Emprendimientos empoderan a mujeres veracruzanas

Foto: Ana Martina
1 noviembre 2017 | 20:23 hrs | Ana Martina Ortiz León | Arte y Cultura

Xalapa, Ver.- Ante la próxima conmemoración del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, que se lleva cabo el 25 de noviembre, es pertinente recordar que se ha comprobado que el empoderamiento económico constituye un factor que protege a las féminas de la violencia de género. Las expo ventas que prácticamente se han llevado a cabo en la capital veracruzana y en las que mayoritariamente participan mujeres son muestra fehaciente de dicho fenómeno.

Joyería, accesorios, ropa, zapatos, alimentos y bebidas, papelería, cerámica, ilustraciones, bordados, velas, recuerdos para fiestas, manualidades, plantas de ornato, cosméticos artesanales y macetas son algunos de los productos frecuentes que las mujeres emprendedoras promocionan y venden en los pasillos de espacios públicos y privados donde periódicamente se realizan: Parque Doña Falla, Casino Xalapeño, Palacio Municipal, Centro Recreativo Xalapeño, Paseo Los Lagos, Jardín de las Esculturas, Museo Interactivo de Xalapa y salones de hoteles.

“Esto de los mercaditos es lo nuevo para muchas mujeres, sobre todo para las que únicamente se dedicaban al hogar o ya se jubilaron; aparte de que hay muchos artesanos que hacen cosas maravillosas pero no tenían un lugar donde exponerlas. En estos eventos también me he enterado de que hay muchos despidos en gobierno y como los gastos no esperan creo que las expos son muy buena opción para salir adelante, ayudar a los esposos o completar los ingresos”, opina la microempresaria Laura Huerta.

Las expos ventas tienen diferentes temáticas y por lo regular se realizan en fechas conmemorativas en las que las personas suelen comprar objetos para regalar. Todas persiguen las metas comunes de obtener beneficios monetarios y reactivar la economía regional. Los títulos, a veces, son explícitos: Impulsa Mercado Urbano XL, Patio Artesanal Xalapeño, Expo Mamita Linda, Animal Fest, Feria de la Cerámica, Arte Mercado o Bazar MOD!, entre otros.

Los precios que manejan son accesibles a cualquier bolsillo: desde cinco pesos los stickers (estampitas ilustradas) o hasta mil o dos mil 500 pesos las prendas elaboradas en telares de cintura, precios que se justifican por su laboriosidad y los días o meses que las artesanas invierten.

“Hacer un huipil que vendo en mil 900 pesos me lleva tres meses, trabajando todos los días desde las ocho de la mañana hasta las dos de la tarde”, dice Hortensia, una tejedora chinanteca de Tres Valles.

Sus rostros muestran orgullo cuando declaran tener un negocio en el que toman decisiones cruciales para su futuro, generan ingresos con los que contribuyen o son el sostén principal de la economía familiar y si elaboran y comercializan artículos con ingredientes naturales saben que cuidan el medio ambiente.

“Toda la vida he sido empresaria y he tenido todo tipo de negocios como lavanderías, refaccionarias y vinaterías, pero con este giro –la elaboración de vinagre de manzana– siento que estoy aportando algo a la sociedad en los aspectos de la salud y del bienestar”, asegura Rosario Rebolledo.

Algunas prefieren aglutinarse en cooperativas femeninas o mixtas; otras trabajan de manera independiente en las cocinas de sus casas o sus talleres de diseño.

“Yo estoy en un grupo de productores de pimienta y de canela que residen en los municipios de Papantla y de Gutiérrez Zamora. Los siete hombres hacen el trabajo pesado y las tres mujeres limpiamos, molemos y etiquetamos la pimienta que gracias a un proyecto de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas ya tiene la marca Ukun-Pimienta, el código de barras y el etiquetado”, refiere Vitalia Simón Pacheco.

La xalapeña Laura Montano es el otro lado de la moneda. Después de trece años de radicar en Estados Unidos, a principios de este año regresó por una pérdida en la familia y cuidar a su madre. Para tener ingresos y tiempo de atenderla, que un trabajo de ocho horas en oficina no se lo permitiría, optó por preparar toritos de cajeta, cacahuate, café y Jamaica.

