Don Jesús Reyes Heroles un ejemplo para los políticos

5 octubre 2016 | 19:40 hrs |

Diálogos con “El Negro” Cruz*

Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y rasuró su cabeza, y se postró en tierra y adoró, y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito. Job 1:20-21

Tengo que empezar por agradecer a mi querido amigo y ex acalde tuxpeño, Alberto Arango de la Huerta, por la información que me aportó, ya que, tuvo un trato preferencial con su paisano el gran ideólogo priista Don Jesús Reyes Heroles, un servidor público que hizo de la honestidad un apostolado.

Don Jesús, y Beto Arango también, pertenecen a una clase política en peligro de extinción, aquella que hace de la vocación de servicio su principal objetivo, por lo tanto, no busca el poder como un mecanismo de promoción en ningún sentido.

En estos días, somos testigos de cómo el alcalde del más modesto municipio (por poner un ejemplo), lo primero que requiere es que le compren una “suburban” a la altura de sus “circunstancias”, busca allegarse todo tipo de canonjías con cargo al erario y cuando termina su mandato, disfruta de un patrimonio de origen inexplicable.

Reyes Heroles nació en Tuxpan, Veracruz, hijo de un inmigrante español y de distinguida tuxpeña, estudió en su tierra hasta la secundaria, cuando por motivos de carácter familiar se trasladó a otra entidad. Su padre fue distribuidor de una cervecería, lo que nos indica que no era un hombre acaudalado. Tuvo un hermano llamado Antonio, que se desempeñó como gerente de una tienda en Tampico, murió a corta edad, “La China” Heroles, hermana de su madre, falleció de enfisema en una casa que le prestaba don Jaime Basáñez en el malecón tuxpeño.

Hago estos señalamientos, para dejar claro que a pesar de que Don Jesús fue director de PEMEX, del IMSS, diputado federal, presidente del CEN del PRI, secretario de Educación y Gobernación, entre otras cosas, su familia nunca se vio beneficiada de estas situaciones, fueron gente que vivió de su trabajo.

Otro de los aspectos que distinguía al gran ideólogo, era su gusto por la comida huasteca, los sabores y olores con los que creció. Las enchiladas de pipián, los bocoles, las estrujadas, la cecina y otras exquisitas viandas hacían la delicia del estudioso del liberalismo mexicano.

Por ello, comenta Beto Arango, que un día le sugirió que comprara una casa en Tuxpan, a lo que Reyes Heroles se mostraba renuente. Arango insistió y le comentó que estaba a la venta la finca “Conchita”, que había pertenecido a don Enrique Rodríguez Cano. ¿Cuánto cuesta? soltó el personaje, cuando supo la cifra expresó ¡uy Beto! yo no tengo ese dinero. Beto reviró y le dijo que él era consejero del Banco de Tuxpan, por lo que le podía conseguir un crédito. Don Jesús cortó el asunto de tajo, deja las cosas como están, así estoy a gusto.

Cierro esta colaboración con un comentario que hizo Federico Reyes Heroles en un seminario en honor de su padre, en el puerto de los “bellos atardeceres”:

“Reyes Heroles era un hombre de una moral muy rígida y precisamente por ello no toleraba a los inmorales. Un día comíamos en un restaurante, cuando se acercó un hombre mayor, con una salud evidentemente precaria, quien con voz cargada de cariño le dijo, Jesús, qué gusto verte. Yo me levanté como por acto reflejo y Reyes Heroles permaneció sentado, no le dio la mano y tampoco soltó una frase amable como sería ¿cómo has estado? o algo así. Solos de nuevo le reclamé su actitud y sin consideración alguna me respondió, todavía hay clases morales, ese canijo es un corrupto, que esté viejo y fregado no lo vuelve santo”.

*Vivencias de Rafael “El Negro” Cruz, editadas por Javier Roldán