El grave problema de la seguridad perdida. Parte Uno.

8 mayo 2017 | 10:00 hrs |

Por Jorge Miguel Ramírez Pérez

“La sociedad es obra de lo imaginario instituyente”.
Cornelio Castoriadis, en “ciudadanos sin brújula”

 

Casi catorce años sin que las autoridades sepan qué hacer con la seguridad en Veracruz. Todos dicen entender el problema, pero los hechos y las inconsistencias demuestran que cada vez se van amaneciendo a sorpresas para ellos. Y gana la idea de la ineptitud de los que no saben ni por donde comenzar.

Así de grave es el problema, que para colmo no se tiene una idea completa del asunto. La falta de método lleva directo a las operaciones, que se sustentan en dos cosas: echarle la culpa al de antes, que es la parte cierta; y salir a dar palos de ciego, a ver si de chiripa y gritando le atinamos a la piñata. Porque en México en todo el país, no le entienden al asunto de la seguridad y solo se montan sobre sus falsos beneficios. Todos creen que es cosa de policías.

Esos errores conceptuales empezaron con Morales Lechuga, cuando le confiaron el Programa Nacional de Seguridad en los años ochenta, y Nacho un tipo de monólogos, sin capacidad de escuchar, diseñó según él, lo que le dictaron los de la Sureté francesa, que fueron a los únicos que tomó en cuenta para coordinar la seguridad del mundial de futbol.

Por supuesto que Don Fernando el cancerbero del esquema de seguridad de “guerra fría” de los estadounidenses, se enojó porque al hacerlo a un lado, dejaban fuera a las inteligencias mas pesadas del continente, a quienes servía “El Pollo” con devoción.

Ese programa francés ha sido exactamente en cuanto esquema sigue vigente, el mismo que a nivel nacional, ha servido para discursos, para inventar enormes y costosas burocracias, para adquirir aparatos sofisticados para escuchar todos los chismes de amantes y tranzas, para equipar patrullas, uno de los pingües negocios; y para meter cuates que se uniforman; y lo peor, se la creen, que son unos rambos o galanes del cine mexicano al estilo de Pedro Infante, que ligan y lanzan miradas retadoras al amparo de nubes de guaruras, que a la mera hora son de a mentiras, porque siempre los matan los malos y ellos, a ninguno.

En ese dichoso cuento se hablaba de correr a los malos policías, de tener un registro de todos ellos, pagarles mejores salarios, y de pilón proponía Nacho, algo también del cine de oro, porque no creo que fuera su experiencia de niño: el novelón del policía de barrio, al que no pocos idealizaban; un cuico o tecolote que se conformaba con sobras de las fiestas de los vecinos ricos, una coca-cola y una palmadita, en vez de propinas en constante y sonante. Porque México era un país controlado. En paz, porque no pasaba nada, la dictablanda se encargaba de desaparecer tanto delincuentes espontáneos, como disidentes idealistas.

Y dicen todos ahora: ¿Qué pasó?

En principio, el programa madre siempre tuvo errores no solo de concepto, sino prácticos, de operación; como cuando conocí su borrador y le pregunte a Morales, ¿oye y cómo vas a controlar o saber que va a pasar con todos los policías que vas a correr?

No respondió, porque ese señor no dialogaba y dudo que lo haga, no es político solo imponía lo que creía genial, o sea lo suyo. Desde entonces, hasta hora el concepto es confuso, difuso y muy profuso en la verborrea de los burócratas que mandan y desconocen la realidad de manera evidente y como decía Hermenegildo Torres, el filósofo socrático que son esféricos, porque que desde el punto de vista que se les vea son tontos.

Y en esas carencias hemos tenido a como estrategas a nivel nacional: ex cadetes del Colegio Militar como Gutiérrez Barrios o de la Barrera; abogados como Vázquez Colmenares, perdona-vidas como García Paniagua, matemáticos como Zorrilla y hasta informáticos como Tello y Genaro García; y encuestadores como Valdés en el pasado. Y hoy parece no hay nadie en la nave.

Si en México, la gran capital, tenía por estrategas peones sin proyecto estructurado, con muchos gritos, eso sí; y todos empistolados. Imagínese que en los estados las policías estaban concesionadas al jefe de la Defensa o a los recomendados del Estado Mayor, o sea, puros cuates.

Y los cuates, son cuates; es decir, camaradas de francachela, porros amigos de los grillos, como era Durazo amigo de López Portillo. Y por supuesto a esos perfiles les interesaba el amigo nada más, lo que es su familia, de la que se sentían guardianes, fieles mastines y punto. ¿El pueblo? ¿que es eso? En ese vacío, ser de seguridad era sinónimo de confianza y ya.

Claro está que al paso del tiempo el país y su regiones, sin autoridad real; suelto el pueblo y los malosos siempre cerca de los mandos policiacos. Todos juntos, organizaron la forma de perpetuar la naturaleza coyuntural del poder criminal, para convertirlo en algo estructural; y además, en algo muy íntimo y cercano al poder político, mediante los “negociadores” entre los poderes públicos y los poderes de la malignidad; corrompiendo las instituciones que aparentaban perseguir al crimen y eliminando a todos los que estorbaran en los planes de ese híbrido de poder sin adjetivos.

Y ahora Peña y su partido se desgarran las vestiduras con lo de los huachicoleros, como si desde hace décadas, esa mafia que es el corazón del crimen organizado de la vertiente del Golfo y el centro del país, del que se desprenden más negocios ilícitos, fueran una novedad para los “expertos en la seguridad”.

En ese negocio de miles de millones de dólares, porque la gasolina se cotiza en divisas; están directivos, técnicos, y el sindicato de PEMEX; las empresas que limpian los derrames, que son de los mismos; los transportistas que mueven el combustible; los policías de los tres órdenes de gobierno, los mandos de las fuerzas armadas que están en el campo y por supuesto, los consumidores; y los miles de delincuentes dispuestos a echarse un tiro con el supremo gobierno, como ya se vio; que además como aducen en las redes, que se cansaron de ver la impunidad de los que gobiernan y en plan ranchero, dicen “ya nos toca” fregar a PEMEX, porque ellos no se cansan de fregarlo.

Ese discurso que esconde manipulación, porque por lo menos desde principio de los noventa ya es un negociazo la succión organizada de ductos; a la vez refleja una terrible verdad social, la gente fregada, sin esperanzas, sin empleo, en el abandono más completo; están hartos. Y para mí, los que deberían resolver, ya le rascaron lo que no se le debe rascar al tigre, antes de tenerlo inmovilizado.

Como decía Reyes Heroles ya despertaron al México bárbaro y entonces hace click, lo del muro fronterizo, porque tanto descontrol y tanta corrupción, están llevando las cosas a confrontaciones, que pudieran desembocar en un corredero para al otro lado, un: ¡sálvese el que pueda!

Y no es un asunto del modelo neoliberal como dicen los simplistas, porque el modelo neoliberal son los países avanzados, son los que están al Norte de México, es Europa, es Japón y es Corea( la del Sur), es Singapur; y son Australia y Nueva Zelanda, ese es el “modelo neoliberal”. El de aquí, es un modelo, pero de ladrones insaciables.