El Extremo de la Patología de La Seguridad

26 junio 2017 | 12:39 hrs | Jorge Miguel Ramírez Pérez

Todas las enfermedades deben estudiarse y la patología es la que lo hace en las personas afectadas. El asunto de la seguridad, su debilidad en México, todo indica que no se ha visto como un fenómeno similar a una enfermedad, que incluso pudiera ser terminal en el sentido social.

Porque cuando se pierden los equilibrios básicos entre la acción del estado y sus interrelaciones sean en sentido positivo de protección a la población; o en el sentido operativo de la razón del estado, al hacer respetar las leyes. Lo que se presenta es un deterioro de la hegemonía de la fuerza del estado y en ese caso cerca o lejos, el rumbo de la descomposición implica que no hay legitimación en términos de Max Weber y las facciones de poder pueden irrumpir hacia rupturas mayores.

Es decir, no reconocen los grupos anómicos supremacía institucional.

Y a mi me da la impresión de que para enfrentar las graves implicaciones e imbricaciones, con las que está en vilo el país: con la mayor tasa de homicidios dolosos jamás registrada a nivel nacional; y sucesos como los de el sábado en Veracruz, donde los excesos de los depredadores como se dijo” bestiales”, muestran que hay no solamente un reto al estado nacional o al régimen estatal, que parecería es materia secundaria; sino que la escalada ya dio un paso, para intentar una clara imposición de las reglas de la barbarie, como forma de dominio irracional y del terror como método rector social.

Y eso, eso necesariamente requiere de un análisis político, porque lo que está en juego es la convivencia social de fondo.

Porque se debe tener un diagnóstico completo, lo más completo posible de esta enfermedad grave. Lo que está sucediendo no es producto de una generación espontánea de delincuentes mas mendaces y desequilibrados, aun cuando no hay que perder de vista que los sicarios como especialistas en la gama de expertos pandilleriles, y como principales ejecutores de la crueldad extrema, son los que tienen en esa escala de infamias, cada vez más preponderancia interna en cada organización, incluso por encima de otras mentes “negociadoras” con los poderes llamados institucionales.

Pero esto no es del terreno del azar, o de la evolución de la lucha del poder entre pandillas, aunque no es descartable también hacer coincidir objetivos subalternos. El golpe a la autoridad federal y los oprobiosos, a menores  y mujeres tienen un mensaje macabro, que va mas allá de un evento aislado de la nota roja.

Es un atentado a causar un mal mayor, mayor que las infamias cometidas, que de suyo son extremas.

Se busca alterar el curso todo del país, afectar el clima pol proceso irreversible ada polayor, mayor que las infamias cometidas que de suyo son extremasde la violencia, sin mediar para ellítico para iniciar un proceso irreversible que impida que la dirección de la lógica, que busca reconstruir se suspenda y quienes han sido los causantes por interés criminal, o por negligencia, o por la combinación de ambos factores, del crecimiento del hampa: intenten regresar para deconstruir lo poco que se hubiera avanzado.

Porque la crisis doble de Veracruz, en lo financiero, porque no tienes ningún margen de maniobra y empeora con el tiempo; y en la seguridad, porque se depende de un sistema cuyas competencias, objetivamente son de otro rango, y no se pasa de idealizar con formalismos, lo que en términos de conjunción de voluntades políticas, no existe.

Lo he señalado desde el año pasado, es mucho mayor el daño de lo que los que lo generaron, como los que la ofrecieron cercenar, creían. Es un tipo de daño histórico, que solo a través del tiempo, después de experimentar las medidas asimétricas por su naturaleza insuficiente, se puede aquilatar el tamaño y peso del desastre ocasionado.

En otras palabras recordando que en estrategia y solo en estrategia, el camino malo es mejor que el pavimentado, como lo afirmara Lutwalk.

Creo que no hay un esquema bien discutido y analizado con tiempo, ni en el terreno económico, ni en el de seguridad, que tengan los de los gobiernos. No por falta de capacidad, que tampoco descarto, sino porque lo inédito, sistémicamente se ha tornado muy complejo.

Tal vez lo escribo por desconocimiento específico, pero lo pienso porque en estos terrenos como en otros del mantenimiento de pautas sociales, hay procesos lógicos que además deben de tener compatibilidad en diversas materias del ejercicio del poder público, pero sobre todo coincidencia en apreciar las dimensiones del problema. Y eso no se ve.

Por lo pronto, ante la perversidad de los que promueven el terrorismo en la seguridad de los veracruzanos; mientras no se entienda que cualquier solución deberá tener por lo menos el mismo tiempo, que duró la incubación del crimen en las extensiones que se presenta; es decir desde Fidel Herrera hacia acá. Y no menos. Lo que resta es sumarse a la indignación del gobernador Yunes y mas allá de andar con desplegados, de los personeros de los regímenes anteriores poniendo infantilmente críticas, por cierto que jamás hicieron cuando la podredumbre crecía, unificar esfuerzos y voluntades para intentar por lo menos, en ese tema mantenerse unidos.

*Esta es opinión  personal del columnista