hrs |

Por Roberto Valerde García

 

El periodismo mexicano atraviesa la más seria emergencia de su historia. En toda la república incluido Veracruz, los periodistas desempeñan su trabajo entre amenazas, censura y violencia.

Como si no fuera suficiente caminar todos los días en el filo de la navaja al realizar coberturas informativas relacionadas con ejecuciones, secuestros, desmembrados, narcotráfico y lavado de dinero, ahora quienes ejercemos esta profesión nos encontramos a una nueva amenaza: la fauna policial, definida ésta como un grupo de animales, de gorilas con uniformes de policía que violando el artículo sexto de la Constitución Política Mexicana, obstruyen el ejercicio periodístico y el derecho a la información que debe ser garantizado por el Estado.

Tal es el caso del papanatas, necio, tonto, oficial de la Policía Federal, Rafael Orozco Martínez, el cual tripula la patrulla número 11892 y de un tiempo a la fecha se dedica a obstaculizar el ejercicio periodístico de los reporteros de la nota roja, los amenaza y les reparte infracciones a diestra y siniestra como si fueran barajitas.

Este sujeto, del que ya se recopila un extenso, negro y turbio historial por presuntos actos de corrupción y que en breve saldrán a la luz, se dice influyente, “bien parado” con los altos mandos e intocable por sus jefes. ¿Será o tiene más lengua que cerebro?

Pobre iluso “rambito”, su actitud prepotente, altanera, déspota e intimidante será denunciada ante la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, así como ante la Dirección de Asuntos Internos de la Policía Federal para dejar constancia de sus atropellos.

Su derecho a vigilar el cumplimiento de la ley termina cuando trastoca el derecho a trabajar de los reporteros de todos los medios de información, sean grandes o pequeños, electrónicos, impresos o digitales.

Con su actitud, Orozco Martínez demuestra sus carencias, su falta de preparación, pero sobre todo sus posibles traumas existenciales. Dime de qué presumes y te diré de qué careces, reza el refrán popular y este sujeto de marras se siente un semi Dios empistolado, el más chipocludo de los federales, el todas las puede. Con su proceder una cosa estoy seguro que sí es: escoria.

Dice la misma Constitución en su Artículo 6 que “la manifestación de las ideas no será objeto de ninguna inquisición judicial o administrativa…”, asimismo que “toda persona tiene derecho al libre acceso a información plural y oportuna, así como a buscar, recibir y difundir información e ideas de toda índole por cualquier medio de expresión”.

Pero déjeme le cuento amable y respetable lector, que nos cuentan de algunos jefes policiacos allá por la zona de Gutiérrez Zamora y Tecolutla que han instituido un mercado negro de la información que es pública y a la que todos tienen derecho a acceder.

Pues resulta que estos individuos, de los que en próxima entrega le daré sus cargos, nombres y apellidos, aunque no creo que cambie las cosas en nada porque no conocen la vergüenza, lucran con la información de robos, asaltos, baleados, apuñalados, etc., etc., etc.

Se la “venden”, sí leyó correctamente, la venden al mejor postor, a los periodistas les piden una cuota quincenal, pollos, refrescos y alguno que otro antojo para darles las exclusivas y a quienes no se prestan, los bloquean y les ocultan datos y fotografías.

Aquellos periodistas que sí les llegan al precio, tienen incluso el privilegio de subirse a las patrullas y ser llevados hasta el lugar de los hechos, mientras que a otros no les permiten rebasar el cerco establecido.

El piso no es parejo, los patos le quieren tirar a las escopetas y esos supuestos “jefes” policiacos pretenden orinarse fuera de la bacinica, pero en lugar de mercadear con información deberían cumplir con su trabajo.

No hay peores ciegos que quienes no quieren darse cuenta de las cosas, la zona de Gutiérrez Zamora y Tecolutla está que arde, ya son muchas las ejecuciones en pocas semanas y todo el buen trabajo de los alcaldes se ve opacado por la creciente inseguridad y el derramamiento de sangre que la policía se muestra incompetente para resolver.

Señores policías, ni siquiera la guerra impide el derecho a la información, si acaso la limita, mucho menos lo va a lograr la corrupción. Conste, va mi pluma en prenda y la ley como escudo.

Esta es opinión personal del columnista.