“Así empecé mi negocio tratando de hacer una nueva vida en México. Me gusta esto porque platico con la gente, la atiendo y le doy un servicio; además de que venimos a los mercaditos cada semana o cada quince días, aunque siempre ando buscando espacios para exhibir mis productos”.

Las herramientas de trabajo varían: desde el rudimentario telar de cintura hasta el horno especial para piezas cerámicas. En la naturaleza muchas encuentran la materia prima.

El lirio acuático que antes invadía el patio de su casa ubicada en la comunidad de Costa de la Palma, municipio de Alvarado, ahora es la base con que Socorro Jiménez fabrica cestas, tapetes y bolsas.

“Una bióloga que trabaja en Pronatura nos consiguió una maestra que nos dio clases de cómo tejer el lirio; después el Consejo Veracruzano de las Artesanías nos involucraron en dos proyectos en los que maestros de Nacajuca, Tabasco, nos enseñaron más puntadas y a hacer cojines, sandalias, diademas, aretes y collares”.

Exponer también implica gastos adicionales por la renta de los espacios. “Cada organizador cobra diferentes precios. No hay un tabulador específico y una escoge dónde ir y dónde no; por ejemplo, cuando vamos a los bajos del Palacio Municipal tenemos mayor margen de ganancias porque pagamos entre 50 y 60 pesos diarios, aunque gastamos en el alquiler de las mesas y en el velador que cuida las cosas durante la noche. En el Oktoberfest que se llevó a cabo en el Museo Interactivo de Xalapa el stand costó dos mil pesos, precio bastante caro que compensa la publicidad que tuvo en radio, televisión, prensa y redes sociales”, comenta la microempresaria vinatera Mayte Zárate.

Los rangos de edad de las emprendedoras fluctúan, lo mismo hay jubiladas que jóvenes recién egresadas de la universidad. Argumentan que decidieron emprender un negocio por no encontrar empleo acorde con su profesión, aprovechar el tiempo libre, aplicar los conocimientos adquiridos en la educación superior o descubrir que su afición es más redituable que el salario que perciben en dependencias gubernamentales o empresas privadas.

“La verdad es que me siento muy bien, muy productiva y muy feliz. Durante veinte años fui gerente de una arrendadora de autos, pero la verdad es que ya quería algo que hiciera yo”, exclama satisfecha Elda Janet Rodríguez, quien ahora elabora las botanas de malanga Deli Crunch.

Para las que residen en Xalapa el traslado de sus productos no es un problema; otras viajan desde lejos porque en sus pueblos no tienen consumidores. La tejedora Albina Bautista, de la comunidad de Huencuatitla, en el municipio de Benito Juárez, explica que a ella le gusta vender sus bordados en punto de cruz y las prendas que elabora con manta e hilo de algodón en ferias y encuentros de mujeres, porque “al pueblo a veces van los compradores, pero me gusta más salir a vender que estar esperando en casa a que vayan”.

La mayoría coincide en no tener un punto de venta fijo, lo cual significa la renta de un local fijo y la contratación de empleados, y que las redes sociales y los mensajes por WhatsApp son los medios en los que publicitan sus productos, captan posibles compradores y atienden a sus clientes.

“Vengo de una escuela de comerciantes que estaban en la tiendita esperando a que el cliente llegara, ahora hay que ponerse las pilas por lo que he estado capacitándome en otras maneras de comercializar mis productos a través de cursos sobre marketing digital y cuestiones de redes”, admite la fabricante de jabones artesanales Lidia Miranda.

Aunque las más de treinta entrevistas a artesanas, microempresarias y emprendedoras realizadas en las distintas expos ventas arrojaron los datos mencionados y que también sirvieron para establecer la siguiente clasificación de los giros que manejan, también hay testimonios fascinantes acerca de los motivos que las llevaron a emprender y que son dignos de reproducir.

