El niño descuidado

31 octubre 2015 | 16:25 hrs |

Por Dra. Zaida Alicia Lladó Castillo

Para recomponer el tejido social hay que educar a los padres, para que con su ejemplo fomenten la creatividad y los valores que dan sentido a la vida de los hijos y, hay que recomponer la política social del estado, con un nuevo modelo manejado por hombres honestos, que pongan en el centro, la atenciòn a los problemas más urgentes de la humanidad.

Dra. Zaida Lladó

Está comprobado que existe una relación muy estrecha entre los casos de desatención infantil –en el hogar y en la escuela–, y las crisis sociales que hoy padecemos. Y es que este problema se dejó correr por décadas, se vio con ligereza, se incrementó en nuestro país y en el presente estamos pagando las consecuencias.

Y se hace evidente, por el aumento en los índices de niños auxiliados por los Sistemas DIF estatales o municipales, en los Centros de Integración Juvenil (CIJ), en los reformatorios, etc., donde llegan niños y adolescentes reportados como desatendidos, maltratados, abandonados o no orientados desde su hogar, resultado de: a) familias disfuncionales—en pobreza o riqueza–, donde se concentra más la atenciòn a los problemas de diferencias personales en las parejas y a vicios o adicciones), b)  padres que están inmersos en su vida social y colocan en un plano secundario la educación de sus descendientes,  c) hijos no planeados producto de parejas descuidadas, noviazgos o uniones libres, donde no median compromisos, d) padres que trabajan todo el día—con dobles y triples jornadas–, para llevar el sustento diario, e) aumento de número de reprobados en los centros escolares o alto ausentismo, f) niños que pasan demasiadas horas desocupados y que son enganchados por bandas delincuenciales, ciber-acosadores o pederastas, e) incremento de niños que vagan sin rumbo en la calle, o en casos extremos, g) que participan en actos socialmente desadaptados o delincuenciales.

Y esto, no es más que consecuencia de la marginación, descontrol, falta de atenciòn o abandono de un niño en su propio hogar y en la sociedad y, sucede a cualquiera, independientemente del nivel económico o social que ostente:

Son niños que por lo general están solos, sucios, comiendo sopa fría o cruda por hambre, algunos ni siquiera van a la escuela. Y eso es doloroso, puesto que el descuido de menores, en muchos estados, no está tipificado como delito, entonces los padres y madres que incurren en el hecho, no son castigados o van a la cárcel. Los niños cuando están solos, corren otros riesgos, como ser abusados por parejas sexuales de las madres, padrastros, familiares cercanos, etc., o en su caso, vecinos que los maltratan o violan”. (Agencia especializada en delitos contra el niño y la familia)

Y esa es la triste realidad de muchos niños y adolescentes en nuestro país, que están exigiendo de todos el esfuerzo, para detener el problema del descuido severo, que les destina a padecer inseguridades y problemas de salud física y emocional y que ha llevado como consecuencia, a la existencia de una nueva generación de jóvenes y adultos con grandes frustraciones, con problemas de alcoholismo y drogas, con exageradas ambiciones y que para satisfacerse, utilizan prácticas para ganar dinero fácil, que le rehúyen a los compromisos o al trabajo honesto, que están enojados con la vida y lo manifiestan de diferentes maneras en la familia, escuela, trabajo y sociedad.

Pero ¿Cómo no va a estar roto el tejido social en nuestro estado, país y en el mundo, si los semilleros están débiles y desprotegidos de origen?

Uno de los aspectos a considerar son las legislaciones sobre el tema. En México nuestra Constitución Política [1]establece en su art. 1º, la garantía de protección de los derechos humanos, reconocidos por la misma a todo mexicano; así como el art. 4º en su párrafo segundo y sexto,  donde establece el compromiso del Estado para que,  todo mexicano pueda tener acceso a la alimentación sana y,  la familia, a una vivienda digna. Pero en ningún momento prevé –con claridad–, el compromiso de los padres, para garantizar alimentación, salud y protección a los hijos. Todo se remite al Estado.

