Elecciones castigadas

29 marzo 2017 | 11:22 hrs | √Āngel √Ālvaro Pe√Īa

Las campa√Īas del 4 de junio deben ser diferentes a las anteriores para que las elecciones sean distintas y entonces pueda confirmarse la democracia en los resultados y en los triunfadores en las urnas.

Pero las campa√Īas inician igual que siempre: descalificando al contrincante como si se tratara de un enemigo a vencer hasta la muerte.

As√≠, en esta panor√°mica, los programas de gobierno brillan por su ausencia y nadie sabe si el candidato tiene un proyecto, los est√° elaborando durante su campa√Īa, o simplemente lo inventar√° a √ļltima hora.

Aquí, las leyes electorales deben ser más rígidas y evitar que los candidatos descalifiquen al contrincante, pero, sobre todo, que, para ser abanderados a un puesto de elección popular, cuente, de manera indispensable, con un programa de gobierno.

Con qu√© calidad moral un funcionario p√ļbico puede exigir a los proveedores del gobierno una licitaci√≥n para una obra si ellos mismos improvisan la creaci√≥n de obras sobre la marcha.

Es decir, si el candidato a una presidencia municipal, o una sindicatura no cuenta con un proyecto a desarrollar las funciones por las que compite, pues entonces no tiene derecho a competir.

No se puede que se eval√ļe la viabilidad del proyecto como tal, pero que se realice un programa de gobierno que sea congruente con la realidad del territorio que se gobernar√°.

Si hubiera programa de gobiernos como exigencia para concursar por un puesto de elección popular se terminarían las descalificaciones de los contrincantes de los demás partidos.

En este momento hay personajes que est√°n en boca de sus contrincantes como si se tratara de un exorcismo. Tal es el caso del l√≠der nacional de Morena, quien bien podr√≠a dejar de aparecer en p√ļblico y sus contrincantes seguir√≠an hablando de √©l, de sus de defectos y virtudes reales e imaginarias.

En cambio, con un programa de gobierno como condición esencial para concursar por un puesto de elección popular, el candidato se dedicaría a defender su proyecto y no a denostar a quien considera que pude ganar en las urnas y dejarlo en la banca.

Las leyes electorales parecieran tener partidos favorecidos y desfavorecidos. No hay, en este momento, un solo consejero electoral que no tenga nexos con alg√ļn partido pol√≠tico. Esta parcialidad en el juego democr√°tico del pa√≠s echa por la borda diferentes intenciones de fortalecer nuestro sistema pol√≠tico; sin embrago, poco puede avanzarse con el lastre de quienes debiendo ser imparciales, muestran simpat√≠as por un partido pol√≠tico sistem√°ticamente.

Estos son los lastres que impiden que la democracia en M√©xico se consolide y es la raz√≥n fundamental para que la poblaci√≥n acuda en masa a las urnas. Porque vemos que el n√ļmero de abstencionistas crece sin importar si se trata de elecciones presidenciales o intermedias. Simplemente los electores se alejan de las urnas, pero este alejamiento exige de una lectura, porque el silencio y la pasividad es tambi√©n una postura en un pa√≠s donde hasta la abstenci√≥n tiene su raz√≥n de ser.

El silencio es también una expresión que debe ser interpretada, no es sólo ausencia de palabras sino un indicador de que las cosas como están no están bien.

Ante esta perspectiva, el 4 de junio debe haber una actitud nueva en los candidatos, en los partidos, en las autoridades electorales y en los electores, de otra manera, los liderazgos, producto del triunfo electoral, carecerán de legitimidad.

A unas horas de iniciar las campa√Īas electorales el discurso de los candidatos carece de programa de gobierno y se satura de descalificaciones para sus contrincantes, en una falta de respeto total, no s√≥lo contra sus competidores sino contra la inteligencia de los electores.

Así, desde una panorámica suficientemente clara para la población, son los candidatos quienes enrarecen el clima y tergiversan una realidad que debe ser conocida por todos desde antes del inicio de las tareas de proselitismo.

Es decir, la informaci√≥n veraz sobre la vida y milagros de los candidatos debe ser patrimonio de la sociedad mexicana, de tal suerte que ning√ļn candidato pueda inventar virtudes o defectos que s√≥lo surgen de la necesidad descalificar al contrincante d√≠as antes de las elecciones.

Hay partidos pol√≠ticos que intentan esconder los defectos de sus funcionarios p√ļblicos, otros que encubren a sus ex gobernadores y a sus funcionarios p√ļblicos en activo.

Si hubiera justicia para los delincuentes de cuello blanco, el voto de castigo no existir√≠a. Porque ese tipo de sufragio es precisamente el que se emite en nombre de una justicia que no existe ni en lo pol√≠tico, ni en lo legislativo ni en lo judicial. No hay castigo para los pol√≠ticos corruptos en el √°mbito penal, pero si lo hay en lo electoral. Ese voto de castigo tergiversa la voluntad popular y lo convierte en sanci√≥n, pero no en esperanza. Lo usa como juicio, pero no como proyecto. Esto extrav√≠a la intenci√≥n democr√°tica de las elecciones y las convierte en una especie de comparecencia de los delincuentes y sus partidos ante un ministerio p√ļblico capaz de votar contra el partido y sus militantes que no fueron castigados.

Así, toda región, área, estado, municipio, bien puede convertirse en botín político si estas condiciones no se regulan con una norma sana e imparcial. Los espacios electorales son montos de dinero que se destinan a unos cuantos. Cómo no pensar en que existan los botines políticos si vemos que hay cientos de funcionarios corruptos sin castigo.

Habrá partidos para los que se necesite ser más valientes para concursar por un puesto, otros en los que se participe con la certeza de que no ganarán y otros más con la confianza de que ganarán. Pero los triunfos electorales no deben ser pronósticos o quinielas, sino una respuesta espontánea y consciente de la sociedad.

A unas horas de que las campa√Īas inicien oficialmente con miras a la transformaci√≥n de tres gubernaturas y los 212 municipios de Veracruz, pareciera que no hay cambios en la manera de convocar al voto por parte de la autoridad electoral, esto es muy grave, porque una vez conocidos los resultados de los comicios, el INE tendr√° que realizar cambios, pero los har√° de acuerdo con un nuevo mapa electoral, pol√≠tico y partidista, lo cual se convierte en un verdadero peligro para la democracia y en una ventaja para los partidos y candidatos que los consejeros electorales consideren pertinentes favorecer. Porque el peligro para M√©xico no son los candidatos que puedan ganar sino la falta de imparcialidad con la que los resultados electorales se cuenten y la forma en que se den a conocer‚Ķ¬†Esta columna se publica los lunes, mi√©rcoles y viernes.

 

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*Esta es opinión personal del columnista