eracruz terror e intolerancia

12 octubre 2017 | 18:08 hrs | Carlos Jesús Rodríguez

NO DEFENDEMOS a Javier Duarte de Ochoa. No tenemos ni motivos ni ganas de hacerlo, y compartimos la visión de infinidad de veracruzanos: fue un lastre para Veracruz, un sujeto detestable, saqueador, mentiroso y corrupto que jamás debió gobernar al Estado. Eso nos queda claro, pero no por ello desperdiciamos el tiempo, un día sí y otro, también, con la misma cantaleta que ya hastía, cuando hay cosas más importantes en qué pensar, cuando se tiene un Estado agobiado por lluvias e inundaciones, inseguridad, pobreza, marginación, enfermedades comunes que siguen cobrando vida entre la población indígena y marginada, levantados y ejecutados a diario, robos a comercios y casas habitación, violencia contra la mujer y los niños, y un sinnúmero de conflictos que no son atendidos porque, tal parece que el tema Duarte se ha convertido en obsesión de los gobernantes, en justificación para yerros personales o en mecanismos que venden en víspera de elecciones. Pero la sociedad se cansa. No hay resultados en Veracruz a pesar del compromiso de que en seis meses los veracruzanos recobrarían la tranquilidad, se acabaría la inseguridad y todos los delincuentes estarían en la cárcel, compromiso que deja mucho que desear considerando que la Entidad registra diariamente entre 8 y 13 ejecuciones –y no todos son entre malos o por andar en malos pasos, que se ha convertido en otra justificación-, y un sinnúmero de actos delincuenciales que agobian a los gobernados, al comercio, a la industria y a todos los sectores productivos, incluido el turismo.

Y LAS cifras no mienten ni son producto de estar “moliendo” al mandatario Estatal. Lo dice el empresario y dirigente de los hoteleros xalapeños, Reynaldo Quirarte Mora: “los hoteles de Xalapa enfrentan una crisis de proporciones catastróficas; la ocupación hotelera reportó su nivel, históricamente, más bajo el mes de Septiembre con un promedio de apenas 5 por ciento”, y esto no es por los sismos ni las lluvias, es por la percepción de inseguridad agravada por tanto ejecutado, levantado o, incluso, desmembrados cuyos restos son dejados a plena luz del día en el centro de esta capital, en lugares tan concurridos y transitados como el parque Ensueño. La gente tiene miedo y los medios de comunicación no podemos ser cómplices de la indolencia oficial, porque lo estaríamos siendo, al mismo tiempo, de la delincuencia al ocultar lo que está ocurriendo. Son robos, asaltos violentos, autos hurtados con y sin violencia, asesinatos que para el Gobierno del Estado tienen una respuesta simplista: “son producto de lo que nos dejaron los que se fueron”, pero ya pasaron 10 meses y 12 días, y las cosas lejos de componerse tienden a enturbiarse. Peor aún, el Gobernador, que sabía cómo estaban las cosas, prometió que en seis meses le devolvería la seguridad y tranquilidad a los veracruzanos porque él “si sabía cómo hacerlo”, y lejos de ello, la policía sigue siendo usada en desalojos violentos como aquel primero a principios de Diciembre, cuando ordenó la detención de la lideresa de la Alianza Revolucionaria Constitucional, Topacio Citlali Hernández Ramírez, dizque por alterar el orden público y extorsionar a conductores tras bloquear la carretera federal Xalapa-Veracruz, a la altura de las oficinas de la Secretaría de Educación, en demanda de plazas para docentes, o más recientemente la agresión contra pobladores de Coxquihui que exigían médicos, medicinas e instrumental clínico para atender a niños afectados por una extraña enfermedad que costó la vida de dos, mientras que otros 11 permanecen hospitalizados, lo que le ha valido denuncias ante la Comisión Nacional de los Derechos Humanos debido a la arbitrariedad cometida por granaderos contra indígenas, ya que en la Estatal nadie cree.

Y ASI, mientras la policía es usada contra la sociedad que protesta y demanda, las  ejecuciones de jóvenes, taxistas, líderes obreros, campesinos y los secuestros de gente notable, médicos, profesores, amas de casa, comerciantes o empresarias/os –entre otros- están a la orden del día, y la hotelería, incluso en la zona conurbada se desploma, y lo curioso es que cuando la crítica se acrecienta , el Gobernador recurre a su tema preferido: Javier Duarte el pillo, el saqueador, el inhumano y corrupto, algo que ya conocemos de sobra, como también sabemos que no todos los duartistas han sido perseguidos, e incluso a algunos se les protege como a los ex oficiales mayores de la SEV, Edgar Spinoso Carrera y Vicente Benítez –uno por devolver parte de lo saqueado y otro por declararse panista-; Erick Lagos, Jorge Carvallo, Juan Manuel del Castillo, Gabriel de Antes que, aunque procesado está libre, y muchos, muchísimos más a quienes “extrañamente” Yunes Linares ha perdonado, incluido el ex contralor Ricardo García Guzmán a quien calificó en campaña de ser “tapadera de Duarte” y ahora hasta le organiza las conferencias precampañeras al hijo que aspira a la gubernatura en el 2018.

PERO NO son, únicamente, hoteleros los que se quejan de la crisis provocada por la inseguridad. Transportistas aseguran que en los primeros 9 meses del año el robo a camiones que transportan mercancías se disparó 129.41 por ciento en carreteras de Veracruz, escalada que coincide con las cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), que revela que entre Enero y Agosto en los Ministerios Públicos de la Entidad han sido abiertas 39 denuncias por ese delito, 22 más que el mismo periodo del año pasado (cuando gobernaba esa obsesión llamada Duarte) que cerró con 17 querellas. Por ello la Cámara Nacional del Autotransporte de Carga considera a este año como el más violento de los últimos 20 para el transporte de carga en Veracruz pero, el problema no es tan simple, pues según el consejero nacional de la Canacar, Enrique Rustrián Portilla, los delincuentes no sólo han causado pérdidas millonarias en mercancía sino que en algunos casis los choferes han sido asesinados.

HABLAR DE constructores que, según la Asociación de Profesionales de la Industria de la Construcción, se han visto precisados a cerrar por lo menos 20 empresas por falta de obras –ya que las escasas las están entregando a foráneos-, es cuento aparte. Veracruz vive una gran crisis, y no todo es culpa de Javier Duarte. Han pasado 11 meses de este Gobierno y no se ve ninguna acción positiva –y aclaramos, porque suele ser otra salida: ni demandamos convenios, ni “chayotes” ni acuerdos subrepticios-, y los veracruzanos comienzan a cansarse de la misma cantaleta: “barrer para atrás”, cuando fue iniciativa propia acabar con la inseguridad en seis meses y darle rumbo a Veracruz en un tiempo similar. “Ya chole” con el mismo cuento. Hay que ponerse a trabajar y dejar de hacer precampaña con la misma novela. OPINA carjesus30@hotmail.com

*Esta es opinión personal del columnista