¿Es el Sistema o son las Personas?

24 abril 2017 | 10:56 hrs | Por Jorge Miguel Ramírez Pérez

Una pregunta obligada es saber si la causa de tantos males de la economía y las evidencias cotidianas de mal gobierno, son culpa del sistema o de las personas que lo dirigen.

Porque para los marxistas ortodoxos, la respuesta invariable era: que el sistema de  desigualdades daba a luz un inevitable espectro de injusticias económicas; que  derivaba en una sujeción atroz de una clase sobre la otra: los empresarios explotando a los sufridos trabajadores, dueños de una paz interior beatífica, que debían ser liberados de sus cadenas, para que otro sistema, el socialista, entrara en vigor haciendo resplandecer el sol de la justicia social.

Para los analistas pragmáticos, normalmente la culpa no es de los sistemas, sino que han señalado a las personas como aptas o incapacitadas para dirigir a la colectividad.

Pero para mí y concretamente en el caso de México, la combinación de un mal sistema con pésimos gobernantes, han generado que todo encalle; no en promontorios insalvables como el iceberg que partió el Titánic, sino en cualquier banco de arena, los resultados de la conducción del buque de la nación han sido funestos. Y uso la metáfora de una nave, porque los griegos así le denominaban tanto al arte de gobernar, como al conducir el timón de un barco.

No hay nadie en el mando y además, no se sabe el rumbo.

Y después de más de doscientos años de México como nación independiente, está todavía como en el comienzo; sin proyecto económico, político y menos social para enfrentar los retos que se presentan.

Repitiendo el esquema colonial, buscar que alguien le diga hacia adonde y  que además lo pueda  sacar de los atolladeros, que aparentemente lo llevan a donde no quiere. Porque aunque no se sabe que se quiere; si hay discrepancias, pero las hay, de lo que no se quiere.

Y como el centro de la polémica de lo que puede venir y no se quiere, se materializa en un desbocado demagogo: López Obrador; por el otro, el rechazo a los partidos y al sistema político es tan grande, que a partir de que ya no se quiere, que siga esta terrible plaga, que tiene sumido a México en una corrupción vergonzosa, De tanto no querer eso, hasta quieren, lo que los otros no quieren: a López Obrador.

Porque no es que quieran a López Obrador, sino que la desesperación de no encontrar salidas; la única que muchos ven, es la salida fatal: el suicidio político. Con tanto cáncer invadido, lo mejor que se les ocurre es la eutanasia.

Porque los que no quieren que llegue el mentiroso de Macuspana, el que dice doblará pensiones y  salarios; rifará casas para todos y gasolina gratis. Están atenidos a que los salve Trump y sus huestes. Muy orondos, se transmutan en analistas geopolíticos y sentencian: “Estados Unidos no lo va a permitir” y descansa su alma, que siempre se concibe esclavizada y anticuadamente femenina: un jinete vengador me salvará aunque me ponga grilletes.

Si Kelly dijo que un izquierdoso no es lo mejor; festinan todos, se les olvida que no querían a nadie del trmpismo y hacen la “excepción” incongruente. Son los que han dicho de manera acobardada. “mejor los ingleses nos hubieran conquistado”.

Los otros ya no aguantan la hiperinflación galopante que ningún gobernante ve; y que ninguno de los comentaristas económicos, para quienes todo lo que aplasta demoledoramente a los habitantes, tiene una explicación en la lógica de minimizar las circunstancias. Prefieren entregarse al Peje, es lo menos que pueden esperar; porque han de pensar si vamos a hundirnos, que sea de golpe.

México estancado desde 1976. No tiene perspectivas. Su pecado además de irresponsabilidad colectiva, la que afirma los trillados: “a mi no me gusta la política”, “me da asco”, “y no me importa”, además padece de dos planos negros: uno el sistémico y otro, el de liderazgos.

Porque el sistema no se consolidó se quedó a la mitad; no transitó a plenitud hacia un sistema democrático que trastocara: los privilegios de los sindicatos, la opacidad del gasto público, la arbitrariedad de acrecentar las burocracias, suavizar con enredos la corrupción hasta con nuevos sistemas penales, los gastos inútiles en las elecciones,  los subsidios a partidos y a organizaciones clientelares y  el mantener en secrecía la explotación de los recursos de los mexicanos; entre otros vicios enquistados.

Bien decía la Tatcher, que hay que desechar la mala costumbre de asumir que los recursos públicos, son de un público anónimo, sin cara y vulnerable; al que se le puede robar en abierto; y no la idea verdadera, que no son recursos p incongruente trompismo olvida que no quero enden las distintas ideas, y no solo los que se van con la propia fragmentada visiurúblicos en ese sentido, sino son recursos de los contribuyentes, que se ven asaltados ante la ineficacia de los sistemas y las burradas de los que gobiernan.

*Esta es opinión personal del columnista