Diagnostican una rara enfermedad que sólo padece Suecia

Los síntomas son personas pasivas, inmóviles, mudos. Incapaces de comer y beber. Nula reacción a los estímulos físicos y al dolor

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8 noviembre 2017 | 11:26 hrs | Infobae

Suecia.-Los síntomas en 60 niños refugiados, solo durante 2016, proporcionaron un diagnóstico único en Suecia: pasivos, inmóviles, mudos. Incapaces de comer y beber. Nula reacción a los estímulos físicos y al dolor.

El uppgivenhetssyndrom es un trance parecido al coma que puede alargarse en el tiempo meses o años. Se lo conoce como el “síndrome de la resignación”, y lo sufren aquellas personas luego de conocer que sus familias serán deportadas del país de manera inminente.

La revista médica Acta Pediátrica explicó, luego de analizar a los diagnosticados con este síndrome, que incluso son alimentados mediante sondas. Los médicos que redactaron el artículo lo describieron como “querer morir”.

La explicación de los expertos señaló que el uppgivenhetssyndrom se apoya en la inseguridad que genera en estos niños el hecho de tener que adaptarse a otra realidad social diferente. La sensación la vivió Georgi y la contó al diario New Yorker. Para este niño, de Osetia del norte (Rusia), la deportación lo dejó en un estado de letargo. “Quería morir”, reconoció.

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Los niños “deprimidos” comenzaron a aparecer en las salas de emergencia suecas a principios del año 2000. Sus padres estaban convencidos de que estaban muriendo. ¿De qué? No sabían. Les preocupaba el cólera o alguna plaga desconocida.

Pronto, los pacientes con la afección llenaron todas las camas en la única unidad de internación psiquiátrica de Estocolmo para niños, en el Hospital Universitario Karolinska. Göran Bodegård, el director de la unidad, dijo haberse sentido claustrofóbico cuando entró en las habitaciones. Las persianas estaban corridas y las luces apagadas. Las madres susurraban, rara vez hablaban con sus hijos enfermos, y miraban en la oscuridad.

Hasta el momento, el síndrome se ha diagnosticado exclusivamente en menores refugiados en Suecia. En su mayoría provienen de países soviéticos o de la antigua Yugoslavia y de grupos minoritarios. La Junta sueca de Salud y Bienestar aseguró que la única cura son los permisos de residencia. Eso sucede algunos meses después de que los papeles sean favorables para que la familia pueda quedarse en Suecia cuando los niños empiezan a dar señales de recuperación.

Pero esta opción tiene sus críticas, pues no permite un diagnóstico y, por tanto, hace más difícil llegar a encontrar respuestas. En niños que finalmente han sido deportados a sus países de origen, el “síndrome de resignación” se ha prolongado en el tiempo.

La opinión dentro de la comunidad médica convergió en la teoría de que la enfermedad era una reacción a dos traumas: el acoso en el país de origen de los niños y el temor después de aclimatarse a la sociedad sueca. La revista médica más importante de Suecia, Läkartidningen, dedicó decenas de artículos y varios poemas al síndrome.

“Sus ojos lo habían visto todo, envejecido con el cansancio de un anciano sin ninguna esperanza de vida en el futuro”, escribió Mildred Oudin, la jefa de psiquiatría infantil en Skövde, en el centro de Suecia.

Refiriéndose al tema, el filósofo canadiense Ian Hacking escribió que los diagnósticos pueden convertirse en “una forma de ser una persona, experimentar uno mismo, vivir en sociedad”. Las enfermedades psicológicas a menudo se adaptan a las preocupaciones y temores de una cultura.