Las creativas

Sara Morelos se autodenomina Sara Morló. A los once años comenzó transformando sus prendas de vestir, lo cual la llevó a cursar la carrera técnica de corte y confección en la Escuela Industrial Concepción Quirós Pérez; después se mudó a Querétaro para estudiar Diseño de Modas en la institución “Sor Juana Fashion College”. Hoy tiene una tienda en línea en la que cada mes saca una nueva colección inspirada en algo especial.

“Tengo mucha lencería, pero también trato de diseñar accesorios, mochilas y todo tipo de prendas para dama. Hace ya más de un año definí el estilo de mi marca que es extraño y atrevido; además de que la pasarela en la que participé en enero de este año fue un gran apoyo para mí porque ahí me di a conocer y sirvió para que muchas personas, principalmente fotógrafos y modelos, quisieran colaborar conmigo”.

“El textil que más manejo en mi marca es el terciopelo, del que la gente piensa que es para prendas antiguas y que sólo lo usan personas mayores, a mí se me hace muy elegante y muy bonito. Los encajes, la gamuza y el vinipiel, tipo imitación cuero, son los otros textiles que más empleo”.

“La gente me hace pedidos en línea y personalmente entrego la mercancía. Trato de que los precios de mis piezas sean accesibles porque son para mujeres muy jóvenes o que aún estudian. Tengo accesorios de 35 pesos hasta prendas grandes de 500 o 600 pesos”.

La loca del color es el nombre artístico de Sully Pérez, quien en sus obras fusiona sus dos grandes pasiones: hacer arte con ilustraciones de mujeres alienígenas a las que les quita los ojos, les deja el corazón fuera y que de sus bocas broten gusanos.

“Después de que terminé la carrera de Artes Visuales en la Universidad Veracruzana y viéndome como artista emergente no quise quedarme en el lado bohemio de sólo pintar y exponer mis cuadritos en galerías o museos”.

Con esa idea y porque el mundo real es muy diferente, Sully comenzó a imprimir sus ilustraciones en playeras, tazas, stickers y fanzines que vende a precios accesibles, “de esta forma mi trabajo llega a más gente, por lo cual estos espacios de venta o bazares para mí son muy importantes y una gran oportunidad para difundir lo que hago”.

Los productos naturales

Hace siete años Lidia Miranda tuvo la inquietud de usar artículos de higiene personal que no dañaran su piel ni el medio ambiente. Su búsqueda terminó en la cosmética natural, cuyas materias primas son aceites esenciales de cacao, karité, coco, almendra y bergamota; además de plantas aromáticas como lavanda, caléndula, café, romero, eucalipto y menta.

También emplea carbón activado, glicerinas, tepezcohuite, avena, fresa, plátano, mango y miel. Con éstos Lidia fabrica jabones faciales y medicinales, mascarillas, desodorantes y burbujas de sales para baño.

“La tienda que tenía la cerré porque ya no me redituaba y ya tengo tres años dedicándome cien por ciento a formular y vender estos artículos, algo que disfruto mucho. Además de participar en las exposiciones, tengo dos puntos de venta en el centro de Xalapa. Por el momento las ganancias que obtengo únicamente me dan para solventar los gastos básicos”.

Casa Tulley es la marca que preserva el primer apellido de Ángela Tulley, una empleada de la Universidad Veracruzana que al no tener un regalo de cumpleaños para su jefe inmediato un día se le ocurrió comprar una canasta en la que colocó galletas, conservas y salsas que cocina. La presentación impresionó a uno de sus compañeros de trabajo que de inmediato le encargó otro paquete idéntico.

“Nuestra empresa es familiar cien por ciento. Nuestros productos son artesanales y en las salsas, efectivamente, ocupamos un conservador natural hecho con extractos cítricos. Hasta el momento hemos visto que la gente que realmente aprecia el trabajo artesanal es la que no regatea, pues pregunta el precio y lo paga”.

“La marca ya está registrada, por lo que las etiquetas cuentan con código de barras, tabla nutrimental y sello de seguridad. Al principio nuestros envases eran de plástico, pero ahora ya son de vidrio lo cual le da una mejor presentación. Aparte de las expos ventas distribuimos en varias tiendas de la ciudad de Xalapa y también del sur del Estado, que es de donde soy”.

