El abogado de Trump gestionó un acuerdo millonario para callar un escándalo

Elliott Broidy dimite de la cúpula republicana tras revelarse que pagó a través de Michael Cohen 1,6 millones a una amante a la que dejó embarazada

14 abril 2018 | 20:35 hrs | El País

Las maquinaciones de Michael Cohen como solucionador de problemas se extendieron el año pasado más allá de su cliente principal, Donald Trump. El abogado personal del presidente de Estados Unidos negoció en 2017 un acuerdo de 1,6 millones de dólares para silenciar a una mujer que había tenido un lío sexual con un importante donante del Partido Republicano. Se trata de un nuevo episodio que arroja luz sobre los manejos de Cohen, que negoció al menos dos acuerdos similares con presuntas amantes del presidente antes de las elecciones.

Elliott Broidy, un inversor de capital riesgo basado en Los Ángeles y vicepresidente de finanzas del Partido Republicano, anunció el viernes por la tarde su dimisión de este puesto tras revelar el diario The Wall Street Journal el acuerdo. A través de Cohen, Broidy se comprometió a pagar 1,6 millones de dólares en varios pagos, que comenzaron el pasado diciembre. El diario neoyorkino cita fuentes anónimas, sin más detalles.

Broidy reconoció la aventura en un comunicado facilitado a los medios por un portavoz. También, que el acuerdo incluía hacerse cargo del hijo presuntamente fruto de esa relación. “Reconozco que tuve una relación consentida con una Playmate de Playboy. Al terminar nuestra relación, esta mujer me informó de que estaba embarazada. Ella decidió que no quería continuar con el embarazo y me ofrecí a ayudarla económicamente en este difícil periodo”. Broidy, de 60 años, está casado.

Se trata del tercer caso conocido en el que Cohen ha participado como facilitador de acuerdos de confidencialidad para callar a mujeres que han tenido relaciones sexuales con hombres poderosos. Los dos primeros involucran a Donald Trump, de quien Cohen no es solo su abogado personal, sino su fontanero y arreglador de problemas, según se ha definido él mismo.

El primero de los casos es el pago de 150.000 dólares a otra modelo de Playboy, Karen McDougal, a través de la compañía editora del National Enquirer, un tabloide de cotilleos propiedad de un amigo de Trump. La publicación compró la exclusiva de la historia y después la enterró. Eso fue en verano de 2016, después de que Trump lograra la nominación del Partido Republicano a la presidencia.

En octubre de ese año, dos semanas antes de las elecciones, Cohen negoció también el pago de 130.000 dólares a la actriz porno Stormy Daniels (el nombre real es Stephanie Clifford) por callar sobre su relación sexual con Donald Trump una década antes. Ambas mujeres han denunciado en los tribunales para librarse de los acuerdos de confidencialidad.

Elliott Broidy es un importante inversor de capital riesgo de Los Ángeles. El mes pasado, fue uno de los organizadores de una cena de recaudación de fondos para Donald Trump en Beverly Hills, la excusa para que el presidente pisara por primera vez suelo californiano.

El acuerdo de confidencialidad de Broidy con su amante es muy parecido al que se firmó entre Cohen y Stormy Daniels, según las fuentes del Journal. Incluso utiliza los mismos pseudónimos para nombrar a las partes (David Dennison y Peggy Peterson) y declara los nombres reales en una carta aparte. Curiosamente, la mujer del caso de Broidy también estaba representada legalmente por el abogado Keith Davidson, un abogado de Los Ángeles al que Stormy Daniels y su abogado actual acusan de haber actuado en connivencia con Michael Cohen para silenciar la historia.

Mientras, Michael Cohen lidiaba este viernes con sus propios problemas con la justicia. El lunes pasado, agentes del FBI registraron sus oficinas y su habitación de hotel en Nueva York en busca de documentos, entre ellos los relacionados con los casos conocidos de pagos a mujeres. Este viernes, en una vistilla preliminar, los investigadores revelaron que Cohen lleva “meses” bajo investigación por sus propios negocios, aunque no ha sido revelado aún exactamente qué buscan. Cohen trata de que el juez imponga una restricción temporal sobre los documentos y vete cuáles pueden ser revisados por los agentes y cuáles no, en virtud del supuesto del secreto de las comunicaciones entre abogado y cliente.