La ley General de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes, de diciembre de 2014,[2] igualmente en su art. 1º, párrafos I al V, establece el reconocimiento y garantía a los derechos de los niños y adolescentes, en el pleno ejercicio, respeto, protección, y promoción de sus derechos humanos, creando el Estado además, el Sistema nacional de protección integral de los derechos de éstos.

En el caso del Estado de Veracruz, se derogó la Ley número 299 de la Constitución local y se creó en Junio del presente año, la nueva Ley de Protección de Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes para el Estado, que establece entre otros importantes principios: la evaluación de prácticas de desarrollo social vinculadas a la protección de los derechos de las niñas, niños y adolescentes, encargándolo a un organismo especializado en la materia, acordado por el Sistema de Protección integral. Así mismo, que las autoridades estatales y municipales adoptarán medidas de protección especial de derechos para éstos, en especial los que se encuentren en situación de vulnerabilidad por circunstancias específicas, que pueden ser de carácter: socioeconómico, alimentario, psicológico, físico, de discapacidad, identidad cultural, origen étnico o nacional, situación migratoria o de ciudadanía; o bien relacionada con aspectos de género, preferencia sexual, creencias religiosas, prácticas culturales u otros que restrinjan o limiten el ejercicio de sus libertades.[3]

Pero, aun existiendo las legislaciones y los instrumentos jurídicos, como antes decía, la ley no contempla castigos a los padres que no cumplan con su obligación, y el problema sigue aumentando, lo que significa que las causas siguen latentes en la familia, escuela y sociedad.

En el presente, hay factores ineludibles de la vida moderna, que se toman como causales—justificadas o injustificadas–, del descuido de los hijos, entre otros: a) la emancipación de la mujer mal enfocada y la no planeación de los hijos, b) las presiones actuales que obliga a las parejas a trabajar y a tener menos tiempo para dedicarles, c) la falta de coordinación y organización de los padres que afecta la atención a los hijos, d) las expectativas de superación de las parejas que alteran la dinámica familiar e) la carencia de la trasmisión de valores, deberes y obligaciones.

  1. La emancipación de la mujer (mal enfocada) y la no planeación de los hijos, adoptada por algunas mujeres que piensan que, porque hoy la ley les protege para aspirar a la igualdad, pueden llevar una vida de libertades máximas y por ello delegar la obligación del cuidado de los hijos, desentendiéndose de esa función. Pero, una cosa es que las mujeres aspiren a tener los mismos derechos que los hombres, y otra que se tome de pretexto, para no cumplir con las responsabilidades que le corresponden en el hogar. Siendo el compromiso compartido,–hombres y mujeres– en todos los aspectos.

 

Igualmente, la no planeación de los hijos o la paternidad inmadura o irresponsable que conlleva a descuidos –involuntarios–, o actos premeditados de una parte, en las relaciones sexuales sin protección o corriendo riesgos de un embarazo cuando no es el momento ni el tiempo para hacerlo. Hablo de: embarazos en niñas y adolescentes, o aquellos que se dan en la etapa de cuarentena que sorprende a las parejas, o cuando ya se tienen muchos hijos y las condiciones económicas son limitadas y llega otro no planeado, que se convierte en no deseado.

 

