El Baldón: Los talibanes mexicanos

14 enero 2017 | 19:14 hrs |

Por José Miguel Cobián

En talibania (Afganistán) y en otros lugares donde Musulmania se ha radicalizado los hombres consideran que si una mujer muestra el tobillo, el rostro, o no se cubre de pies a cabeza, merece ser ofendida, lapidada, maltratada, incluso violada o asesinada.

En México consideramos que esas prácticas están muy alejadas de la realidad de nuestro país, creemos que son costumbres de países atrasados a dónde la civilización no ha llegado, y por eso el fuerte (el hombre) discrimina y somete al débil (la mujer) con pretextos de toda índole, pero en particular pretextos religiosos.

Los mexicanos estamos equivocados. Hay muchos paisanos que están al nivel de los talibanes o de los musulmanes más radicales. Tal parece que todavía no acabamos de entender que los hombres y las mujeres somos iguales, y por lo tanto merecemos el mismo trato y el mismo respeto. Tal parece que el acostumbrado machismo sigue tan vigente como siempre, y por ende, la discriminación y la minimización de la mujer en la mayoría de los ámbitos de la sociedad.

Hace muy poco, escuché a un amigo que yo consideraba un hombre del siglo XXI, comentar que tuvo trato con una empresa y que lo atendieron dos jovencitas, que no le pudieron explicar absolutamente nada de una duda técnica que tenía. Lo molesto del asunto es que él explicaba la ignorancia de quien lo atendió en razón del género al que pertenecen. Decía que por ser mujeres no sabían nada de tecnología. Un comentario con un elevado contenido misógino, pues ser mujer u hombre no diferencia en cuanto la capacidad para aprovechar y aplicar cualquier conocimiento. Allí demostró su carácter discriminador y misógino. Debió de haber considerado que no sabían porque no tenían la capacitación adecuada, en lugar de asumir que no sabían por el sólo hecho de ser mujeres.

Cuando esta discriminación la llevamos al ámbito laboral, la situación se complica aún más. Resulta que los hombres no aceptan recibir órdenes de una mujer. Al grado de que en los trabajos del campo, es muy difícil para una mujer ordenar a sus trabajadores de sexo masculino. Lo mismo lo vemos día con día en las ciudades. Por ejemplo en el caso de mujeres que ejercen la arquitectura, cuya mayoría se dedica a labores de escritorio para evitar tratar y sufrir faltas de respeto de hombres que realicen labores de albañilería.

Si te preguntas amable lector, que fue lo que me inspiró a escribir este comentario, te diré que una vez más es la necesidad de reclamar a la sociedad mexicana su actuar. Todo surge a raíz de una foto que publica la cantante Yuri en Instagram y en Facebook, en dónde la veracruzana de 53 años aparece de espaldas mirando al mar vestida con un bikini rojo, y mostrando una envidiable figura para su edad.

Sus compañeros cristianos (sí, esos que hablan todos los días de amor al prójimo) hacen comentarios en las redes sociales que explican y desnudan su verdadera manera de pensar. Te invito a analizar uno de esos comentarios:

¨Eso es lo que buscas que los hombres te falten al respeto, tú lo provocas. Tápese y respétese¨ Este comentario es un verdadero tratado de ignorancia y machismo, mezclados con creencias religiosas falsas. Vayamos por partes. Lo primero que resalta es que acorde al pensamiento de quien publica el comentario, una mujer es la que provoca que le falten al respeto. En su pequeño cerebro, esta persona considera que cualquier hombre tiene derecho a faltarle al respeto a una mujer tan solo por considerar que ella lo provoca por su forma de vestir.

Las comunidades cristianas tendrán que luchar mucho contra esta forma de pensamiento. Se entiende que para apoyar el sentido de pertenencia al grupo recomienden cierto código de vestir, pero resulta repugnante que se estimule la mentalidad de que alguien por su forma de vestir provoca el insulto y las faltas de respeto de otra persona.

Se les olvida que cada quien, cada persona, cada ser humano tiene derecho a ser respetado, sin ser discriminado por ninguna razón. Es decir, nadie puede ser discriminado por su forma de vestir, por el tamaño de su cabello, por sus arreglos en la piel (piercings y tatuajes) , por el color de su piel, por sus preferencias sexuales, por su nivel cultural, etc.

Concebir que una agrupación que fomenta los valores religiosos fomenta la discriminación para obtener beneficios de pertenencia es gravísimo. Hoy se comienza con eso y mañana comienzan a surgir los talibanes mexicanos. Esos que asesinarán a alguien por su forma de vestir o por su preferencia sexual.

A todos ellos habría que explicarles que un hombre o una mujer merecen respeto en cualquier circunstancia y no hay comportamiento alguno que justifique agresiones o faltas de respeto. Es difícil pues algunos grupos religiosos lucran con la ignorancia de sus miembros, con su credulidad y sobre todo con el fanatismo que fomentan y generan para beneficio de sus propios líderes.

Ninguna religión será una buena religión cuando se fomente ese tipo de actos entre sus miembros. El ¨Tápese y respétese¨ implica también que quien se destapa no se respeta. Mentalidad medieval, que también encuentra terreno fértil en la ignorancia y la credulidad de los fieles de alguna de las tres mil religiones que pululan en el planeta tierra. Y que ahonda en el mismo tema de la discriminación en función de las ideas del otro. México requiere ser multicultural, multireligoso, multiétnico, etc., con el fin de superar su mentalidad pueblerina y comprender que la tolerancia de las preferencias del ¨otro¨ es parte de la regla de oro de la convivencia y el respeto a todo el género humano.

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