El temblor y las escuelas patito

26 septiembre 2017 | 11:48 hrs | Miguel Ángel Cristiani G.

Acostumbra decir en mi pueblo Pancho López que “después del niño ahogado, el pozo tapado” refiriéndose a que cuando ocurre una desgracia, luego se procede a tratar de solucionar algo que pudo haberla evitado.

Esto viene a colación, ahora que con el terremoto de la ciudad de México el pasado 19 de septiembre, salió a la luz pública el hecho de que la escuela primaria Enrique C. Rébsamen que se vino abajo por el temblor, fue construida con licencias y permisos falsos, por encontrarse en una zona no adecuada para hacer un edificio de varios pisos.

Ahora se sabe que nunca se debió permitir la construcción de esa escuela primaria, que como era un negocito particular, tenía ya hasta otro edificio en donde funcionaba otra escuela pero de nivel secundaria.

Las autoridades como siempre, se tiran la bolita unos a otros, que si el gobierno de la Ciudad de México, que si la delegación, que si la secretaría de Educación, son los encargados de autorizar y supervisar las instalaciones.

También como siempre ocurre, no hay ninguna autoridad responsable y muchísimo menos un funcionario culpable, que mereciera recibir un castigo ejemplar.

No se trata de un simple derrumbe del edificio, fueron vidas de niños las que se perdieron por el actuar corrupto de los propietarios de la escuela y las autoridades, todas las que debieron y pudieron parar la obra.

Pero desgraciadamente, la educación privada en nuestro país, es un negocito muy redituable, para muchos funcionarios públicos, que luego resulta que luego de que están en el “servicio público” salen con una colección de licencias para abrir escuelas privadas desde jardín de niños, primaria, secundaria, bachillerato y hasta universitarias.

Claro que para taparle el ojo al macho, pues no están a sus nombres, sino que aparecen como dueños o dueñas, familiares que supuestamente son las encargadas de dirigirlas.

Nada más hay que ver cuantas de esas escuelas patito se abren por todos lados y en todas partes.

Pero además ni siquiera tienen un edificio construido exprofeso, sino que la mayoría de ellas, se encuentran en casonas de gran tamaño, en donde acondicionan cuartos como si fueran aulas.

Pero seguramente que si se les hiciera una revisión profesional por parte de la SEV y de Protección Civil, seguramente no pasarían una prueba.

La mayoría de esas “Escuelas” no tienen para empezar, una salida de emergencia adecuada.

Mucho menos tienen un patio de gran tamaño en donde los alumnos, maestros y personal administrativo pudiera salir a protegerse de un temblor.

Y no se trata solamente de hacer ejercicios de simulacros, se tiene que hacer una revisión a fondo de los permisos o licencias otorgadas por las autoridades correspondientes, porque se supone que debieron de contar con la infraestructura adecuada para poder funcionar como escuelas.

Otro punto muy importante es el de la revisión física de las instalaciones, que también deben de cumplir con cierta normatividad.

El terremoto del pasado 19 de septiembre, causó daños estructurales en algunas escuelas públicas, que se supone ya están siendo relacionadas por las autoridades de la SEV para su reparación, pero que va a pasar con las escuelas privadas-de todos los niveles- que están en casonas viejas y que representan un serio peligro para quienes ahí se encuentran.

Si como se dice el terremoto del día 19 habrá de marcar un cambio notable en nuestro país en muchos aspectos, es entonces el momento de que se aplique también en las medidas de seguridad y protección civil que se deben de cumplir y respetar, comenzando por las instalaciones de las escuelas públicas y privadas.

Para que no después de que ocurra una desgracia como la de la escuela primaria Enrique C. Rébsamen en la ciudad de México, entonces si se venga a tapar el pozo.

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*Esta es opinión personal del columnista