  1. Las presiones de la vida moderna, la competencia profesional, el subempleo, etc., han obligado en el presente a que la mayoría de las parejas trabajen, más de una jornada, lo que hace que con mayor frecuencia se delegue la función del cuidado de los hijos a: guarderías, servidumbre, abuelos u otros familiares, lo que en muchos casos es inevitable. Pero eso exige, con mayor razón a los padres, a estar pendientes de los cuidados que han delegado en otros y a estar mejor organizados.
  2. Falta de coordinación de los padres que afecta la atención de los hijos.-Cuando las parejas—unidas o separadas–, no hacen un esfuerzo para coordinar bien sus agendas de actividades, los resultados son un desastre. Las parejas deben agendar juntos lo que sucederá con sus hijos, considerando aspectos tales como: a) quién lleva a los niños a la guardería o centro escolar, b) quién los recoge y lleva a casa, c) quién les dará de comer, d) quién los atenderá en sus deberes escolares, etc. Si se llega a acuerdos mutuos se evitarán trastornos innecesarios. Al final del día, lo ideal es comunicarse los problemas para tomar decisiones en el cuidado de la salud, aprovechamiento escolar, diversiones o entretenimientos de sus hijos. En suma, una buena organización, coordinación y cooperación de los padres es vital para que las cosas en el hogar fluyan adecuadamente.
  3. Las expectativas de crecimiento de las parejas que alteran la dinámica familiar.- Existen etapas en las parejas en las que se pueden acumular mayores presiones de trabajo, o surgir circunstancias no previstas que pueden alterar las formas de organización y ello sin duda, se empezará a resentir en los hijos. Las ausencias de alguno de los padres o de ambos, derivado de un nuevo trabajo, un ascenso, aspiraciones académicas o de superación de éstos, hace que se adquieran compromisos que absorben un mayor tiempo a sus vidas y eso por lógica, es un tiempo que se resta a los hijos. En estos, casos es muy importante cambiar la estrategia de atenciòn, especialmente porque se trata de una etapa especial o nueva etapa que se está viviendo y exige también nuevas formas de organización para que los hijos no lo resientan, procurando dar calidad en la atencion y no sólo cantidad.
  4. La carencia de transmisión de valores, límites y deberes. Si no se transmiten a los hijos, valores, reglas, obligaciones, se hace más complicada la organización familiar. Una buena organización la define la cooperación, el establecimiento de límites, el orden y la convivencia cordial:

1) La cooperación de los hijos, (de acuerdo a la edad), educándoles para que ellos adopten buenas reglas urbanas, de alimentación, de protección a su salud, etc. tales como: dormirse temprano, consumir comida sana, arreglar el uniforme en la noche, despertarse a tiempo, asearse, arreglar su cama o cuarto, hacer la tarea, bolear sus zapatos, ayudar con los deberes de la casa, etc. Si el involucramiento de los hijos se da, la carga será menos dura para los padres.

2) El establecimiento de límites y el orden, hace que se acostumbren los hijos a vivir con valores, reconociendo que sus derechos terminan donde empiezan los derechos de los demás, y que su libertad debe saberla controlar. Eso se puede y debe transmitir desde tempranas edades, para que sean en el futuro personas adaptadas y aceptadas en todos los grupos en que convivan.

3) La convivencia cordial, es un espacio insustituible, que se debe propiciar en los tiempos libres donde prevalezca, preferentemente, la integración familiar. Y en caso de que las parejas estén separadas, no es pretexto para perderse esas oportunidades con los hijos. La ausencia de los padres nunca deberá ser compensada con regalos o premios—a menos que haya conductas meritorias para hacerlo–, pero sí se debe reforzar con afecto. Hoy los hijos se sienten solos, porque son hijos únicos, o son par de diferente sexo, o de diferente padre, y no se les enseña a convivir en comunidad: con primos, amigos, etc. Desgraciadamente para muchos, su nueva familia son los celulares, las tabletas, el internet, los video-juegos y la TV. Esos instrumentos llenan sus vacíos emocionales y por eso son presa fácil de la violencia por las imágenes que ven, de enganchadores o ciber-acosadores, en suma, se pierden de vivir experiencias propias de su edad, de comunicarse directamente, de generar creatividad individual y de lograr trabajo en equipo.

En resumen, recordemos que los niños y adolescentes son la esperanza del mundo, es desde ahí donde debemos empezar.

Cuidarles y protegerles es deber del Estado, pero principalmente lo es de la paternidad madura, inteligente y responsable, que ofrece–juntos o separados–: respeto, comprensión, madurez, seguridad y confianza a sus hijos, y que se convierten en modelos adecuados para esas nuevas generaciones, para que éstas sepan disfrutar de sus derechos reconocidos y cumplir con sus obligaciones con la sociedad.

Gracias y hasta la próxima

[1] Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos

[2] La ley General de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes, diciembre de 2014

[3] Ley de derechos de niñas, niños y adolescentes del estado de Veracruz, Junio de 2015.