El primer paso en la colaboración entre Rusia y China en el espacio

China es en estos momentos una potencia espacial de primer orden

5 marzo 2018 | 10:35 hrs | Naukas / Daniel Marín | Redacción

A raíz del conflicto de Ucrania la política espacial rusa dio un giro de 180º e intentó desconectar sus lazos con Occidente para estrechar vínculos con China. Como resultado, Roscosmos llegó a anunciar que desconectaría el segmento ruso de la estación espacial internacional (ISS) a partir de 2024, cortando así las relaciones con sus socios, literalmente. Pero, como ya comentamos en su momento, esta decisión resulta fantástica como declaración de intenciones, pero a la hora de ponerla en práctica es una auténtica pesadilla.

China es en estos momentos una potencia espacial de primer orden. Hace una década el número de tecnologías espaciales en las que Rusia aventajaba a China era abrumador, pero hoy en día la diferencia se ha reducido drásticamente y en muchas áreas incluso se ha invertido. China tiene ambiciosos planes espaciales para la próxima década y, lo más importante, dinero para hacerlos realidad. El país asiático quiere montar a partir de 2020 una estación espacial permanente de sesenta toneladas —la «Mir china»—, seguirá adelante con sus planes de sondas no tripuladas para explorar el sistema solar y mantiene un pujante programa de misiones científicas.

Por su parte la economía rusa no puede mantener un programa tripulado propio similar al chino (la estación totalmente rusa no estaría habitada permanentemente y sería más pequeña que la china). Y, dejando a un lado las misiones ExoMars realizadas con la ESA, el programa de sondas espaciales ruso no levanta cabeza desde el fiasco de la misión Fobos-Grunt. En cuanto a la astronáutica tripulada se refiere, el tradicional feudo tecnológico de Rusia, las distancias se han reducido significativamente con la experiencia de China —corta, eso sí— en las estaciones Tiangong 1 y 2. De hecho China está desarrollando una nueva nave tripulada de nueva generación que, a diferencia de la Shenzhou, no se «inspirará» en tecnología rusa (que sepamos).

En el campo de lanzadores, tradicionalmente el otro punto fuerte de Rusia, China ha alcanzado el nivel de sus vecinos con la puesta en servicio de la nueva familia de cohetes Larga Marcha (CZ-5, CZ-6 y CZ-7). Es cierto que Rusia todavía mantiene una ventaja considerable en la construcción de motores potentes de kerolox, pero China está ganando terreno rápidamente. De hecho, el Larga Marcha CZ-5 incorpora motores criogénicos YF-77 en su primera etapa, una tecnología que Rusia ha dejado pudrirse desde los buenos viejos tiempos del Energía y su fantástico motor RD-0120 (para ser justos, la introducción del Larga Marcha CZ-5 le está dando a China muchos más problemas de lo esperado, justamente por culpa de sus motores).

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