El viejo proyecto del Negro Durazo y el Durazo de Obrador

8 enero 2018 | 10:27 hrs | Jorge Miguel Ramírez Pérez | Jorge Miguel Ramírez Pérez

No se puede vender un carro con muchos años de uso, presentándolo como si fuera uno nuevo. A las primeras de cambio se ve que es un fraude y más, cuando se habló de un maquinón, y es una carcacha. Solo alguien insensible como Obrador, que no escucha al sentido común, puede hacer eso.

Porque antes del Durazo que presentó hace unos días el tabasqueño, como el zar de la seguridad en México; ya hubo otro Durazo: Arturo, el negro. Un tipo atrabancado, burdo que fue de los que más perjudicó a López Portillo. Ensució la imagen de un presidente  que tuvo tres años de buen gobierno, que se esfumaron en un precipicio de frivolidades.

Ese policía judicial se elevó por encima de todos y creyó que tenía  facturado, de por vida el control de los vicios y en especial, el de las drogas. El Durazo de ayer, igual que el Durazo de López Obrador, coinciden en la misma pretensión: concentrar en sus manos ese espinoso asunto. Es un proyecto viejo.

El binomio López-Durazo de hoy, además se avienta la puntada de “garantizar” la paz. No ofrecen paz, la garantizan. Dicen.

Proponen como algo nuevo, un consejo que hace años mal funciona, no solo a nivel nacional, sino estatal y hasta municipal. Los consejos de ese tipo, han demostrado que no sirven sino para legitimar las compras y contrataciones del gobierno, en materia de seguridad: nadie se opone, nadie aporta, nadie sabe que hace sentado en esos consejos. El de AMLO sería peor porque el iluminado, además a  nadie deja hablar.

Por eso escogen gente que sabe su papel: quedarse callados… y cobrar por eso.

Igual está el consejo que presentó Obrador en la semana: bajo perfil, del que no se conoce lo bueno, ni siquiera lo malo. Son cero a la izquierda. Dos tienen experiencia acreditada, pero solo ellos saben su desempeño: pertenecen a la era de la opacidad.

Durazo de López Obrador, no acredita un solo cargo en seguridad. Seguramente su nombramiento debe ser  por otra cosa.  Lo une no solo el parentesco con Durazo, el de López Portillo; sino su megalomanía, sus ansias de poder sin límites, porque según lo declaró en una entrevista reciente: ¡todas las fuerzas armadas estarían bajo su mando único! y dijo que las secretarías de temas sociales las va a coordinar

El ejército, la marina y las policías, serían determinadas por este señor, en pocas palabras sería ungido como jefe de jefes.

Igual que su tío, que se autoproclamó general sin serlo, con un nombramiento que firmó López Portillo sobre la espalda del militar espurio; el Durazo de  López Obrador sigue la misma ruta frívola, lo nombraron desde antes, se interpreta, como nexo plenipotenciario con las mafias, para que vean con quien hay que reportarse, o ¿qué otro sentido tiene?

Porque el prematuro anuncio, no es para sumar votos porque nadie conoce a los nombrados. Es para que los pactos caminen y no surjan espontáneos que quieran hacer el arreglo del siglo, mandando no al infierno, sino al carajo, a las instituciones, las leyes y la misma Constitución, para la que Obrador exhibe su total desprecio.

Garantizar por encima de todo ese andamiaje institucional, para él, inútil, la oficialización de México, como narco-estado.

Tal vez por eso están allí gente sin experiencia probada: o tienen  ligas inconfesables con el crimen o son de paja.

Porque es lo que necesita un dictador empedernido, que le obedezcan y que acepten que hasta la tierra es el centro del universo, como dice la doctora, su compañera, que como él, no se sabe si habla en sentido figurado, en poesía vernácula, o con la pasión que la ignorancia les invade y brota, con generosidad hasta para compartir.

Como aquél rollo de hacer de los conscriptos que son la guardia nacional, el cuerpo para el combate coercitivo, contra los barones de la violencia que no estén dentro de la “paz garantizada”.

Porque la raíz no es la pobreza, como dice Durazo, sino los inmensos negocios que se hacen y que no van a parar, nomás porque se presenta el iluminado, con un acuerdo ranchero que nadie va respetar.

López Obrador se cree un Corleone, que va hacer la paz: sí, como no. Igual que la hizo con los guerreros unidos y los rojos, ambos grupos de su filiación política, que hicieron mas bien: paz, paz, paz y el saldo fue de 43 muertos.

Lo asombroso es que Obrador habla sin tapujos, con cinismo, dice como va a construir una narco dictadura y la gente: ¡insólito!, se queda callada, asintiendo su destino fatal, sin querer entender el tamaño de aberración que se plantea.