En la aldea

23 agosto 2017 | 7:40 hrs | Gilberto Haaz Diez

*Nada como el regreso a casa. Camelot.

Como cantara Yuri, con el apagón que cosas suceden. Sucede que la noche de anoche, como a Bartlett en un tiempo, el sistema se cayó, y Telmex y Telcel se pusieron a parir chayotes y nos dejaron en la oscuridad, la que nunca llegó con el Eclipse. Muchos pensábamos que aquí íbamos a quedarnos en la oscuridad. Qué va. Había más sol y calor que nunca, solo en parte de EEUU se vio ese fenómeno a plenitud. Y creo que los rayos solares y lo que haya enviado le dolió a las comunicaciones de Slim y duro, a desconectarse. AT&T presumió que a ellos nada les pasó. Lo bueno fue que quedó SKY, porque Netflix y Roku y todas las señales que se generan por Internet, ni sus luces. En la aldea suceden cosas, JDO, el exgobernador y preso más famoso de la nación, envió otra carta culpando a Yunes de todos sus males. Usted es el culpable, de todas mis angustias y todos mis quebrantos. Carta que le envía a Ciro Gómez Leyva y que las redes sociales propagaron cuando al Dictador (Yunes) le asesta sus llegues. Historia que ahí seguirá mientras pierde 4 kilos de los 118 que pesaba, en una huelga de hambre que huele a dieta. El secretario del socavón, el cínico Gerardo Ruiz Esparza, sobreviviente de Peña Nieto, con su cinismo de siempre comparece ante los senadores, cuando debía estar cesado y en su casa cuidando a sus nietos. Pero en este país no pasa nada. Lo regañan, Morena y PT le exigen su renuncia, pero nada pasará, con su copete engomado, como su jefe, el cínico miente y México le aguanta sus mentiras. El gobernador Graco ya le dijo que él era el único culpable. Y que se vaya. Pero aquí no pasa nada.   

 LA BICICLETA DE LA MUERTE

 Conocí la historia y como tal la cuento. Está allí fija desde hace algunos años. No es una leyenda urbana, fue un caso real. En la esquina de la calle de Mc Allen, Col. Rowle Blvd, una muy transitada y que bifurcan a tres caminos, a unos pasos del hotel Doubletree, y muy cerca de la autopista, está allí encadenada, con cadena y candado para que nadie se la lleve, una bicicleta pintada toda en blanco, atada a un viejo roble o un viejo árbol, con flores artificiales entre los rines y en el asiento y manubrio, llena de flores en homenaje a alguien, hombre o mujer, que allí fue embestida por un auto o camión, cuando cruzaba esa arteria. Cuando se supo la noticia, la gente que ama al ciclismo se dio a la tarea de poner, ignoro si la misma bicicleta, o una diferente, un símbolo que dio muerte pero también da vida, en homenaje a todos los ciclistas que arriesgan su vida cuando andan en ellas. Es bicicleta de hombre, la de mujer no suele llevar un tubo entre las piernas. El asiento está desgastado, quien fue muerta o muerto en ese crucero, vive en esa bicicleta. Cada que paso suelo persignarme, como cuando se pasa a una tumba de alguien conocido. La bicicleta da a entender que la vida sigue, aunque la muerte se atraviese. Llama la atención de los paseantes y los turistas y pregunté por dónde pude y a ese resultado llegué. Homenaje a alguien caído en ese medio de transporte que fue inventado en 1839 por un escocés, y que sirve no solo para ir al trabajo o a algún lado recreativo, sobre todo en Europa, sirve para medir la velocidad y competir, como en la Tour de Francia, donde año con año van los más veloces y los más fuertes. La bicicleta es llamada de diferentes formas, en algunos lados Bici, en mi pueblo, Bicua, en otros lados, Cicla, Birula y Cleta. La muerte llegó a esa esquina, no sé cuándo, pero sé que la gente la mantiene en orden y cuando algo falla van y lo pegan, o van y la pintan. Seguro desde el cielo, o dónde esté, quien en ella murió, allí vive. En esa esquina donde fue embestida.

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*Esta es opinión personal del columnista