Duarte rompe el silencio

10 junio 2016 | 14:16 hrs |

Por Gilberto Haaz Diez

*De un tal Voltaire: “Ama la verdad, pero perdona el error”.
Camelot.

 

Cuatro días después del proceso electoral, donde su partido perdió la gubernatura, el gobernador Javier Duarte rompió el silencio. Le reviró al triunfador que  “Veracruz no merece peleas callejeras ni venganzas políticas”. Y fue por más: “Hay quienes tienen un pasado de corrupción y perversiones que tratan de ocultar tras un falso y un ridículo disfraz de vengador justiciero”. En un video, que El Cisne anunció en su cuenta de Twitter, teniendo de fondo la bandera nacional y la de Veracruz, el aún gobernador hasta el uno de diciembre, cuando las campanas den las doce de la noche, como decía Fernando Marcos: “El último minuto también tiene sesenta segundos”, y las moscas vuelan porque tienen alas, a esa referencia fue Duarte de entregar en esa fecha decembrina. La llegada de Miguel Angel Yunes al hospital regional de Veracruz, donde llevó sabanas y apoyos, los priístas lo tomaron como una provocación, como una ofensa, saben que se entrega gobierno el uno de diciembre, ni un día más, pero tampoco ni un día menos. De acuerdo a la Constitución y la ley. Otro me dijo que Yunes anda como pepita en comal, que no le calienta ni el sol y ya quiere sentarse en esa silla que una vez parió dos presidentes de la República. Es cierto que desde el día que se gana al día que se toma el relevo, transcurren casi seis meses, es mucho tiempo para que el bateador esté en la caja de bateo esperando turno. Debían constitucionalmente acercar los tiempos, que el que gane tome el poder al mes. Y así no haya sufrimientos en los que entregan, y desesperación en los que llegan. Duarte cumplirá sus tiempos. Lo dijo en ese mensaje grabado y asesorado por Beto Silva, El Muñeco, o El Cisne. “Como político y como gobernador, entendí y respeté en todo momento a los partidos y a sus candidatos. Cumplí con mi responsabilidad institucional de no interferir en el proceso electoral, posterior al proceso he escuchado los mismos ataques y mentiras usados como arma electoral durante la campaña y ha continuado la política de acusar sin pruebas, de denostar sin fundamento y de agredir e insultar a mi persona y a mi gobierno”, terminó.

 

LA DESBANDADA
Se fue el primero, Gabriel de Antes, la mazorca se comienza a desgranar. Cosa normal cuando se entrega un gobierno, más de ruptura, cuando el que recibe es de la oposición, ajeno a tu partido. Mucho se habla y mucho se sospecha. Se cuenta que el Fiscal, Fisculín, Luis Angel  Bravo Contreras, tiene los días contados, como la pelota del campo de los Yankees: se va, se va, y se fue. Sin previo acuerdo, un contumaz panista me dijo que su renuncia demorará lo que llegue de sus oficinas, junto al Orfis, al Palacio de Gobierno. Tendrá tiempo para terminar el imponente edificio de varios pisos que edifica en Córdoba, y su sistema de riego de gota del rancho El Gavilán, reciente adquisición, comprada al exsíndico Montiel, aquel conocido como el ‘Minipillo’. El gobernador aguanta la embestida, sentirá la soledad poco a poco, el Cisne no lo ha dejado, a su lado convive. Quizá salga con él por esa puerta que se cierra a esa historia suya, la que gobernó de 2010 a 2016. Quedarán pocos fieles. Aparecerán los Judas que por unas monedas cambian de bando y de ideología. No falta mucho. Para rememorar aquello que le ocurrió a Alfonso XIII, Rey de España.

 

EL REY ALFONSO XIII
Cuando el rey de España, Alfonso XIII, la noche del 14 de abril de 1931 se disponía a partir al exilio, un ayudante de campo hizo saber al Monarca que en el salón del duque de Génova, unas cincuenta personas le esperaban para decirle adiós. El rey se mostró sorprendido por esos leales, los consideró gente valiente, pues a las afueras una chusma lo abominaba y detestaba. Cuando los vio se impactó más; hombres de miradas crispadas, mujeres sollozando, incluso niños agarrando las faldas de sus madres, para despedir a don Alfonso. Eran los empleados de la casa del rey; lacayos, camareras, chóferes, cocineros, cocheros, y también algunos alabarderos que se habían vestido de uniforme de gala. El rey los vio. Desconcertado, preguntó a uno de los suyos: “No veo aquí a ninguno de mis grandes, a ninguno de los que jugaban al polo conmigo, a ninguno de los que me pedían cargos y honores. No los veo”. “Los grandes, señor”, respondió el acompañante, “los que se jactaban de jugar polo y de cazar con el rey, los que habían obtenido favores y prebendas no eran sus amigos. No eran más que cortesanos, esa muestra bastante mediocre de la especie humana”.

 

DOS APARICIONES
Mientras Miguel Angel Yunes Linares, ganador de la contienda electoral de gobernador de Veracruz, aparecía ante la cúpula panista en México, visto en el noticiero de López Dóriga, cuando Anaya le levanta la mano a los ganadores de la elección, y Yunes sonríe al tomar el micrófono, con gente prestigiada panista como la excandidata Josefina Vázquez Mota, el otro, Santiago Creel Miranda, totalmente palacio, y Ernesto Ruffo Appel, el primer gobernador panista, que tuvo al buen amigo, el comunicólogo cordobés Sabas Flores, como su director de Comunicación Social, y con Agustín Basave, jerarca del PRD, celebraban esa victoria; en La Parroquia de Veracruz apareció el primo hermano (nacieron primos hermanos, sí se pudieron pelear), invocando, aun cuando había rendido ya la plaza, que todavía no hay vencedor ni vencido. Y que querían el recuento de los votos: voto por voto, casilla por casilla. No camotes. Como dicen los gringos en los finales de película, esta historia continuará: (to be continued).

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