Entre el miedo y el oportunismo

15 junio 2018 | 12:14 hrs |

Por Roberto Valerde García

 

¿Honesta? sí, ¿preparada? sí, ¿impuesta? sí, ¿oportunista? sí, ¿perdedora? sí, ¿soberbia? también, ¿engreída? demasiado…..y la lista podría ser mucho más extensa, son más los defectos que las cualidades de la abanderada de Morena a la diputación local por el V distrito con cabecera en Poza Rica, Adriana Paola Linares Capitanachi.

Se dice abogada, pero desconoce la ley y tiene miedo de todo y para todo. Para mover el pie derecho, le pide permiso al izquierdo y su campaña de plano no levanta, sin embargo, le apuesta a ese gran tsunami llamado Andrés Manuel López Obrador que el próximo 1 de julio como una ola gigantesca amenaza cubrir con votos morenos el territorio nacional.

Adriana lleva tatuado el estigma de la derrota, ya fue candidata pero perdió por una diferencia de más de siete mil votos y aunque en esta ocasión podría, se insiste, podría ganar, ella misma tiene claro que no sería por que abandere las mejores propuesta, mucho menos por tener listas buenas iniciativas de ley para llevarlas al Congreso local, es decir, estamos frente a un caso de oportunismo descarado donde “la esperanza” es cachar “votos cascada” que le den la victoria.

Y es que guste o disguste, nos caiga bien o no, Linares Capitanachi al parecer no tiene criterio propio, mucho menos propuestas, de ahí que su “campaña” consiste en repetir como loro el proyecto de nación de López Obrador. Pero una cosa es la campaña presidencial y otra muy diferente la campaña a la diputación local.

Pero si usted, amable lector, tiene alguna duda, los hechos hablan por sí solos. Seguramente usted ya lo sabe, no obstante debo comentarle que la abogada, candidata al Congreso del estado, es la única que ya declaró y confirmó ante el OPLE que no participará en el debate de candidatos a realizarse el próximo 17 del mes en curso.

¿Por qué?, ¿cuál el miedo?, simple, no exponerse a que le saquen trapitos sucios al sol, menos a que le formulen alguna pregunta incómoda que no pueda o no sepa responder y a que su ineptitud pueda quedar al descubierto. Por el contrario, ya levantaron la mano y confirmaron su presencia puntual al debate: el ex alcalde de Coatzintla, César Ulises García Vázquez, candidato de la alianza del PAN-PRD-MC; el profe Gaudencio Hernández Burgos, candidato del PRI y del Verde Ecologista de México y Alberto Vargas Rico (a) Chiquilín, abanderado del Partido Nueva Alianza (PANAL).

Para el Organismo Público Local Electoral (OPLE), “se entiende por debate, al mecanismo efectivo para la exposición y confrontación de las propuestas ideológicas y políticas, así como de las plataformas electorales de las candidatas y candidatos que contienden por el mismo cargo de elección popular, durante el periodo de campañas teniendo como objeto favorecer el ejercicio del derecho a la información de la ciudadanía y conocer a los candidatos y las candidatas, indispensable para la emisión del voto libre y razonado”.

Es decir, la candidata de Morena al negarse a debatir no le falta a los otros candidatos, tampoco al Ople; no, queda mal, con los electores, ofende con su desplante de diva a los ciudadanos que tienen el derecho de escuchar sus propuestas, de saber qué propone, por qué merece su confianza y su voto, un derecho que Linares Capitanachi, por sus pistolas, su soberbia y su arrogancia, viola, les niega a las y los electores la oportunidad de escucharla, de ponerla bajo la lupa y tomar una decisión. Así es ella, ¡antes muerta que sencilla!

Así pues con la candidata cuyo mundillo se cierne a un breve espacios entre el miedo y el oportunismo. Analice amable lector si alguien que no da la cara es de fiar, si quien rehuye de los medios para que todos la conozcan merece su voto y después de meditarlo, usted dirá.

Esta es opinión personal del columnista.