‘Es importante hablar de la autoridad femenina’

Siri Hustvedt, Princesa de Asturias de las Letras, despliega su profundidad en Oviedo junto al premiado de las Artes, Peter Brook

16 octubre 2019 | 13:49 hrs | El País | Ellas


Justo cuando se podía preguntar cualquier cosa, se hizo el silencio. Puede que fuera el miedo a romper el hielo. O quizás había tanto por debatir que nadie sabía por dónde empezar. Porque las novelas y ensayos de Siri Hustvedt, Princesa de Asturias de las Letras, juntan arte, memoria, filosofía, neurociencia y feminismo. Y Peter Brook está “considerado como el mejor director teatral del siglo XX”, según el jurado que le asignó el galardón de las Artes. Casi nada. De ahí que la afonía contagiara a la sala de prensa de Oviedo durante unos segundos. Los dos invitados se rieron, animando a los asistentes. Y el debate se agitó. Se habló de todo: de hombres y mujeres, tablas y literatura, política y humanidad. De fondo, sonaba la vida.

“La esencia del teatro para mí se basa en dos términos: compartido y útil. Cuando alguien se marcha con algo dentro que le conmueve, ha merecido la pena. Es un gran reto”, aseguró Brook. A saber cuántas veces el británico lo habrá conseguido. Con Marat-Sade, El gran inquisidor o la oceánica Mahabharata. Aun así, no se cansa de perseguirlo. Estos días, a sus 94 años, ha estrenado en Oviedo su espectáculo Why.

El arte de Hustvedt también se guía por una ambición. “Crear formas distintas, ya que ninguna puede abarcar toda la condición humana, e incluir en mis obras la complejidad de la vida”, relató a EL PAÍS. La misión de Todo cuanto amé, El mundo deslumbrante o Elegía para un americano también se antoja arriesgada, y más en tiempos de Trump y respuestas facilonas a enredos trascendentales. “Casi siempre, son equivocadas. Un problema en un ámbito concreto no se resolverá a menos de ampliarlo a otros campos”, tercia la estadounidense, de 64 años.

Hay decenas de clases que los dos Princesas de Asturias, que recogerán su reconocimiento el viernes junto con los otros premiados, podrían impartir. Hustvedt señaló que “la idea de que el feminismo no se necesite es un mito que tenemos que combatir” y que “la novela es una de las formas filosóficas más sofisticadas”. Brook calificó el Brexit como el “error político más estúpido de los últimos años” y afirmó: “Conforme das energía, la recibes y sigues transmitiéndola. Es un toma y daca de reciprocidad lo que nos mantiene vivos”. Pero ambos dejaron clara, además, otra lección: la apariencia engaña. Porque este hombrecillo que se mueve hoy con bastón proyecta una sombra colosal sobre las artes escénicas. Y el tono amable y pausado de la narradora nada resta a su ferocidad intelectual. “Es importante hablar de la autoridad femenina. Se denigra y muchos hombres (y a veces alguna mujer) no se sienten bien reconociéndola. Unos cuantos dudan también sobre leer ficción de escritoras”.

Ella lo ha sufrido. Hay quien se empeña todavía en considerarla “la mujer de Paul Auster”, con quien comparte 38 años de matrimonio y, ahora, el haber ganado el Princesa de Asturias. Y Hustvedt sigue afrontando doctores escépticos en sus conferencias sobre neurociencia. Sin embargo, ya tiene antídoto: “Me solía sentir culpable, pero me he hecho más consciente de mi autoría. Y he entendido que a menudo no es un asunto personal, sino cultural”.

La escritora se fía de sí misma. Tanto que comenta con serenidad la polémica sobre el Nobel a Peter Handke: “Desapruebo tremendamente el régimen de Milosevic y sus crímenes, pero si desecháramos a todo escritor del que no compartamos la visión política no quedaría casi nadie. Leer contra ti mismo es una de las mejores experiencias”. Ella lo hace a menudo, en una rutina diaria: madruga, escribe hasta el mediodía y entrega la tarde a todo tipo de lectura. De paso, sobrelleva las migrañas infernales y las sacudidas que su cuerpo a veces le inflige. Hustvedt resiste, como hace ante la presidencia de Trump. Y contraataca: “Que el mundo siempre progrese hacia mejor es otro falso mito”. Por lo menos, están ella y Brook para contarlo.