Los secretos de la familia

A partir de un proceso natural de fermentación los abuelos de Rosario Rebolledo hacían vinagre orgánico de sidra de manzana para consumo propio u obsequiarlo a familiares y amistades. Actualmente ella sigue el mismo método, pero lo comercializa agregándole en la publicidad el plus de los beneficios que aporta al organismo.

“Se usa para aderezar ensaladas y marinar carnes. Alcaliniza, desintoxica el hígado y estimula al metabolismo para quemar grasa. Es un negocio muy noble que me ha permitido crecer como mujer, pues aunque siempre he sido empresaria es el primer negocio que llevo sola, en los otros he sido socia de familiares o de pareja”.

“Para mí las expo ventas son un trampolín, una plataforma para dar a conocer mi producto, porque considero que no es tanto lo que vendas en éstas sino lo que viene después porque algunas personas que lo distribuyen en Jalisco, Nayarit, Tamaulipas y otras ciudades de Veracruz en estos lugares primero me lo compraron para consumo personal y al ver los excelentes resultados ahora me piden mayoreo. Eso es ganar-ganar: ganan ellos, gano yo y aportamos un poquito al bienestar de todos los mexicanos”.

Mayte Zárate estudió las carreras de Idiomas y de Lengua y Literatura Hispánica en la Universidad Veracruzana. Después trabajó en la iniciativa privada como asistente de dirección general, agente en un banco y capturista en un periódico local. Dedicarle más tiempo a la atención y educación de sus hijos la motivaron a hacer algo por su cuenta.

La Zarca era el mote de su bisabuela que añejaba y reposaba sus vinos y licores artesanales en barricas de roble y que a ella le pareció idóneo para su marca de los mismos productos.

“Utilizamos la forma de producción que me heredó mi bisabuela en licores de maracuyá, arándano, zarzamora o morita, verde y café. El único vino es de flores de Jamaica. Éstos los hacíamos en casa para la familia, pero a mucha gente les gustaba y nos pedía y así fue cómo empezamos a pensar en venderlos, porque si bien ya los elaboráramos, cuando montamos el negocio decidimos que fuera algo profesional”.

“En diciembre cumplimos dos años. Yo y mi socio, un compadre, nos encargamos de todos los aspectos: el proceso de fabricación, la venta, la mercadotecnia y la publicidad. Afortunadamente en las expos nos va muy bien y no hemos tenido necesidad de rentar un local, lo que implica un mayor gasto y no llegar a más consumidores”.

Las jubiladas

A pesar de su jubilación como docente Carmen Vela no olvida su vocación que ahora aplica en los talleres de arte en papel que imparte de manera esporádica en el Jardín de las Esculturas de Xalapa, donde la luz natural y el aire puro contribuyen a que muchas señoras asistan a sus clases.

“Utilizo papel importado y una máquina troqueladora con la que lo cortó y hago cajas, moños, flores y libretas, artículos que son de buena calidad y con un fin utilitario. Los ingresos que percibo con esta actividad no son constantes, pero siempre aprovecho las invitaciones para exhibir mis productos y ganar algo”.

Cuando obtuvo su retiro del Instituto de Ecología, Isabel Lasserre buscó una actividad que le gustara descubriendo que la cerámica era apasionante.

“La ceramista Mariana Velázquez fue mi primera instructora y con ella trabajé alrededor de siete años; también fui discípula del escultor Javier Cervantes. Posteriormente ellos me ayudaron a montar mi taller y cuando tuve mi horno llegó la independencia”.

“Considero que también soy autodidacta y me gusta experimentar con los esmaltes y las formas. La prueba de fuego sucede cuando las piezas salen del horno porque a veces quedan preciosas o la que era tu preferida se quebró. Desde hace diez años trabaja conmigo un muchacho que es mi asistente en el taller y aunque cinco atrás le cortaron un brazo continúa trabajando porque siempre lo motivo y le digo que somos un equipo”.

