En la bella Xalapa

1 marzo 2018 | 9:50 hrs |

Por Gilberto Haaz Diez

 

Es inútil volver sobre lo que ha sido y ya no es.
Camelot.

Termina el febrero loco, pero también inicia marzo, otro poco. Martes en Xalapa. Bella ciudad donde se asienta el poder del gobierno. Donde existe la prestigiada Universidad Veracruzana (UV), donde también, decía el gobernador Acosta Lagunes, a Xalapa sólo se iba de estudiante o de gobernador, y algunos vamos a otras cosas, no precisamente a ninguna de esas dos causas, algunas veces a la CEAPP (Comisión de Periodistas). Donde a la entrada a la ciudad se ve el poderío y los atascos de tanto vehículo, la avenida Ávila Camacho. Hace cosa de nada, el pelón Dante Delgado Rannauro, dueño de Movimiento Ciudadano, decía que una de las canciones que más le gustaban era, Noche de luna en Xalapa, noche que huele a jazmín. Xalapa huele a todo. Huele a poder. Huele a un alcalde de Morena que tiene su centro histórico descuidado, sucio, cochino, marrano, como dice su patrón, “El Peje”. Caminé la afamada Calle Lucio, donde en mis tiempos jóvenes, cuando mi padre me llevaba a ver a sus padres, los abuelos en la calle de Juárez, frente a la Prepa, a unos pasos veía la tienda El Famoso 17, y adelante luego se plantó el primer Chedraui, una cadena ejemplar y de gran crecimiento, veracruzana, de los empresarios hermanos Alfredo y Antonio Chedraui Obeso, cuyos hijos ahora toman el estandarte del relevo. Alfredo, conocido entre la paisanada como Buco, es un gran amigo personal de Miguel Ángel Yunes Linares, han paseado por los 7 mares en los yates que recorren las aguas mundiales, las del Mediterráneo y las que se puedan. Y las que se les antojen. Ahora que Yunes se va, en enero, quizá descanse y se trepe a la mar, marinero a la mar, sale, sale a navegar, diría la canción, irá solo una semana, no más. La Calle Lucio está descuidada, tienen sus banquetas tremendos agujeros, como si hubieran extraído petróleo, ponen en peligro el caminar de las mujeres, por las zapatillas. Hipólito dice que Américo así se la dejó, toda jodida, grita a los cuatro vientos que lo dejó sin recursos, pero eso con 500 pesos se arregla, o hasta con menos, cinco, diría Peña Nieto. O sea, que si le entró a la alcaldía cuide su ciudad, sino que ponga al suplente. Bajando esa calle que desemboca a Enríquez, en el techo de palacio de gobierno, un palacio sin bandera por cierto, se le olvidó al que debía izarla, hay un aparato como un Ovni a punto de despegar, algunos piensan que es el C78, más grande que el C-4 y mejor que el 0-39, que Mike Laure decía que era ‘el que se la llevó’. De espionaje, pues. Aunque no se sabe.

CON EL BUEN PACO MARTÍNEZ
Comí en el Casino Español con un grupo de amigos en la calle Zamora, junto al viejo Cine Radio. A ese grupo de ‘cada quien paga lo suyo’, invité al gran Comunicador, Francisco Martínez, que en Telever Veracruz chambeó durante 26 años y dejó una huella indeleble, diría un clásico, en la forma de dar noticias y hacer amigos. En esa mesa, que no era del Bohemio, se habló de la detención del comunicador de las estrellas, ahora en el retiro, Rogerio Pano. De cómo de palomita lo treparon a una batea de una pick up, para exhibirlo, porque ya lo habían soltado y vino la contraorden, de volver a detenerlo y salió con fianza fijada. Cosas de ese Veracruz nuestro. A Paco hacía rato no le veía. Un día coincidimos en Roma, junto al Padre Alejandro Melchor, en ese sitio donde sigue habiendo dos Papas, como en España hay dos Reyes, el fijo y el emérito. Cubríamos para nuestros medios, él Televisa-Veracruz, y quien esto escribe, Crónica Tierra Blanca y XEJF Radio, la asunción de Santo a Rafael Guízar y Valencia. Por las tardes, cuando la chamba terminaba con Paco y el Padre Alejandro, de la orizabeña parroquia de San Juan de Dios, un Cura que allí estudió y habla latín y el italiano como su segundo idioma, nos sirvió de guía espiritual y buen comensal, pues nos llevó al Trastévere, ese barrio italiano ubicado en el décimo tercer barrio del centro histórico de Roma, en la ribera oeste del rio Tíber, al sur de la Ciudad del Vaticano. Su nombre viene del latín trans Tiberis, “Tras [el] Tíber”, donde se comen unas pizzas riquísimas y muy delgaditas. De eso nos acordamos ahora, el buen Paco y quien esto escribe. Luego, estando en los postres y cafés, el grupo de amigos hicimos una encuesta balín y bicicletera, no de las de Mitofsky, donde cada uno de nosotros apuntó por quién votaría, en la nacional y en la veracruzana, historia que pronto les cuento.

CON DOÑA ANA ROSA
Temprano, ahora no lo hice en el Manantial de Cardel, pasé por el libramiento-desviación, que Yunes Linares y Rementería han terminado, ya se libra la ciudad sin broncas, con buen pavimento. Existe un modesto desayunadero-fonda en la calle Orizaba, cerca de Bomberos, hay dos personas, doña Ana Rosa y su esposo, Walfredo, en su fonda La Casita, donde ella hace los huevos revueltos a la mexicana más sabrosos de la tierra. Ha viajado por el mundo, porque la compañía Omnilife del Chiva Vergara, cada año pasea a sus vendedores. Aquí muestra sus productos mientras atiende en su modesto restaurante de 9 a 6 de la tarde, y de eso viven, ella de 77 años y el de 82. Un orgullo de veracruzanos verlos en el trabajo constante. Ejemplo para muchos. Platicamos un ratito mientras desayunaba. Ella cocina y él hace el mandado. Buena pareja. Que Dios los cuide.

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Esta es opinión personal del columnista.