En lomas taurinas

22 marzo 2016 | 13:21 hrs |

*De Ortega y Gasset. ‚ÄėEl mayor crimen est√° ahora, no en los que matan, sino en los que no matan pero dejan matar‚Äô.

Camelot

EN LOMAS TAURINAS

 

Todos recordamos d√≥nde est√°bamos aquel funesto 23 de marzo, el negro d√≠a que liquidaron al candidato Luis Donaldo Colosio. Aquel ¬†23 de marzo de 1994 a las 5:12 de la tarde, hora del Pac√≠fico, 7:12 hora de la Ciudad de M√©xico. En d√≥nde est√°bamos y qu√© hac√≠amos. Igual de otra fecha, el 22 de noviembre de 1963, cuando liquidaron al presidente John F. Kennedy. En una emboscada similar, con las fuerzas desde adentro operando contra su candidato y su presidente. A Kennedy como a Colosio lo mataron fuerzas internas. De aquel episodio de Lomas Taurinas a√ļn sobreviven algunos personajes, muchos de ellos a los cuales recay√≥ la sospecha de que algo sab√≠an. Pepe C√≥rdoba Montoya, Ra√ļl Salinas, Manlio Fabio Beltrones, Emilio Gamboa, Juan Maldonado Pereda, que subi√≥ con la seguridad el cuerpo ensangrentado del candidato casi muerto, al ser Delegado del PRI en ese estado,¬† y el mism√≠simo Carlos Salinas de Gortari. Otros murieron, como el hombre leyenda, Fernando Guti√©rrez Barrios, Arturo Acosta Chaparro y varios personajes m√°s, como Manuel Camacho Sol√≠s, que pudo ser y no fue. Nunca se lleg√≥ a aclarar bien el m√≥vil. Es cierto que Mario Aburto est√° en la c√°rcel, pero tambi√©n es cierto que el 99 por ciento de los y las mexicanas jam√°s creyeron esa hip√≥tesis del asesino solitario. Cuento esto porque es el aniversario, y los pri√≠stas ir√°n a la cabeza de Colosio, fija cerca de Reforma, y los presidentes de algo llamado Fundaci√≥n Colosio, ese d√≠a se pondr√°n mo√Īo negro y con cara compungida dar√°n su discurso de aquel que ve√≠a un M√©xico con hambre y sed de justicia, que a√ļn la tiene, el hambre y la justicia. Cierto d√≠a que no recuerdo de que a√Īo, pocos despu√©s de su muerte en Tijuana, en el aeropuerto esperaba un vuelo que, hab√≠an dicho, se retrasar√≠a por tres horas. Enterado que Lomas Taurinas estaba cerca, alquil√© un taxi y me fui a conocer el sitio donde lo liquidaron. Me acompa√Ī√≥ un amigo, Walid Zairick Salom√≥n, ya que ven√≠amos de una tour de San Diego, California. Llegamos a ese sitio que se volvi√≥ inmortal de la maldad, salado como Dallas, Texas, un lugar llamado as√≠ por el homenaje a toreros, cuyas calles honran sus trayectorias taurinas. Era un sitio pobre, de bajo mundo, quienes metieron ah√≠ a Colosio se dieron cuenta despu√©s que era el sitio indicado para una emboscada, con profundidad descendente, terregosa en ese entonces, sin salidas de escape, como en los cines o en cualquier lugar.

 

LA SEGURIDAD

 

El jefe de seguridad, Domiro Garc√≠a Reyes, a quien la leyenda popular llam√≥ tiempo despu√©s ‚ÄėDormido‚Äô Garc√≠a, un general brigadier, ¬†ni se enter√≥ cuando el killer dispar√≥ dos veces, √©l o los killers. Voy a los relatos de aquel d√≠a: ‚ÄėLomas Taurinas transpira pobreza. Hay un arroyo, drenaje abierto, calles sin pavimento. Casas precarias en laderas empinadas, reforzadas con llantas. Cruza el candidato el puente de tablas. Camina pendiente arriba en un piso de arena gruesa, resbaladizo. Va en una marea humana. Cientos aprietan a cientos de personas. Nadie controla nada. En el disimulo hay armas cortas y largas, agentes y polic√≠as, que saldr√°n en el caos que sigue. Suena ‚ÄėLa culebra‚Äô: ‚ÄėCuidao con la Culebra que te muerde los pies‚Äô. Unas 3 mil personas ruidosas se apretujan muy duro. Son fans. Van por Colosio. ‚ÄúAguanta, aguanta‚ÄĚ, ha dicho muchas veces a quienes sugieren ir por lo seguro. Esta tarde, qu√© dif√≠cil es avanzar dentro de esa masa humana que aleja a Germ√°n Castillo, desplaza a Domiro. Es una pesadilla en unos segundos. Ah√≠ est√° en la cuerda floja de la vida y sin protecci√≥n, el hombre que va a gobernar M√©xico. Pero qu√© lejos est√° la camioneta de salida del infierno, rodeada por unos 40 hombres fuertes y desconocidos. A las 17:12 horas de ese 22 de marzo, una mano se alza con un rev√≥lver Taurus 38. Su ca√Ī√≥n pega en la cabeza de Luis Donaldo Colosio y vomita la muerte‚Äô. Fin del relato.

El taxista llega y me deja al pie de la estatua, que pusieron en su honor y en remembranza de aquel crimen. En una base de cemento, alta, el candidato en tama√Īo natural, con el brazo izquierdo como saludando. Al pie de esa base, su nombre. Luis Donaldo Colosio Murrieta. La Plaza de la Unidad y la Esperanza, le llamaron. ¬ŅCu√°l unidad? ¬ŅCu√°l esperanza? Tiempos inciertos de un M√©xico que se fue. Me tomo la foto. La historia a mi lado. As√≠ lo hice en el Cementerio de Arlington, cuando visit√© la tumba de los hermanos Kennedy: JFK y Bobby. Ya la pendiente est√° pavimentada. Con cemento, para cubrir la sangre. Cuentan los maledicentes que lo hicieron para borrar todas las huellas que pudieran quedar. No lo creo. Fue un caso muy estudiado, se escribieron muchos libros, aparecieron varios fiscales y hasta pel√≠culas existen, una ah√≠ anda ahora por Netflix, de su complot, de su atentado, de su muerte, de las teor√≠as, de aquellos varios Aburto que aparecieron, de los que fueron liquidando en un taller, uno que era casi su doble, del que detuvieron que era del Cisen, tambi√©n muy parecido a Mario Aburto. Entre m√°s teor√≠as haya y m√°s sospechas se descubran, menos se encuentra la verdad, menos, las mismas sospechas tapan como velos esas situaciones. Aun sobrevive aquella barda que no han querido borrar, con los tres colores en horizontal, tipo bandera, y la palabra Colosio, enmarcada.

Y aunque uno era poeta y el otro pol√≠tico, se asemeja el crimen al de aquel poema de Antonio Machado a Federico Garc√≠a Lorca: ‚ÄėSe le vio, caminando entre fusiles, por una calle larga, salir al campo fr√≠o, a√ļn con estrellas de la madrugada.¬† Mataron a Federico, cuando la luz asomaba.¬† El pelot√≥n de verdugos, no os√≥ mirarle la cara. Todos cerraron los ojos; rezaron: ¬°ni Dios te salva!. Muerto cay√≥ Federico ‚ÄĒsangre en la frente y plomo en las entra√Īas‚ÄĒ¬† … Que fue en Granada el crimen sabed ‚ÄĒ¬°pobre Granada!‚ÄĒ, en su Granada‚Äô.

¬°Pobre Lomas Taurinas!

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