“Mis piezas son utilitarias, como tazas, platos, jarras y cafeteras, porque son las que más vendo e interesa a las personas. También hago floreros, esculturas y portarretratos pero en cantidades menores”.

La producción colectiva

Sombrero de bruja es el taller en que la familia de Beatriz Maya –compuesta por cuatro miembros: dos mujeres y dos hombres– hace experimentos creativos en los que producen alimentos, prendas de vestir y joyería, “que más bien son objetos novedosos de uso cotidiano”. Para ello utilizan diversas técnicas y materiales como frutas, chiles, estambres y plata.

“La necesidad de expresar nuestra creatividad nos llevó a fundar el taller que lleva ya tres años. Además de sazonadores y de acuerdo con las temporadas de las frutas elaboramos mermeladas de piña con chile habanero, mango con chipotle, mandarina y zarzamora, más que para untar se utilizan para condimentar guisos”.

“Un proyecto ambicioso es dar en el futuro empleo a mujeres mayores que sepan tejer, pues cada vez se teje menos y aunque ellas lo hacen muy bonito no saben confeccionar prendas contemporáneas. Nosotros les proporcionaríamos los estambres importados y los patrones de las prendas; les pagaríamos por horas de trabajo, además de que tendrían la facilidad de hacerlo en sus casas y en función de sus tiempos”.

“Nuestro fuerte es la venta en línea y no tenemos una tienda establecida y siempre vamos a las exposiciones cuando nos invitan. Aunque nos va bien con la ropa que vendemos por Internet, los ingresos aún no son suficientes para dejar nuestros trabajos y dedicarnos cien por ciento a esto”.

FEM Café y Mujer que Sana son dos marcas registradas de Vida A.C., un colectivo integrado por aproximadamente 170 familias de los municipios de Ixhuatlán del Café, Amatlán de los Reyes y Cosautlán de Carvajal. Denisse García Moreno, promotora comunitaria de dicha asociación, explica la singularidad de los productos.

“Consideramos que FEM Café es el primer café feminista en el país, porque nuestro objetivo es visibilizar el aporte de las mujeres en la cadena de producción del café. Es decir, nosotras no cortamos ni despulpamos el café pero nuestra intervención dentro de los hogares y de las familias es muy importante para que se realicen estas actividades productivas”.

“Setenta por ciento de los ingresos que se obtienen de la venta de FEM Café se destinan directamente a las familias de las mujeres y el 30 por ciento restante se deposita en dos fondos: uno es de sostenibilidad y otro de equidad de género, los cuales se usan para actividades de Vida A.C. beneficiando a todos los socios y todas las socias”.

“Que las mujeres decidan qué hacer con esos ingresos mejora las relaciones internas de poder de las familias en torno al dinero. Ellas por lo regular lo destinan a cubrir las necesidades básicas de la casa, por ejemplo el cambio de la lámina que está en la cocina, pues cuando vamos a comer y está lloviendo todos nos mojamos. Los hombres, en cambio, esas ganancias las invierten en el mismo cafetal comprando una chapeadora, una aspersora o más abono; casi nunca consideran las necesidades urgentes de la familia, los hijos, la casa o la esposa”.

“En Mujer que Sana elaboramos tinturas de extractos de plantas medicinales y sirven para el estrés, la colitis, la gripe, el cuerpo cortado y nausea. También tenemos desodorantes naturales, pomadas de plantas y cera de abeja, así como jabones de café y de miel”.

“Después de casi veinte años de organización y de trabajar en diferentes acciones, con estas marcas y productos queremos entrar a mercados nuevos como el de Xalapa al que casi no hemos venido a vender, aunque generalmente vamos a la Ciudad de México, a Puebla y a otros estados”.

“También nos dimos cuenta de que si bien tenemos mucho tiempo exportando nuestro café a Estados Unidos, no estábamos valorando y revalorando el consumo del café en nuestras regiones, por lo que en este año de 2017 hemos procurado que nuestros productos se consuman en nuestras regiones, en nuestros municipios y en nuestras comunidades”.