El romance de los intelectuales con el poder

El periodista mexicano Diego Osorno presenta un nuevo documental sobre las relaciones entre cultura y poder en su país a partir de una foto kitsch de 1987

4 noviembre 2017 | 10:32 hrs | El País

A Gabriel García Márquez le llamó una noche para pedirle que hablara con su amigo Fidel Castro de un asunto que le preocupaba a Bill Clinton. De Héctor Aguilar Camín aún recuerda de memoria su número de teléfono, y Elena Poniatowska cuenta que le llamaba a menudo, directamente, pero ella al escuchar su nombre al otro lado de la línea decía, “sí, y yo soy la Virgen de Guadalupe”. Y colgaba.

Carlos Salinas de Gortari, presidente de México de 1988 a 1994, y un grupo de intelectuales son los protagonistas del nuevo corto documental del periodista Diego Enrique Osorno. En apenas 30 minutos, y con un torbellino de anécdotas, testimonios y datos, La muñeca tetona, indaga en las relaciones entre el poder político y el mundo de la cultura en su país.

Todo empieza con una foto en el salón de una casa de la capital en 1987. Nueve periodistas, promotores culturales y escritores: Elena Poniatowska, Margo Su, Iván Restrepo, Carlos Monsiváis, Benjamín Wong, Héctor Aguilar Camín, Miguel Ángel Granados Chapa, Gabriel García Márquez y León García Soler. Todos alrededor de un sillón, arropando a Carlos Salinas, por entonces secretario de Presupuestos, y que un mes más tarde se destaparía como candidato. En una esquina del sofá, una extravagante figura de lana con unos pechos desproporcionados con el resto del cuerpo.

La muñeca estaba allí, pero en el documental funciona como un McGuffin, un truco para disparar la trama. A la vez, es un elemento de extrañeza, un símbolo de esa misma relación extraña entre cultura y poder político. Como también es un símbolo Carlos Salinas, “el presidente más habilidoso y controvertido del México moderno”, según Osorno, que presentó la cinta esta semana en unos cines de la capital.

Carlos Salinas, “el presidente más habilidoso y controvertido del México moderno”, según Osorno

El camino presidencial de Salinas arrancó con la sombra de un pucherazo y terminó marcado por el asesinato de su delfín político. En medio, dio entrada a toda una nueva generación de tecnócratas formados, como él mismo, en universidades estadounidenses. Fue el padrino de la gran privatización del Estado priísta –bancos, minas, puertos, telefonía– y del tratado de libre comercio con EE UU y Canadá. El hombre “de la Perestroika mexicana”, como le llamó Gorbachov en un visita a Moscú, acabaría arrollado por una fuerte crisis política y económica, con su hermano encarcelado por corrupción y saliendo del país por la puerta de atrás para no volver durante años.

La foto es el recuerdo de las reuniones que cada 15 días aquel grupo de intelectuales mantenían con un secretario de Estado, y una vez al año con el presidente. “Eran reuniones no palaciegas, sino críticas, pero a la vez muy cordiales y con respeto hacia el invitado”, explica Restrepo ante la cámara. Osorno reclutó para la pieza a “todos los que aún están vivos –incluido Salinas–, salvo García Soler y Aguilar Camín, quien comentó que no se acordaba. En el caso de los que ya habían fallecido, decidí buscar a figuras del mundo intelectual de hoy que pudieran ser consideradas como expertos o incluso herederos, en cierta forma, de los protagonistas fallecidos de la foto”.

las reuniones que cada 15 días aquel grupo de intelectuales mantenían con un secretario de Estado, y una vez al año con el presidente. “Eran reuniones no palaciegas, sino críticas, pero a la vez muy cordiales y con respeto hacia el invitado”

Para Jaime Abello, presidente de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, fundada por García Márquez, la propuesta del documental “es interesante, porque visto en perspectiva, ningún otro país cuenta con una institucionalidad cultural como México, un programa tan grande de becas, premios, apoyos a creadores”. El escritor Fabrizio Mejía, “representante” de Carlos Monsiváis, quizá el invitado a aquellas reuniones con una voz más crítica, sitúa esas relaciones en la lógica del clientelismo: “Era un sistema muy eficaz basado en construir clientelas, igual sirve un saco de cemento, que las ayudas en el medio cultural”.

El documental también lanza preguntas sobre el momento actual. Según el director de la cinta, “en esa época, el PRI buscaba legitimar su régimen autoritario acerándose a los intelectuales. Ahora Peña Nieto es un presidente que no sabe ni citar tres libros que haya leído. El gobernador de Nuevo León, se hace llamar El Bronco: desde el apodo está apuntando a una postura anti intelectual. Creo que ahora estamos en un momento político anti intelectual, pragmático y bárbaro”.