El más bello de España

25 octubre 2017 | 12:42 hrs | Gilberto Haaz Diez

*De Javier Cercas: Casi nadie reconoce la historia cuando reaparece. Algunos, porque ni siquiera la conocen, otros porque han leído a quienes la cuentan mal. Camelot.

 Se sigue caminando y se llega al más bello edificio de España, el que fue anteriormente Correos. Uno se extasía en esa glorieta y se queda como lelo, abobado como Anaya cuando se le fue Margara, viendo esa gran obra de construcción, que muchas de ellas sobreviven y están en nuestro México, muy parecidas, sobre todo las del Centro Histórico, que estos mismo construyeron cuando nos llegaron sin permiso a conquistarnos, un tal Hernán Cortés y su flota montada a caballo, luego llegó la arquitectura urbana española y después con don Porfis la europea, para llevar al mismo segundo de a bordo del ingeniero Gustav Eiffel, a hacer una parte de la herrería del Monumento a la Revolución. Me cuentan que este bello edificio tiene una cafetería restaurante con bella vista a la Cibeles. Intentaré ir. Fue Correos, Comunicaciones y ahora se le conoce como Palacio de la Cibeles, allí donde el Real Madrid celebra sus triunfos espectaculares, las copas o los títulos. Nada de que le ganó como el América al Pachuca y la perrada se va al Ángel de la Independencia mexicano, aquí solo los títulos. La elección del sitio generó cierta polémica en su época por privar a Madrid de un lugar de recreo. Se inauguraría oficialmente el 14 de marzo de 1919, comenzando su funcionamiento como moderna central de distribución de correos, telégrafos y teléfonos. Pues a toda capillita le llega su fiestecita. Y ahí nos tenéis en la azotea de correos. Cobran por entrar, 4.50 euros por persona, mismos que te descuentan cuando consumas algo, para que no vayas solamente de mirón. Al trepar el elevador, la seguridad nos checa como control de aeropuerto, las bolsas y los celulares pasan como cuando vas al Bingo. Subes el ascensor, como acá le dicen al elevador, y llegas a la Terraza, la primera sorpresa fue que un grupo de trajeados tenían la Terraza ocupada, la privatizaron por unos quince minutos, me quejé con el mesero, la Terraza debe ser de todos, a eso venimos. No se ve gran cosa, lo único que se ve preciosa es la Fuente de la Cibeles, concebida por Carlos III, cuando bajó de su caballo, se quitó el sombrero y dijo ahí está, la Puerta de Alcalá, según canta la canción. Eso en el siglo XVIII. Bella como ella sola, en México hay una réplica en calle cercana a Insurgentes, en la colonia Roma. Pues después de tomar unos asientos cómodos en la misma azotea, y esperar que se fueran los apropiados trajeados, nos acercamos y pudimos tomar una foto bella, después de una chela bien fría y un café partimos de regreso, lo sorpresivo es que cuando pedimos la cuenta casi no fue nada, ya habíamos pagado por entrar. Pero lo que vale la pena es el bello y viejo edificio de Correos, hoy Ayuntamiento.

 LOS IDIOMAS AUTONÓMICOS

 Cierta vez en ese lugar, donde hoy los bosques no se llenan de espinos, se llenan de gritos de Independencia, platicaba con un chófer en lo que me trasladaba a la Sagrada Familia, esa gran obra de Antonio Gaudí, que siempre está en obra y el par de veces que he intentado entrar, después de formar una cola como las de Chedraui cuesta menos, cuando se paga en las cajas, no he entrado porque la primera vez, con mi esposa Matilde, cuando formábamos cola como en uno de Cinepolis, un viejecito nos dijo que ese día jugaba el Barcelona el torneo Joao Gampers, nombre de un presidente de club. Pues que dejo la Sagrada Familia para otro tiempo,  me persigno como me enseñó el Padre Marcos y me voy a la taquilla de ese estadio señero, donde vi debutar a Leonel Messi y donde Rafa Márquez, nuestra gloria futbolística, metido hace unos meses en un lio fiscal con los americanos y mexicanos, y que ya va saliendo de eso a Dios gracias, diría Kamalucas, Rafa se enseñoreaba en los estadios europeos y mundiales como uno de los dos o tres mejores centrales de Europa. Era nuestro Príncipe  Beckenbauer, y mucho nos enorgullecía. La noche más tarde del otro día de ese juego, tuve la suerte en verle en el hotel Art, frente a la bahía, donde fui a cenar en Barcelona, al encontrar a Rafa Márquez le pedí posara para una foto que nos tomamos y guardo con mucho cariño, de un buen recuerdo de la primera vez que fui a Barcelona y no vi la Sagrada Familia, pero vi a esos otros extraterrestres futbolistas, cuando al equipo lo lideraba Ronaldinho. Al presentarlos, como ahora, los presentan en su idioma, el catalán, y su himno por igual. Como no logro entender qué hablan, voy a Wikipedia: El idioma catalán (català es el autoglotónimo y la denominación oficial en Cataluña, las Islas Baleares, Andorra, la ciudad italiana del Alguer y denominación tradicional en la región francesa del Rosellón). Sigo sin entenderle.

 LAS COMIDAS

 He dicho que en Madrid, como en muchas partes de nuestro país, se puede comer muy barato o se puede comer caro, como uno ande en el bolsillo. Miren, al pie de la Gran Vía, cuando se camina entre las calles aledañas, hay changarros ofreciendo por 14 euros una sopa y una paella y un vino de casa, el vino medio pinchón, pero tampoco por 14 van a darte un Vega Sicilia, el que toman los adinerados, yo solo una vez probé una copa, y eso porque me la invitó un amigo, mi religión me prohíbe tomar tan caro, y luego ni tomo. Pues la hermana de Pepe, Alicia, con su hija, Sara,  nos han llevado a recorrer dos buenos restaurantes, el primero fue el ‘Barril de la Moraleja’, y apenas ayer uno llamado ‘Amazónico’, que oferta su publicidad restaurante jazz-club, aunque no le entramos al jazz ni al club, solo a las carnes y las lubinas y unas ensaladas y el buen comer de Madrid, que en México se piensa mucho en ti. Está ubicado en Jorge Juan 20, calle paralela a Serrano, después de los postres, un helado y un flan, al final caminamos por esa misma Serrano hasta llegar a Plaza Colón, donde un millón de españoles fueron a gritar que estaban en contra de la Independencia de Cataluña. Caminamos hasta el hotel Liabeny, pasar la calle Recoletos, entrar en el numero 21 al café Gijón, donde la crema de la intelectualidad allí abrevó, gente como Camilo José Cela y Pio Baroja y ahora Fernando Savater y muchos de esos escritores españoles y no españoles, que le han dado  honra a las letras. Ese café data de 1888 y lo instaló un asturiano llamado Gumersindo, ahí está viendo pasar el tiempo, como la Puerta de Alcalá. Ahora voy al Wikipedia: “En sus sillas han pasado largas horas personajes como Federico García Lorca, Gerardo Diego, Benito Pérez Galdós o Valle Inclán, y otros estuvieron más de paso, como Dalí. Incluso en sus salones han estado sentados Franco, Santiago Carrillo y Saddam Husseim. Lógico, cuando estaban vivitos y coleando. «Durante años se dijo que era más prestigioso tener una silla en el Café Gijón que en la Real Academia Española». Pues uno, por no dejar, llegué, me senté, tomé un café y me fui a ver si algo se me pegaba, de aquellos grandes escritores.

Comentarios: haazgilberto@hotmail.com

*Esta es opinión personal del columnista