En casa (día VIII)

28 octubre 2017 | 9:40 hrs |

Por Gilberto Haaz Diez

 

*Puede ser que tengas el reloj, pero nosotros tenemos el tiempo.
Camelot

Podría titularse de Madrid a Veracruz. Viernes de partida, cuando en esa madrugada el Congreso Catalán de Puigdemont (Pokemon) declara su Independencia y los mariachis callaron. ¿Qué sigue?, se preguntaban los analistas españoles. Lo que debe seguir es que ahora mismo el otro Congreso, el de España, decrete la aplicación del Artículo 155 y cese y destituya al Gabinete y detenga y dé cárcel a los que ellos llaman revoltosos. Rajoy lo acaba de hacer, destituye a Puigdemont y disuelve el Parlamento catalán; Tomar el control de la policía catalana, los llamados Mossos; el Senado de España controlaría al Parlamento catalán, para que no pueda proponer a un nuevo presidente de la región, control de los medios de comunicación, más la televisora catalana que ha echado lumbre en contra de los españoles; control total de las Finanzas, dejarlos sin ese poder y, por último la convocatoria a elecciones autonómicas. Esos son los puntos. Andan enliados. Es una historia que apenas comienza. Pido mi taxi para ir del Liabeny al Aeropuerto Adolfo Suarez-Barajas, la tarifa fija, ordenada por el gobierno, es de 30 euros. Ni uno más. Han cerrado la Gran Vía porque un auto se quedó atorado y como allá en Europa todo lo ven con cautela, por aquello del terrorismo, hasta que llegan los detecta bombas y los servicios de protección civil no camina esa calle. Bordeamos por callejones. Llegamos, el vuelo vendrá lleno. Tiene Aeroméxico dos salidas diarias a Madrid, y la de Iberia uno, o sea que tres aviones van llenos a España el mismo día. Nuestra cola de rigor y a trepar a nuestros asientos. Poco antes de despegar, habla por el micrófono el capitán Albores, aquel que salía y se hizo famoso en la tele. Da una explicación del avión, es el mejor del mundo, fabricado por gente de la aviación civil y de la aeronáutica y hasta de la NASA, nos dice a qué velocidad va y a qué altura trepa y por eso es que ahora le han bajado una hora a ese vuelo, lo que antes se hacía en 12 o 13 horas, ahora se hace en 10.

 

VUELO SIN CONTRATIEMPOS
Vuelo sin contratiempos. El Dreamliner es silencioso, cómodo, le han dado buen espacio entre asientos, que ya no es necesario ir a la primera, donde es un desplumadero, porque con lo que cobran allí tiene uno para comer un año, diría Perro Uribe. Termina Albores su exposición y le recetamos un aplauso, como si Ronaldo hubiera metido gol. Al llegar, casi las cuatro de la mañana, me imagino que se pegan tres vuelos internacionales porque la cola para que sellen pasaporte en Migración es tremenda. Unas mil personas en filas, las de los nacionales y las de los extranjeros. Nos formamos y a aguantar, a esas alturas ya hace hambre. Dan de cenar un pollo o spaguetti pinchón, nada como los de la Bella Napoli orizabeña, y dos horas antes de aterrizar y zamparte unas tres películas, unos huevos revueltos con frijolitos, que no saben a nada. Las comidas de los aviones así son. Sin sazón, como la canción: no tienen cuerpo ni tienen corazón, y tampoco son llenadores. Pasamos la cola y etiquetamos maletas a la conexión para Veracruz, me asombré de que no vi los famosos semáforos rojos, o verdes, los que te hacen apretar aquellito cuando los tocas, porque si sale rojo te revisan y a sufrir, y si salía verde a respirar con tranquilidad. Ignoro si ya los suspendieron, lo indagaré. Pasos adelante a un desayuno en uno de los comederos del aeropuerto, han mejorado las salas, las antiguas de hace un año donde te metías a los vuelos nacionales, eran un asco, como las carreteras de Capufe, ahora están nuevecitas, dignas de ese aeropuerto que mueve millones de pasajeros al año, para darnos una idea, 4 millones por mes, según datos de la misma SCT, en 2017. Con todo y que tienen al nefasto secretario del socavón, Gerardo Ruiz Esparza, al que debían de correr no que corrieron al pobre Fiscal de la Fepade, que era como Winckler, que le metía primera y segunda al tal Lozoya, y no aguantaron nada, por eso estamos como estamos. Dejen que Lozoya entregue cuentas, aunque tenga de abogado a Javier Coello Trejo, que ese hombre daba miedo en sus tiempos, creo que los abogados así deben ser, atemorizar y dar mucho miedo, para que tiemblen del otro lado. Acuérdense que fue Fiscal Anticorrupción de la PGR, en época de José López Portillo, y les daba miedo a los políticos que perseguía, como ahora le da miedo a Lozoya y por eso lo buscó. La defensa de un Juan Camaney. Pero andaba en el viaje.
Veracruz estaba tranquilo, con calorcito, el vuelo de Aeroméxico a Veracruz llegó más rápido que nada, en 40 minutos ya estábamos entrando por la parte del mar, viendo antes a la derecha de la ventanilla el majestuoso Pico de Orizaba, con algo de nieve, y con buen movimiento de gente en las salas y en los restaurantes. A tomar la carretera de Capufe, que sigue en retrasos y en obra, persignarse porque por la mañana había habido un accidente de alcance y cuando eso ocurre las demoras suelen ser de horas. No demoramos tanto, llegando a casa y comenzar a escribir estas líneas para leerse mañana. Desempaco con cuidado los famosos Sobaos, que en el Corte Inglés compré unas cuatro cajitas, para comerlas y acordarse lo que allá se hace bueno, ese panecillo de la comarca cántabra de los valles pasiegos, que primero en el norte de España se comercializó, luego llegó a tanta su fama que ya se vende en toda España. De la Cantabria, que también es pueblo.
Cierro aquí mis escritos de 8 días en Madrid, que en México se piensa mucho en ti. Intenté retratar lo que vi. Yo no sé muchas cosas, es verdad, digo tan solo lo que he visto, diría el gran poeta, León Felipe. Pero adónde me asomé retraté lo que vi. Platiqué con su gente y andan bien, en una ciudad muy cosmopolita, una de las más bellas del mundo, y conté lo que pude. Aunque, como dijo el gran Mario Benedetti: “No vayas a creer lo que te cuentan del mundo, en realidad el mundo es incontable (ni siquiera esto que te estoy contando) ya te dije que el mundo es incontable”.

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NR: Esta es opinión personal del columnista.