El viernes de Donald Trump

19 enero 2017 | 11:14 hrs |

Por Gilberto Haaz Diez

De la Iliada: “Un rey es enemigo demasiado poderoso cuando se enoja con algún inferior”. Camelot

 

Para este viernes 20, Donald Trump estará jurando cumplir la Constitución de los Estados Unidos, ante el Capitolio, donde han juramentado la mayoría de presidentes. Es el número 45, de una larga lista de picudos donde ha habido de todo: buenitos y malitos y regulares. Halcones y palomas. Por lo regular siempre hace frío y se ve a los políticos todos abrigados y con sus bufandas. Es una ceremonia muy protocolaria. La de ahora, inédita por la polémica que ha dado este hombre, pelos de elote, donde ningún cantante afamado quiso ir a secundarle. Normalmente cada presidente lleva su Biblia, la de la abuelita o la de casa o la que le convenga sentimentalmente. Trump amenazó que lo hará en una privada y en la que juró Lincoln. Pobre Abraham, debe estar revolviéndose en su tumba. El juramento lo hace ante el Presidente del Tribunal Supremo de Justicia y un día antes asiste al Cementerio de Arlington, a poner una ofrenda y da discurso en el Lincoln Memorial. Por cosas de la vida, estuve allí este 8 de noviembre, cuando fui a la elección de Hillary Clinton, quien salió derrotada. Me metí a una escuela donde votaban y un tipo no me permitió filmar (si supiera que los rusos los tenían bien hackeados, por bueyes), pero lo hice afuera y exhibí el video en Crónica de Tierra Blanca y en mi Facebook. Afuera de la Casa Blanca, por ser el día que era y los terroristas no descansan, la seguridad del Servicio Secreto estaba canija y perrona. Un amigo (Rico) dejó un paquete de una bolsa donde habíamos comprado unos suvenires y rápido llegó el agente a revisar la bolsa. Frente a la Casa Blanca se ubica el hotel ‘Hay Adams’, donde se concentran los reporteros del mundo, desde el famoso Anderson Cooper de CNN, hasta nuestra Denise Maerker, de Televisa. Lopez Dóriga es quizá su primer año que no asistía, y seguro le saltarían unas lágrimas, de rabia y coraje. Allí fuimos al bar ‘off the record’, a tirar un drink en lo que llegaba Jorge Reyes Peralta y su señora esposa, que invitaría la cena. Tomamos también gráficas del Capitolio, donde ya remodelaban y los carpinteros hacían su trabajo para el gran templete, donde miles y miles asisten cada cuatro años a esa Ceremonia única. Es el presidente más poderoso del mundo. Como cuando los Romanos llegaban ya, y llegaban bailando cha-cha-cha. Ese día anterior, el presidente ya duerme en la Casa Blanca, aunque le dan una habitación de visitante. Kennedy cuando llegó quiso dormir en la de Abraham Lincoln, Trump seguro no sabe quién fue ese leñador. Desayunan juntos Obama y Trump y así llegan a la Ceremonia. Obama parte en helicóptero y Trump decide si camina o se va en auto a la Casa Blanca. Por la noche se hacen los bailes de festejo. Obama fue a ocho, Trump solo a tres irá. Así era, quien sabe si Trump rompa el protocolo y no se reúna con Obama, ya ven ustedes que se llevan bien y se quieren de lo lindo.

EN LA TORRE TRUMP
Ese día del frío mes de noviembre, quien esto escribe fue a la Torre Trump, dos días después del triunfo me fui de Washington a Nueva York. La Torre Trump de la Quinta Avenida tenía más policías que vándalos en las calles de Veracruz. Mi hermano Enrique se puso listo y dijo que íbamos a un café allí situado, un Starbucks. Desde allí vimos a los reporteros sentados en el piso, desde allí hice la segunda transmisión para XEJF Radio y Crónica Tierra Blanca. La gente del Servicio Secreto a las vivas. A un lado, donde hay un restaurante y un bar llamados Trump (el culto a la personalidad), una tienda de gorras del presidente electo se vendían como pan caliente. Caras, a 22 dólares. Afuera, los manifestantes le mentaban su madre, eso sí, en inglés. Cientos de ellos gritaban y portaban sus pancartas de racista, xenófobo, anti inmigrante y todas las lindezas que se ha ganado, por maloso. Se sube una escalera eléctrica y allí está el café. Trump vive en el penthouse, besando las nubes en esa suite que parece de reyes imperiales. Hombre poderoso, multimillonario loco, comienza a reñir antes de ser presidente con los gobiernos que se le aparezcan, con el nuestro, donde a diario nos atiza una amenaza a las armadoras de autos; con el chino, que ya le dijo que se calme, y con el de Francia y la mamá Merkel, la alemana. Tiene que encontrarse un loco de su medida, para ver de qué piel salen más correas, por ejemplo, el chamaco coreano que batea libre y amenaza con bombas nucleares. Día incierto para el mundo. Pero ya es mejor que llegue. Que de una vez por todas, si va a sacudir al mundo, lo sacuda para ver hasta dónde lo dejan llegar los suyos, el poderoso Congreso de Estados Unidos, diputados y senadores, y la gente de los servicios de seguridad nacional, a quienes también ha ninguneado. Larga vida para ese país de ejemplo, donde los Padres Fundadores de la Patria crearon un esquema electoral que hoy se les ha revertido, porque Hillary ganó la elección por más de tres millones de votos, pero su esquema de votos por delegados, los hace que gane el que más distritos electorales acumule, aunque alcance menos votos.
Y parafrasear lo que dijo uno de sus mejores presidentes, John Adams, el segundo a bordo, el que siguió a Washington y comenzó a construir la Casa Blanca, de ella dijo:
“Le pido al cielo que llene de bendiciones esta casa y a quienes la habitan. Que solo los hombres más honestos y sabios manden bajo este techo”.
Ojalá así sea, aunque ahora se duda.

Visítenos: www.gilbertohaazdiez.com