Enemigos de la universidad

10 febrero 2016 | 16:42 hrs | | Rafael Arias Hernández

#Todos somos UV.

No, los peores enemigos de la Universidad, o de la educación superior pública  y gratuita no son  ignorancia, enajenación e intolerancia; ni los radicales de derecha o izquierda, reaccionarios o libertadores, conservadores y “persignados”; tampoco, los  son los presuntuosos elitistas y excluyentes, que se sienten “elegidos”, selectos y privilegiados.

A propósito de lo que se vive. Permítaseme por esta vez, no hablar de cifras y estadísticas, situación y consecuencias económicas y administrativas. No se necesita ser experto en finanzas o educación superior; ni especialista en organización, estructura y funciones organizacionales.

Por ahora, permítaseme simplemente breves reflexiones,  sobre  algunas razones y derechos, actitudes y costumbres conocidas y padecidas.

Los peores enemigos de la Universidad, son los simuladores que dicen respetarla y la agreden y denigran; los que  dicen defenderla y la atacan y  debilitan. Los que hablan de apoyar y acaban por socavar. Todo para aprovechar o sacar ventaja de acuerdo a sus muy particulares intereses  políticos, económicos o sociales. Incluyo adictos a  foto, reflectores, boletín  y  declaraciones llenas de promesas incumplidas.

Esos que aseguran ser comprensivos, eficientes y congruentes en el desempeño de  cargos públicos que se les han confiado. Cuando en la realidad real, los hechos demuestran el tamaño del daño de su ineptitud e irresponsabilidad, de su mediocridad o perversidad.

Los mismos que, como ya es del dominio público,  juran y perjuran supuesta obediencia y lealtad sin límites al “jefe”, para protegerse y  refugiarse en la ineficiencia y la delincuencia gubernamental, de la mala y peor administración, así como del mal gobierno.

Para hacer y deshacer, para sacar provecho y ventaja. Ocasionando situaciones conflictivas perjudiciales a la sociedad  para que, a fin de cuentas,  ellos y otros, compliquen aún más los problemas, beneficiándose  de ello, sobre todo subordinados o empleados,  caracterizados por una carrera convenenciera o por simple disposición oportunista de servilismo, abyección y perversidad.

Amos y concesionarios de la “licuadora presupuestal”,  que no dudan en afectar lo que es de todos, disponer del bien común, manipular la ley,  hacer, revolver y deshacer  presupuestos, así como condicionar, ordeñar, disminuir y desaparecer asignaciones, aportaciones, subsidios y apoyos anunciados y aprobados, conforme a derecho y a prioridades y necesidades sociales.

La Universidad pública desde siempre ha tenido enemigos, oponentes y saboteadores. Unos y otros han argumentado diversas razones para atacarla y denigrarla, desaprobarla y debilitarla, estancarla y hasta desaparecerla.

Desde esta perspectiva no es difícil encontrar que, en el fondo la mayoría, por no decir todos, en el fondo han tenido y tienen un denominador común para atacarla y debilitarla, mismo que está vinculado al interés económico que defienden y representan.

Esta es y ha sido siempre, en última instancia, una de las principales razones de la lucha por y contra la Universidad, junto a motivaciones ideológicas, religiosas o políticas de dominación y control; tanto del saber y su puesta en práctica, como de exaltación, organización y movilización social.

En su caso, forma y estructura de barbarie, vinculada sobre todo, con el seguimiento y  control  de la información y del conocimiento, de su teoría y aplicación, de ciencia y tecnología, así como orientada a bloquear e impedir el desarrollo de habilidades y capacidades de la población.

Y también, lucha de apropiación, de la fuente de servicios y  nicho de mercado que representa. Común para algunos beneficiarse o sacar ventaja de su irresponsable  comercialización; o como siempre, en otros campos económicos, políticos y sociales, simplemente aprovecharse de la ignorancia y deformación del conocimiento.

A todo esto. Últimamente, habría que agregar las innumerables ventajas y beneficios que resultan para algunos, el manejar y disponer discrecional y libremente,  de instituciones y recursos gubernamentales; del uso y abuso del presupuesto oficial, para favorecer o perjudicar a conveniencia.

A estos, concretamente en los gobiernos, hay que hacer responsables de  inconformidad  y  descontento social, ocasionados  y agravados, tanto por la falta de oportunidades, como el limitado acceso a las Universidades y la educación pública, gratuita y de calidad. Inconformidad y descontento  que se intensifican y complican con más limitaciones y sacrificios sociales.

Son ellos, dignas excepciones aparte,  amos y señores de la burocracia, tanto irresponsables y demagogos, como oportunistas y convenencieros. Ineficientes e intocables, responsables  o causantes del nacimiento y crecimiento de la desobediencia y la resistencia civil.

No solo por falta de atención y solución pertinente y oportuna, sino también por la arbitrariedad y abuso, al cancelar o limitar valiosas oportunidades existentes, mismas que se reducen o desaparecen por falta de  entrega, en cantidad y a tiempo, de los recursos aprobados y presupuestados; o que se encarecen y comprimen por la falta de apoyo institucional que se manipula, condiciona o reduce arbitrariamente.

Por fortuna, muchos de los enemigos de la Universidad son identificados, enfrentados y combatidos,  por otros y otras que tienen presente la conciencia, responsabilidad y valor de defender,  lo que es de todos los presentes y de las generaciones futuras.

Ellos y ellas están al “pie del cañón”, en la defensa activa y en la lucha permanente por el bien común, el interés social. Pocos y contados, pero responsables y solidarios, no pueden ni van a estar solos en la defensa de la Universidad y la educación superior pública y gratuita.

Justo es decir que tanto enemigos, como defensores no son todos, ni siquiera los más.

En contraste, preocupa que muchos, la inmensa mayoría no reaccionamos ante  despojos y  pérdidas, ocasionados por la impune ineficiencia y delincuencia gubernamental.

Demasiados. No asumimos oportuna y plenamente nuestras responsabilidades y, consecuentemente, las situaciones se agravan y complican, aumentando limitaciones y sacrificios sociales. Desinterés,  pasividad y silencio apoyan y fortalecen a enemigos de la Universidad y del Estado de Bienestar.

Hay que alertar y avisar, recordar y sensibilizar para que cada quien haga lo que considere debe hacer.

Por cierto. Increíble. Por años cobraron y ahora resulta que no aparecen más de 2 mil aviadores en la Secretaria de Educación en Veracruz. Como “el monje loco, nadie supo, nadie sabe y nadie sabrá”.
*AcademicoIIESESUV@RafaelAriasH.Facebook:VeracruzHoydeRafaelAriasHdez