El PRI en busca de la legitimidad perdida

12 julio 2016 | 19:35 hrs |

El PRI en la democracia no evolucionó. Ya no es un partido político en estricto sentido, como tal no tiene oferta política, lo que propone es contradictorio; al lado de la liberalización del subsuelo, plantea matrimonios extravagantes. Es una maquinaria de poder que cada día demuestra su ilegitimidad en la arena de la competencia donde se debían esgrimir argumentos ideológicos y estratégicos de gobierno. Aunque sea, como  recursos histriónicos, como dijera Manuel Bernardo Aguirre , la política es actuación, siquiera para que pareciera moralmente elemental.

Con un franco ensayo de recuperación, el PRI se prepara para impulsar un nuevo liderazgo sin legitimidad interna. Enrique Ochoa Reza es una intentona por  mostrarse ante los medios aparentando  una  metamorfosis institucional. Un desconocido en las batallas partidistas, que evidencia que nunca fue neutral en su paso por los simuladores órganos electorales;  y definitivamente una demostración más,  de que el tricolor sigue siendo un partido de un solo hombre, al que hay que adivinar su pensamiento a partir de sus intereses y halagarlo, sumándose con entusiasmo a su designación clandestina.

Con padrinazgos externos de los amos del país, Ochoa Reza viene de la Columbia, una  de las universidades de la IVY League, como Yale en la que estudio Zedillo; la Columbia en New York más bien afamada en comunicación social, que en las ciencias del gobierno, tiene un enfoque liberal allá, es decir, demócrata para entendernos. El prospecto cumple con los ideales de los oligarcas, algo de política, un poco más de las áreas energéticas y mucho más del manejo del inglés, que es lo que cuenta, fluid english como Tellez Kuenzler su exjefe .  Ochoa Reza deja atrás en imagen, a los perfiles como Manlio Beltrones, al que le sonrió la fama desde que fue secretario del verdugo del sistema, Gutierrez Barrios; o los de la prima atlacomulquense elitistamente pueblerinos; pero no podrá dejar atrás las maniobras que conoce en papel perfectamente, las del fraude electoral, corrupción de opositores, desprecio de los electores y comportamiento delincuencial de la mayoría de los jefes clánicos del PRI. Ochoa en su abono es alguien joven, según se dirá, ahora hasta colosista,  que tiene tersos negativos, excluyendo las despiadadas alzas de las tarifas eléctricas. No tiene la desventaja de cargar con los excesivos deterioros que le causan al PRI  los autócratas en turno. Pero  sobre todo, parece  maleable a la sucesión; que intitulara en su libro, con precisión sociológica, Rafael Ruiz Harrell “La exaltación de las ineptitudes”.

Con la maniobra se descubre ya la decisión tomada. Se configura el nuevo grupo tecnocrático, la burocracia transversal que quiere afianzarse con los Meade Kuribreña, Videgaray, Mikel o González Anaya para el 2018;  exhibiendo una potencial interlocución con la fuente de poder continental; incluso en la coyuntura, en la que se estrena una embajadora de a de veras, con la tarea política de recomponer  algo mejor que lo que hiciera el legendario Josephus Daniels, en mangas de camisa: la diplomática de carrera, Roberta Jacobson, fluid spanish. Por lo que los entusiasmos se contagian y suenan convenientemente también, nuevos liderazgos que armonicen las marchas. La agenda de la democracia queda para después, en todo caso es declarativa como cuando Anthony Wayne  en febrero del 2015, destacó como un ejemplo de la democracia a Javier Duarte en Veracruz, en un lance que el hoy agonizante gobernador,  no perdió el tiempo para tirarle un sablazo y pedirle que lo incluyera en la iniciativa Mérida, y sin ambages le pidió dinero, con la intención descarada  también como le ha hecho a los veracruzanos,  de birlarle en directo dólares a los estadounidenses, una pérdida en las fichas del juego de la cleptocracia,  que los priístas de altos vuelos, juegan para demostrar que son los mejores ladrones de los dineros de los pueblos. Se le fue vivo Wayne a Duarte.

Ochoa Reza, en esos primeros  días hace los recorridos tradicionales a los agobiados sectores; se muestra feliz. Buen síntoma para muy pocos, para algunos de los servidores públicos del salinismo-zedillismo, que no pierden la esperanza que la larga noche del PRI encuentre el alba. Un nombramiento cupular para ellos, es siempre bienvenido. Después de los descalabros electorales de los que se apoderaron de las siglas por 16 años: doce años como oposición dispendiosa y cuatro con Peña Nieto, Aliados a los caciques en los estados, incrementando complicidades, sencillamente ya se van. Demostraron que no sabían gobernar como lo pregonaron esos años, porque los Fideles, los Moreiras, las Beatrices, los Murat y muchos que desbarrancaron las finanzas de sus estados y del país, antes de la llegada del PAN, eran mandaderos de la tecnocracia, grillos maniobreros ignorantes, que cumplían las funciones tautológicas, de tercermundistas, en el mismísimo tercer mundo; y nunca entendieron en el pasado como no lo entienden hoy ni en apariencia, los vaivenes de la modernización política, sus objetivos y sus procedimientos puntuales.

 

Esos malos políticos ya son ricos que era lo que buscaban, para aceptarse como personas. Poseen departamentos en Oriente, en Europa, en las islas del Caribe o en la Florida algunos, sin habitarlos; porque en el mundo del piso superior para ellos, se requiere de un mínimo civilizatorio que carecen. Pena ajena, porque tendrán que acostumbrarse al ninguneado exilio y a deambular con los pocos que les hagan por salario compañía, en pueblos y ciudades hostiles a sus escandalosas personalidades.

 

El trabajo para el nuevo notable en el 2018 infiere lo sobrenatural o muchas, muchísimas trampas; que por cierto, hay que cuidar que no se puedan concretar. Porque queda claro hasta para los menos interesados en la política, que el PRI de hoy, no tiene futuro. Para el ciudadano común es un aparato al servicio de todo lo vergonzoso de México, que además carga con un problema mayor: el del vació de autoridad institucional y como consecuencia, vacío también  de autoridad moral que padece el país. Las encuestas, en eso sí coinciden, el fallo mayor está en Los Pinos, que como siempre, es el lugar donde ni se ven , ni se oyen los reclamos, sean de violencia física: Ayotzinapa, Nochixtlán o de violencia institucional, como apela en Veracruz Miguel Ángel Yunes y nacionalmente Ricardo Anaya. Cualquier argumento de civilidad política, no llega a su destino, es inútil. No hay nadie que decida abordo, nadie está en la cabina de mando.