El orgullo de ser maestro

14 mayo 2015 | 16:29 hrs |

Sin duda una de las actividades que más satisfacciones deja es la del magisterio; y lo dice alguien que disfrutó enormemente su labor mientras fungiera como catedrática de tiempo completo en la Universidad Veracruzana, hoy retirada de esa función, pero extrañando y recordando tiempos en que se dejaron horas clase y gratas experiencias a favor de los jóvenes veracruzanos.

Pero para quienes tienen aún la dicha de estar activos y ser maestros de entrega y vocación—de cualquiera de los niveles educativos: preescolar, básico, medio y/o superior–, permítanme felicitarles porque pocos son hoy, los que dan su vida por esa noble misión y menos aun los que lo hacen con amor y sacrificio.

Por eso hay que hacer la distinción clara, entre los maestros que cumplen con su labor al 100% y de aquellos que simulan trabajar o toman de pretexto el magisterio para emprender luchas y movimientos anti-gobierno o “anti-todo”, poniendo en riesgo no sólo el sistema educativo de sus localidades sino la integridad de sus elementos. Esos maestros, no debieran ser llamados de esa manera, porque son todo menos misioneros de la educación.

Pero ¿desde cuándo se cambiaron los valores del maestro?

• Desde el momento en que algunos de ellos vieron como negocio la educación, aprovechando su posición para: vender calificaciones, dar privilegios a quienes no lo merecían, hacer distinciones para sacar provecho, etc.

• Desde que no les interesó prepararse, capacitarse y actualizarse en la enseñanza por considerarlo una pérdida de tiempo.

• Desde que ciertos de ellos, se volvieron parásitos de los centros educativos al volverse faltista, justificadores de días económicos, incumplidos en sus programas y promotores de la flojera, seguros de ser protegidos por sus organizaciones gremiales.

• Desde que cambiaron los días hábiles por días de paros, huelgas, movimientos subversivos importándole un bledo si los alumnos perdieran clases o el ciclo escolar.

• Desde el momento en que se recibió como herencia una plaza, a sabiendas de que no se cumplía el perfil profesional y le fue permitido el ingreso por sobre otros que mejores méritos tenían.

• Desde que confundió a la educación con la anarquía educativa, careciendo de métodos objetivos y justos para evaluar la enseñanza.

• Desde que no buscó mejores técnicas didácticas para mantener un grupo atento y dispuesto a aprender, por el contrario continuó repitiendo lo ya escrito, sin promover la creatividad, el razonamiento y la reflexión. etc. etc.

Luego entonces no basta ser maestro “a secas”, sino un profesional del magisterio cualquiera que sea el nivel educativo en que operemos.

Al respecto Pablo Freire, expresaba conceptos muy profundos cuando se refería al profesional de la educación.

“Es aquel que mantiene un compromiso original de hombre. El compromiso como un quehacer radical o totalizador, que rechaza las racionalizaciones…No puedo en los días lunes asumir compromiso como hombre para, en los días martes, asumirlo como profesional…”

“Debo ser profesional y hombre al mismo tiempo en el cumplimiento de los compromisos…Mientras más me capacito como profesional, mas sistematizo mis experiencias, cuanto más me sirvo del patrimonio cultural que es patrimonio de todos y al que todos deben servir, más aumenta mi responsabilidad con los hombres…no puedo por ello mismo, burocratizar mi compromiso de profesional sirviendo, en una inversión dolosa de valores, más a los medios que al fin del hombre”…

”No puedo dejarme seducir por las tentaciones míticas, entre ellas la de mi esclavitud a las técnicas, que siendo elaboradas por los hombres son sus siervas y no sus señoras. No debo admitirme, como profesional, “habitante” de un extraño mundo; mundo de técnicos y especialistas salvadores de los demás, dueños de la verdad, propietarios del saber que debe ser donado a los “ignorantes e incapaces”. Habitantes de un ghetto de donde salgo mesiánicamente para salvar a los “perdidos” que están fuera. Si así procedo no me comprometo, verdaderamente, ni como profesional, ni como hombre. Simplemente me alieno en el conocimiento”.

Y que razón tenía Freire en sus palabras, quizás eso marque la diferencia entre los maestros o catedráticos que actúan sólo como hombres “simples” y no como hombres profesionales de la educación, esos que están en constante perfeccionamiento y que buscan superar el especialismo, mismo que convierte al maestro en erudito o “vaca sagrada del conocimiento” y que lo despega de la realidad. Superarlo implica dar entrada al “hombre de ciencia”, que en su catedra o en el ejercicio de su profesión, investiga y amplia el conocimiento preparándose constantemente, aplicando sus conocimientos y compartiéndolos con otros especialistas para obtener lo mejor para la humanidad. Éste que reemplaza la técnica ortodoxa y vertical, por la percepción crítica y que da paso a la creatividad que flexibiliza las ideas y a la apertura y generación de nuevas sapiencias. ¿Y todo para qué?, simplemente para servir siempre bien a la humanidad.

Es decir el maestro mientras enseña también aprende. Es falso que el maestro lo sepa todo, como hombre estudioso sabe lo necesario para completar un programa de estudios pero, como especialista y profesional de la educación sabe que puede y debe ayudar a la humanidad y por eso pone al servicio de ella su conocimiento. En eso estriba la diferencia entre unos y otros.

Concluyo mencionando lo que igualmente Freire sostenía: “El hombre es sujeto de su propia educación, no puede ser objeto de ella”, dicho más sencillamente, “nadie educa totalmente a nadie”.

Como maestros entonces debemos partir, de reconocer que todos tenemos una riqueza y una potencialidad natural y que como educadores, debemos ser los primeros en contribuir a que en los discípulos emerja con fuerza. Porque en esa fuerza, estará la base para transformar sus vidas y al mundo.

Cuando sepan todos los catedráticos distinguir esas fortalezas y las logren mover hacia la dirección correcta obteniendo los mejores resultados, habrán contribuido con creces con la misión profesional educativa y ello sin duda reanimará por siempre el orgullo de ser: maestros.

Felicidades a los Maestros y maestras en su día y que Dios les de mucha luz para saber guiar a sus educandos por el camino del conocimiento, de la verdad, del respeto y de la superación.
Gracias y hasta la próxima.