El hecatombe de México

21 julio 2017 | 11:48 hrs | Gerardo Kanagusico

El martes 9 de mayo, diferentes medios divulgaron un reportaje del informe anual del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS), con cede en Londres. El artículo indica que México es el segundo país que vive una situación de violencia mayor en número de muertos. A México sólo lo antecede Siria –si Siria que vive una guerra civil desde hace 6 años-. IISS contó, en el 2016, un total de 23 mil personas, a diferencia de los 20 mil 824 homicidios que contabilizó el Sistema Nacional de Seguridad Pública. Aunando a esto, los países que secunden a México son Irak y Afganistán, países en constante conflicto bélico en los últimos 15 años.

¿Siria, Irak y Afganistán pueden considerarse Estados fallidos? La características de un Estado Fallido son, principalmente, un conflicto bélico entre distintos actores en busca del poder, mediante la radicalización política o religiosa de la población. Así como, en no poder garantizar los derechos básicos a la sociedad. Entonces, se puede categorizar a dichos países como Estados fallidos, la respuesta es si.

Durante el sexenio de Calderón analistas, académicos y la opinión pública discutían si México era o no un Estado Fallido. Para muchos si lo era, no obstante, en los últimos años, a pesar de la estrategia de comunicación gubernamental, de ocultar y negar lo que sucede, lamentablemente, siguen pasando más cosas. El país no avanza y cada día los principales problemas nacionales toman mayor complejidad.

El 22 de junio, el Programa de Derechos Humanos de la Universidad Iberoamericana, dio un informe respecto al número de fosas encontradas del 2009 al 2014. Los datos señalan que aproximadamente existen 1,000 fosas con 5,786 restos humanos encontrados. Cifras ni cercanas a las oficiales. Los gobiernos federales ni estatales cuentan con los recursos humanos y materiales para poder conocer la identidad de los cuerpos. Y por si fuera poco, los grupos de activistas son constantemente amenazados por el mismo gobierno y grupos criminales. Recientemente, fue asesinada una de las principales activistas en Tamaulipas, la Sra. Miriam Rodriguez. Ella, ayudaba a investigar las fosas en San Fernando. Y no muy lejos de ahí, en Reynosa, el toque de queda ya es parte de la vida cotidiana de sus habitantes.

Por otra parte, en lo que va del año, se han asesinado a 7 periodistas. No hay mes que no desaparezca o maten a uno. En lo últimos 17 años han sido asesinados 109 periodistas. El mecanismo para la defensa de los periodistas y de las garantías individuales es obsoleto. No existe ningún persona enjuiciada por los crimines en contra del gremio. El país se está ahogando en la impunidad y corrupción. ¿Qué se puede esperar de un país que mata la verdad?

A pesar de la coyuntura con los periodistas y activistas, el New York Times publicó un reportaje donde señala que el gobierno mexicano se ha dedicado a espiar a diferentes periodistas y defensores de derechos humanos. Sin embargo, la respuesta del gobierno, una vez más, fue desacertada, sin una estrategia de comunicación y retadora. Incluso, amenazó a aquellos que señalaron la total responsabilidad del gobierno.

Por otro lado, cada día hay más pobres en el país. En el último reporte del CONEVAL (2015) expresa que hay 55.3 millones de pobres. Es decir, uno de cada dos personas vive en pobreza. En términos educativos tampoco se tienen mejorías. Se han invertido la mayor cantidad de recursos económicos para mejorar las escuelas y dar continuidad a los programas sociales. Sin embargo, en la prueba PISA 2015, México, no tuvo cambios significativos. Los datos sobre la corrupción cada día cambian, son incuantificables ante la magnitud del problema. El Sistema Nacional Anticorrupción parece haber nacido muerto, ya que el comité de acompañamiento ciudadano decidió renunciar ante las diferentes omisiones de los senadores por la designación. A la fecha hay gobernadores, secretarios de Estado y funcionarios con inmunidad y si sigue sin pasar nada. Y por si fuera poco, México tiene de presidente a un pusilánime sin carácter ni autoridad, tal y como lo mostró (otra vez) al mundo en la reunión del G20.

Entonces, ¿México es un Estado Fallido o no? Es una reflexión profunda y aquellos que arguyen que México no es un Estado Fallido expresan que no lo es por distintas y “sencillas” razones; la existencia de los tres poderes, cómo tal no hay una guerra civil (aunque cada mes se vuelve más violento), medianamente hay democracia, aunque se cuestione las actividades del INE que cada día tiene más y complejos problemas. Se creyó que la democracia era alternancia pero no fue suficiente. A un año de nuevas elecciones presidenciales no existe un proyecto para establecer un nuevo pacto social, prácticamente no existen partidos . A la clase política se le han acabado las ideas y sin ideas es peligroso cualquier discurso.

Por lo tanto, ¿qué otros acontecimientos deben de suceder para que México sea categorizado como un Estado Fallido? El objetivo de categorizarlo de ésta forma es enfrentar la realidad correctamente. Es decir, ubicar en el espacio y tiempo lo que pasa con el Estado mexicano. Así, posteriormente hacer otros cuestionamientos que permiten conocer la capacidad de intervención de la sociedad y rescatar aquello inmerso en el socavón. Y si no es un Estado fallido, ¿qué es?

De ser así, uno de los primeros pasos para la reconstrucción del Estado es aprender a mirar atrás, enfrentar y aceptar los errores para sanar ese pasado. Debido a que esto es México, un hecatombe, sucesos constantemente trágicos que producen grandes destrucciones y muchas desgracias humanas y materiales, ocurrido en un ambiente de normalización.