El aniversario luctuoso de Barragán

1 noviembre 2017 | 10:36 hrs | Gilberto Haaz Diez

De J. F. Kennedy: “Se puede ganar con la mitad, pero no se puede gobernar con la mitad en contra”. Camelot

Leo muy temprano Crónica de Tierra Blanca, porque el jet lag me trae más atarantado que el lio entre el fugado Puyemon y Rajoy en España y Cataluña, que apenas van en el round 3, pero Rajoy le ha dado un jaque mate al correlón. Suelo dormir bien, pero a las 6 de la mañana, antes que el gallo cante con el cambio de horario y de mi huso horario que cargo, este escribiente está listo para emprender la caminata mañanera, que eso es mejor que dar vueltas a la cama pensando en la inmortalidad del cangrejo. Y pensar a la vez de qué tema se escribe esa mañana, porque hay que variarle un poco pues, a veces, ya aburre uno con tantos Yunes en la política veracruzana, son como los Kennedy o las grandes familias a las que les dio por la política, donde se cobra bien. Leí en ese diario cuenqueño, que el maestro Hugo Barragán Ortiz cumplió años de fallecido (13), Y recuerdo cuando esa mañana de ese día, su féretro con su cuerpo inerte fue llevado a la estación de Radio XEJF, donde sus compañeros le despedíamos. De cuerpo presente, como escribiera el gran poeta, Federico García Lorca: “Estamos con un cuerpo presente que se esfuma, con una forma clara que tuvo ruiseñores y la vemos llenarse de agujeros sin fondo”. Hugo fue un profesor de primera, con él aprendimos de las grandes cosas que nos han servido en la vida, vivió para el deporte y gracias a su constancia, en ese pueblo que no tiene mar y un calor infernal, llegaron a jugar bastante bien el basquetbol y el volibol. Ganando torneos nacionales en sus periplos por el país. Fue gran colaborador en Crónica Prensa y en Radio XEJF. Se le recuerda con cariño, un grupo de nosotros, en la escuela secundaria oficial aprendimos a jugar el ajedrez, enseñanza suya, y algunos por poco nos convertimos en un Bobby Fischer pueblerino (en unas simultáneas, Bobby Fischer le ganó la dama a su rival, y éste volvió a ponerla en el tablero al irse Fischer. Continuó el juego normalmente y el hombre presumía ante todos los observadores de que el genio no se había dado cuenta. Siete jugadas más tarde, Fischer volvió a ganarle la dama, y esta vez se la metió en el bolsillo y se largó). No salimos campeones del ajedrez, pero ese juego de pensar y pensar es parte de una sapiencia en la vida.

 LAS MEMORIAS PUEBLERINAS

 A Barragán lo recordamos con cariño, quienes le conocimos y por él supimos de jugar el fútbol americano, aunque sin tacleadas, de ‘tochito’, como le llamábamos, jugábamos el soccer, conocido en el mundo. En un campo pelón, árido casi, sin pasto, junto a las máquinas del Ferrocarril, cuando eran Nacionales de México, ahí le aprendimos a ese deporte que los gringos subliman. Era difícil porque no había televisión. La señal al pueblo comenzó a llegar en los años 60’s, es más, cuando este escribiente de relatos llegó a Orizaba (1968), aquí menos había señal por las altas montañas, y los juegos de la Selección Mexicana nos íbamos a verlos a Ixtaczoquitlán o Ciudad Mendoza, donde llegaba señal de Telesistema Mexicano o Telever Veracruz. Ponían las casas unas bancas y vendían chescos y tortas y papitas y nos cobraban un peso la entrada. Rememoro esos incipientes tiempos difíciles porque apenas, en Madrid, caminando con mi nieto, Chicharito, me hizo la pregunta de los 64 mil. Preguntó, a sus 13 años, si la época nuestra había sido mejor que la que ellos estaban viviendo. Le dije que nunca, nosotros nos desarrollamos en nuestros juegos de juventud casi en la prehistoria. No teníamos nada, porque nada se había inventado. Jugábamos como podíamos al basquetbol o a los juegos callejeros. Le dije que en la de él, solo pican un botón y están conectados al mundo, a cientos de canales de TV y a cientos de páginas de Internet y poder comunicarse con cualquiera en el mundo al instante, por el WhatsApp o Tuiter o Facebook o el mismo Internet. Los teléfonos fijos de casa eran de batería y había que darle vuelta a una manivela y una operadora te contestaba y te ponía al número que pedias, que normalmente era números de dos dígitos. Tenían la ventaja de que se echaban los chismes, porque eran operadoras que todo lo oían. Sabían la vida y milagros de los pueblerinos, los líos de alcoba y los demás. Desde ese tiempo ya se conocían de las escuchas, que luego los políticos mexicanos mejoraron y patentizaron al mundo. Entonces mi nieto me sorprendió, cuando me dijo: “Si, pero ustedes vivían con más seguridad”. Cierto. Salíamos a la calle y nuestros padres estaban seguros que regresábamos, no había temor de la delincuencia ni de los peligros que hoy vivimos. Y opté por callarme y cambiamos de plática. Esta generación, que ha gobernado con las patas, les debe a estos jóvenes los días malos en que vivimos. Tenía razón, en parte.

 EL NUDO GORDIANO

 Siempre uno se pregunta la expresión aquella de ‘desatar el nudo gordiano’, de dónde viene, cuándo se originó, cómo nació ese decir. Hace tiempo leí la mejor explicación de ello, de la gran escritora española, Almudena Grandes: “Según la leyenda, solo llegaría a ser Rey de Frigia quien fuera capaz de deshacer un nudo imposible, que un campesino llamado Gordias usaba para atar sus bueyes al yugo. Todos los aspirantes fracasaron hasta que Alejandro Magno llegó al establo, miró el famoso nudo, pensó un poco, sacó su espada y cortó las cuerdas de un tajo. Desde las alturas, el padre de los dioses aprobó su acción. Es lo mismo cortarlo que desatarlo, fue el veredicto de Zeus. Alejandro cortó el nudo gordiano porque tenía una espada, porque tenía imaginación y porque fue valiente”. Eso.

Visítenos: www.gilbertohaazdiez.com

 *Esta es una opinión del columnista