El implacable fiscal Winckler (parte II)

27 febrero 2018 | 11:03 hrs |

Por Gilberto Haaz Diez

 

*Del Mandela original, no el de Poncho Romo: “La gente tiene que aprender a odiar, y si ellos pueden aprender a odiar, también se les puede enseñar a amar, el amor llega más naturalmente al corazón humano que su contrario”.
Camelot

El pasado fin de semana, y ayer mismo en la versión mundial y española del afamado diario El País, nos despertamos con un reportaje de una terrible tragedia vivida en Veracruz. Titulado ‘Los escuadrones de la muerte en Veracruz’, firmado el mismo Día de la Bandera, por el excelente reportero Jacobo García, en la ciudad de Xalapa, va detallando los pormenores de una tragedia veracruzana, cuando los policías se confabularon con la delincuencia y entregaban a la gente para ser aniquilada y desaparecida. Como sigue ocurriendo en muchos sitios, como ocurrió en el pasado en muchas ciudades y creo que ninguna se salvó, como ocurre ahora mismo donde tres italianos fueron detenidos en Jalisco y las policías, entre ellas una mujer, los llevaron con la maluria, para entregarlos por 43 euros la recompensa, se queja la familia desde Italia. Un México que no nos merecemos y se debían cambiar las leyes para que, cuando sean policías o funcionarios, como en tiempos de mi General Villa, sean ahorcados de inmediato, en privado para que la gente no vea esas cosas. Caló tanto eso que una amiga me escribió desde España, aterrorizada. Con la foto en portada de la señora María del Carmen Sánchez, de Coatepec, del Colectivo por la Paz Xalapa, que busca a su hijo y muestra un cartel de su desaparición desde 2013. Hay panteones ocultos en muchos lados, se llegó al grado de que en los patios de las policías municipales, se sospechó que había gente allí enterrada clandestinamente. Al otro día, El País detalló con la versión del Fiscal Jorge Winckler. Conozco al Fiscal de hace poco tiempo. He platicado unas cuantas veces con él y una vez, cuando el proditorio y doloroso crimen del periodista Ricardo Monluí, de Córdoba, le acompañé como Comisionado de la Ceapp a atender a la familia del asesinado, sé y conozco de su preocupación por encontrar a los maleantes que delinquen y por escarbar entre las tierras para encontrar a todos aquellos y aquellas personas que un día las desaparecieron y quién sabe dónde se encuentren. Tumbas anónimas, olvidadas, las familias los quieren para darles cristiana sepultura, tener dónde llevarles sus flores e irles a rezar y llorar, por eso es el trabajo de la Fiscalía, muy pesado, para dar con el paradero de tantos y tantas que se perdieron en la oscuridad, esa terrible oscuridad que todo protege. Benditas sean esas madres, que buscan a sus hijas y a sus familias.

EN LA FERIA DEL LIBRO (FIL)
He estado un par de ocasiones en la afamada Feria del Libro de Guadalajara, creada en 1987. La número uno de habla hispana y la segunda feria de libros más grande del mundo, después de la Feria del Libro de Fráncfort, en Alemania. No la supera nadie, y tiene tanta fama que allí llegan los mejores escritores de libros y columnistas de diarios, los afamados españoles de El País y El Mundo de España. Debía asistir algún día, para nosotros los que nos ha dado por escribir por regularidad para algunos diarios y portales y blogs, era necesario ir alguna vez. Es como ir a la Meca de los libros. Vez tantos que no sabes por dónde empezar a comprar. Allí llegan los afamados, los galardonados y algunos Premio Nobel. Mexicanos, muchos, muchísimos. Es un hervidero de gente. Hay tantos libros como estrellas tiene la noche, diría un clásico. Me ha dado, desde que tengo uso de razón, de comprar libros, tengo desde algunos que me costaron en mi juventud, 40 pesos, que quizá hoy serían los 400 que llegan a valer. He pujado y suplicado por ellos. Cierta vez, en Santander, la Cantabria española, me metí a una librería y jalaba uno tras otro, lo que mis euros me permitían, oscilan entre los 40 euros por libro, dependiendo editorial y autor. Mis españoles favoritos son Juan José Millas y el gran Manuel Vicent y Raúl del Pozo o el uruguayo Eduardo Galeano, quien más escribía y sabia de fútbol, hoy lo hace Julián Ruiz, con su columna El cortador de césped, y las mujeres Rosa Montero y Elvira Lindo, y la argentina Leila Guerreiro y algunas otras. De México, admiro a los grandes y los leo cuando puedo. En Santander, cuando partía de regreso la empleada del mostrador de Iberia me sacó como unos 100 euros extras por el peso de la maleta, los libros pesan y es difícil traerlos en los vuelos, ahora las compañías de aviación no dan para dos maletas y hay que pagar la otra extra, siempre y cuando no te pases de los 25 kilos que autorizan. Gachos. Peleaba con ella que la cultura debe ser subsidiada, me veía con cara del Peje a Meade y Anaya y tuve que desembolsar, so pena que se quedaban. Luego, poco tiempo después comencé a comprarlos por línea Internet a la tienda del Corte Inglés de Madrid, y llegaban a la semana o diez días y el costo del flete no era tanto. Ya despuecito, los compro todos en México. Me meto a las grandes librerías por dónde ando. El Aleph de Madrid y una vez en El Péndulo, de Argentina, considerada por el diario The Guardián como una de las 10 librerías más hermosas del mundo.

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Esta es opinión personal del columnista.