El Príncipe que es Rey

25 enero 2018 | 10:09 hrs |

Por Gilberto Haaz Diez

 

*De Víctor Hugo: “El infierno está todo en esta palabra: soledad”.
Camelot.

En Univisión vi un programa de cuatro horas, uno cada día. Horario por la tarde. Con un conductor y la gran reportera televisiva, María Antonieta Collins. Revivieron la historia turbulenta del gran José José (17 febrero de 1948), que un día fue bautizado como Príncipe y alcanzó, en la plenitud de su carrera, el apelativo de Rey. De su trayectoria, donde ha vendido más de 120 millones de copias de sus grandes éxitos, los que le escribían Pérez Botija, Juan Carlos Calderón, Manuel Alejandro, Camilo Sesto, Rubén Fuentes, Armando Manzanero, Juan Gabriel, Napoleón. Relatan su tormentosa vida, cuando el alcoholismo y las drogas tomaron su cuerpo y su vida y su futuro. Desde aquellos grandes escenarios donde se presentaba en el mundo, Madison Square Garden, Radio City Music Hall, Las Dunas, el Auditorio Nacional, hasta los días funestos que vivía alcoholizado en un taxi con otro compañero casi teporocho. Era y es nuestro Frank Sinatra. Repasar su vida nos hizo amarlo mas, quererlo, entregarnos a él como un verdadero Príncipe y Rey. Sus vicisitudes matrimoniales, primero con la Kiki Herrera Calles, nieta de un presidente que lo envolvió en el alcohol y las drogas en la gran sociedad, dónde él no pertenecía, luego Anel y al final, encontrar a su ángel, como él la llama, Sarita Salazar. Su riqueza económica la entregó dilapidada toda y quedó en la pobreza, el perder su voz. El rescate, el día que Ricardo Rocha y unos amigos lo internaron en una clínica contra las adicciones en Estados Unidos. Una bella historia, dura, terrible, hasta estos días que lucha contra una neumonía y un cáncer en el hospital de Nutrición de Ciudad de México. Ver el programa me hizo ir a una tienda de Slim y comprar su disco de todos los éxitos, fue, sin duda, el más grande vendedor de éxitos. Por poner un ejemplo, en un llamado long play de 10 o 12 canciones, 7 de ellas se convertían en éxitos, cosa inusitada. Estando un día de gira en Nicaragua, le llegó al lobby del hotel un compositor nicaragüense, le dijo que traía una canción para él, que Lupita DAlessio lo había recomendado, José lo invitó a subir a la habitación y mientras se cambiaba de ropa para asistir al concierto, el tipo con su guitarra comenzó a cantarla. José José interrumpió su cambio, le dijo: ‘Cántala de nuevo’. Era aquel gran tema, Almohada, la tomó y al saber que aquel no tenía nada, le prometió registrarla a su nombre y ponerla en disco siguiente. El nicaragüense, Adán Torres, se había expatriado de Nicaragua por los problemas de la guerrilla y trabajaba en Estados Unidos lavando tanques, como obrero. Hasta allí llegó José pensando que había muerto, lo abrazó y le llevó el cheque de sus regalías y el registro que la había puesto a su nombre. Nobleza obliga, le cambió la vida, con ese dinero se compró una casa y fue la mejor anécdota a un hombre que le necesitó y ahí estaba a su lado. Buena serie, búsquenla. Ayer mismo, al salir otro grande, Enrique Guzmán, de visitarle en el hospital, dijo que lo veía muy mal, que no saldría de esta emergencia. Ojalá se equivoque. A José José, decirle, como aquella rola que él mismo cantó: No te vayas. “Espera un poco, un poquito más”. Lucha por tu vida.

EL OTRO CHAQUETERO (BELTRONES)
Suelo equivocarme cada vez que apuesto. En el Bingo estarían felices si me entrara la ludopatía (ludopatía es el vicio de jugar a lo güey, inclinación patológica a los juegos de azar, dice Wikipedia, porque allí, como en Las Vegas, solo la casa gana, se engañan quienes dicen que ganan). No gano nunca, si le voy a los Vikingos de Minessota, les meten la paliza de su vida, y en el segundo cuarto del juego de play off mejor me fui a una película de Netflix, que como Liverpool, ya es parte de mi vida, a ver ‘Las horas más oscuras’, la cinta de Churchill con el gran Gary Oldman. Si apuesto por los Tiburones Rojos del Veracruz no hay día que ganen, y cuando empatan no apuesto. Soy salado, mas salado que bragueta de pescador, diría un cuenqueño. Y guardo mis fidelidades, al Real Madrid le voy siempre, gane o pierda. Solo una vez gané, acompañado de unos amigos fuimos a Las Vegas, hace más de 15 años y apostamos por los boxeadores, entre ellos el gran Julio César Chávez. De ahí en fuera, nunca. Ni a los volados. Pues quería apostar a que Manlio Fabio Beltrones, como amenazan las redes sociales, no se va del PRI de sus amores para ir a caer rendido en los brazos del ruso Manuelovich. Como la Gabriela Cuevas, panista que del escarnio pasó a amar a AMLO. Yo creo que no, Manlio es un animal político en el sentido aristotélico de la palabra, aunque sabe que caería en blandito, porque AMLO se perfila a ser presidente de este México lindo y qué herido. Ver para creer, todo puede suceder.

LA OTRA MUGRE AUTOPISTA
Dirán que ‘ya chole’, que aburro de tanto cargarles la mano a los inútiles de Capufe, que tienen las peores autopistas del país. Ahora voy por la otra, la que está subiendo la cumbre de Maltrata, la de paga, he escrito que se necesitan allí poner reflectores al piso, o señaladores, o como se llamen. Una parte de esa bajada peligrosa de Esperanza-Orizaba lo tienen, pero aún faltan peligrosos kilómetros. En esta temporada invernal la neblina llega al piso, a las narices, no hay día que no haya un alcance o choques múltiples. Como el del domingo pasado, donde hubo accidente y los autos en colas se quedaron atrapados 12 horas, se sugiere que cuando eso pase, dejen de cobrar las mismas 12 horas, mínimo, por las molestias que estos inútiles causaron, porque en lo que llegan las grúas, que debían tenerlas cada 20 kilómetros, uno se volvió ahí más viejo que Matusalén.

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*Esta es opinión personal del columnista.