El acuerdo Yunes-Yunes, las reglas cambiaron

9 mayo 2017 | 21:20 hrs | Javier Roldán Dávila

Como todas las cosas de la vida, los acuerdos terminan siendo recuerdos

Los conocedores del derecho, deben tener claro el significado de la siguiente locución latina: rebuc sic stantibus, que en castellano de la calle quiere decir: estando así las cosas.

Cuando los senadores priistas por Veracruz, Héctor Yunes Landa y José Yunes Zorrilla, consensaron un acuerdo político (ojo, un acuerdo, no un juramento de sangre), relativo a construir sus candidaturas a la gubernatura estatal, partieron de una premisa fundamental: ambos tenían que resultar ganadores, así pues, los dos trabajarían en tándem.

Resulta ingenuo suponer que alguno de los dos personajes juegue a perder por default, ergo, la derrota del PRI en el 2016 implica, necesariamente, un replanteamiento de lo negociado. El estado de cosas original, que trajo como consecuencia el beneplácito de los senadores al pacto de marras, resultó modificado de raíz.

Tanto en los tratados internacionales, como en los contratos entre particulares, si las circunstancias en que se firmaron cambian, de tal suerte que una de las partes sea perjudicada, es permitida la disolución de lo signado. Basta revisar lo declarado por Donald Trump, en el sentido de que el TLCAN, desde su punto de vista, ha resultado pernicioso para su país, en ese tenor, pide una revisión o anulación del mismo. Las reglas lo permiten.

La política es perseverancia en la búsqueda de objetivos, por lo tanto, no hay negociación que se cimente en la autodestrucción de uno de los jugadores…no sería político, sino suicida.

Nadie se tiene que llamar a sorpresa, no olvidemos los cuatro principios rectores para el que aspira: ciencia, paciencia, constancia y circunstancia.

Posdata quijotesca: si se pueden desfacer entuertos…cuantimás acuerdos.

*Esta es opinión personal del columnista