¡Dímelo Dios, quiero saber!

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26 junio 2016 | 19:27 hrs |

Por Gustavo Cadena Mathey

Dime…/ ¿Por qué la gente no sonríe?/ ¿Por qué las armas en las manos?/ ¿Por qué los hombres mal heridos?/ Dime. Dime…,/ ¿Por qué los niños maltratados?/ ¿Por qué los viejos olvidados?/ ¿Por qué los sueños prohibidos? Dime…

(José Luis Perales)

 

Buen día apreciado lector:

Con eso de lo complicadas que andan las cosas en el mundo entre grillas y asesinatos cotidianos, ya que los gobiernos no pueden o no quieren resolver esos problemas, cómo me gustaría que por arte de magia nuestro México, nuestro Veracruz, todo nuestro entorno nacional volviera a los tiempos de los años sesenta, hasta digamos los primeros dosmiles, cuando todo acá se veía todavía de manera tranquila y esperanzadora.

Qué emoción cuando por fin a finales de los cincuenta llegó la electricidad a mi casa de Acayucan. ¡Ahh!, ¡qué bonito!, y disfrutábamos la buena música mexicana, argentina, cubana y europea de aquellos tiempos de paz, armonía y respeto; música incomparable aún vigente y que nos brinda relajación.

Por otra parte, este extraordinario oficio en el que Dios me enroló por no se qué razones y que seguramente descubriré más allá del plano en que ahora vivo, me ha permitido desde finales de los años setenta a la fecha, ser viajero frecuente en helicópteros grandes y chicos, avionetas, jets y aviones comerciales, trenes antiguos y modernos, yates, barquitos y lanchas.

No es por presumir pero eso da una perspectiva diferente de la vida.

Sobre todo cuando desde un aparato aéreo, a 10, 15, 20 ó 30 mil pies de altura, sin perder la capacidad de asombro pero inquieto y temeroso, uno aprecia parte de la inmensidad del globo terráqueo, de las maravillas de la creación, de la amplitud de la tierra, del verdor de los campos, de sus grandes valles, montañas, desiertos, ríos y la impresionante anchura del mar.

Es más, ahora con la modernidad podemos ver la redondez de la tierra vía satélite o mediante las cámaras de la estación espacial internacional, lo que es algo simplemente increíble.

Y allá arriba la píel se enchina y la mente se confunde por la fascinación de ese portento que se deja ver allá abajo. El pensamiento se eleva a la par, el cerebro reflexiona y uno se pregunta caray, ¿por qué en este hermoso planeta no podemos vivir todos los seres humanos sencillamente en paz, como hermanos?, ¿Por qué?. ¡Por qué no lo intentamos entre todos!

Parte de estas cavilaciones me empujan a presentar al lector un artículo que algunos atribuyen a García Márquez, otros a Jorge Luis Borges y en la red, a aquel famoso ventrílocuo Johnny Welch. Aquí va. Léalo, es bello.

LA MARIONETA

Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo.
Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan. Dormiría poco, soñaría más, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos perdemos sesenta segundos de luz.
Andaría cuando los demás se detienen; despertaría cuando los demás duermen. Escucharía cuando los demás hablan y cómo disfrutaría de un buen helado de chocolate.
Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando descubierto no solamente mi cuerpo sino mi alma.
Dios mío, si yo tuviera un corazón escribiría mi odio sobre hielo y esperaría a que saliera el sol.
Pintaría con un sueño de Van Gogh sobre las estrellas un poema de Benedetti y una canción de Serrat; sería la serenata que le ofrecería a la luna. Regaría con lágrimas las rosas, para sentir el dolor de sus espinas y el encarnado beso de sus pétalos

Dios mío, si yo tuviera un trozo de vida…, no dejaría pasar un solo día sin decirle a la gente que quiero, que la quiero. Convencería a cada mujer u hombre de que son mis favoritos y viviría enamorado del amor.
A los hombres les probaría cuán equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse. A un niño le daría alas pero le dejaría que él solo aprendiese a volar.
A los viejos les enseñaría que la muerte no llega con la vejez sino con el olvido. Tantas cosas he aprendido de ustedes, los hombres; he aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada.

Me apartaría de los necios, los habladores, de las gentes con malas costumbres y actitudes. Sería siempre honesto y mantendría llenas de amor y de atenciones a las personas a mi alrededor. Siempre trataría de dar lo mejor.
He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño por vez primera, el dedo de su padre; lo tiene atrapado por siempre. He aprendido que un hombre sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo cuando ha de ayudarle a levantarse.

Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes, pero realmente de mucho no habrán de servir porque cuando me guarden dentro de esa maleta,
infelizmente me estaré muriendo.

Hasta aquí esas cursilerías de las que dicen que dijo, son, Gabriel García Márquez cuando desmintió que las hubiera escrito él.

LE DISCULPAMOS LAS MOLESTIAS

Volviendo a la realidad, me permito aprovechar el espacio que con generosidad se me brinda, para expresar mi felicitación al exitoso y cumplidor alcalde de Xalapa Américo Zúñiga Martínez. Ofreció que arreglaría la avenida Orizaba y ya casi la termina con el apoyo, claro, de los trabajadores de la obra. Ojalá el presupuesto le alcance para reparar pronto la calle Pablo Frutis que está hecha un asco. Por ahí circulan muchísimos padres de familia porque llevan a sus hijos a los planteles escolares como el jardín Piere Fore, Siglo XXI, Renacimiento y curiosamente la Secretaría de Comunicaciones y Maver que no hacen nada por la arteria donde llegan a sus oficinas.

SOBRESALIENTE

***Finalmente un abrazo afectuoso para el director de Diario de Xalapa que hoy cumple años, al igual que a mi hermosa y querida hija Marigel; el magistrado Miguel Gastón Manzanilla Pavón y mis amigos Reynaldo Castro Melgarejo y Sergio González Levet. Saludo y felicitación especial al matrimonio del ingeniero Guillermo Bobadilla y su señora Lety Aguilar que recién cumplieron 25 aniversario de bodas.

Tenga el lector semana de paz y armonía.

gustavocadenamathey@hotmail.com