Día de La Candelaria

2 febrero 2018 | 10:53 hrs |

Por Gilberto Haaz Diez

 

*Las cosas nunca suceden como sucedieron sino como se las recuerda.
Camelot

He estado algunas veces en ese sitio llamado Tlacotalpan, en su Día de La Candelaria. El legendario 2 de febrero. La historia bíblica cuenta que se conmemora la presentación del Niño Jesús en el Templo. Y en Tlacotalpan, Pueblo Mágico, oh tierra bendita de Dios, Patrimonio Cultural de la Humanidad, cada año se congregan miles y miles de turistas nacionales y extranjeros. “En Tlacotalpan todo se cura, todo se olvida, se cura el alma que es incurable, cuando está herida”. Este fragmento es de la autoría de Julio Sesto, español, creador de aquella poesía cumbre, Las abandonadas: ¡Como me dan pena las abandonadas, que amaron creyendo ser también amadas, iban por la vida llorando un cariño, recordando un hombre y arrastrando un niño¡ Julio era español. Nació en Rosal, Pontevedra, España, en 1871 y murió en ciudad de México en 1960. Escritor, radicado en el país desde 1899. Vivió en Veracruz, en Tlacotalpan, y el pueblo celebra las Fiestas de La Candelaria. En esa zona donde el escritor Roberto Blanco Moheno magnificó la mejor novela costumbrista y pueblerina que se ha escrito: Un son que canta en el rio: “¡Bogando, con una Chingada! Llegábamos a la Trocha. El Julián, el Arturo, y el José María flojeaban con los remos, mientras el Enrique apenas si apretaba el canalete. Yo iba, acurrucado a proa, escogiendo los mejores pescados para la casa de gachupín. Y el tío Tamarindo, sentado en la popa, acababa de soltar la voz a través de la boca chimuela, amargada por años y años de chupar la fuma de tabaco traída de San Andrés: ¡Bogando, bogando, con una chingada¡”.

 

EN SALINAS
Para llegar a Tlacotalpan se cruza Salinas (nada que ver con el expresidente), pueblo pegado a El Mosquitero, una aldea pueblerina donde los chamacos cambujos, tostados por el sol, con la panza descubierta y llena de lombrices piden que les compren los famosos platanitos fritos, caseros, hechos a mano, fritos con aceite casi de camión, la salsa aparte. En el cruce de un puente ya habilitado, que estuvo por años detenido, el que desvía hacia el verdadero viejo Paso del Toro, en las vías, lo bordeamos. En los puestos, guanábanas, piñas, papayas, tamarindo, plátano, yaca, algo que aseguran los vendedores es ‘como el Viagra veracruzano’, o alguna jalada. Las frutas de la tierra veracruzana, a la vista. Cerca de aquí existe una empacadora de frutas, de Herdez, venida a menos, la han cerrado por incosteable, en Los Robles. Como la leche que compraba Nestlé en toda la zona. Salinas es un pueblo que no obedece al nombre de Carlos, no se vayan con la finta. Es muy viejo, creo que lo bautizó Pedro de Alvarado cuando anduvo y ‘andó’ por estas tierras, en 1519, tierras que olían a Conquista. La carretera ahí va, mucho mejor que la de Capufe. En Salinas se venden los mejores tamales de elote. Ya rondamos por La Laguna, vemos la desviación de Tlalixcoyan. Ya huele a tamales de elote, aparece la geografía pueblerina, La Mixtequilla, El Corralito, el contraste entre la modernidad y lo clásico, un Oxxo pegado a la carretera. Uno de los miles que hay en el país, el conglomerado mas grande de venta de frituras de chatarras. Una patrulla de la federal de caminos a las vivas, multan a un pobre chatarrero. Los campos sembrados de piña, a ambos lados de la carretera. Aquí llega uno a Loma Bonita, Oaxaca, la ciudad de las tres mentiras: ni está situada en una Loma, ni es Bonita, ni es Oaxaca, piensan y viven como veracruzanos. Como Santillana del mar, en la Cantabria española: ni es Santa, ni es llana y no tiene mar. Los sombreros de palma a 25 pesos. Los de tres pedradas, que usan los rancheros y lecheros de esta zona. Los del campo, pues. El presidente Echeverría, en su paroxismo de locura, creó un aeropuerto internacional en Loma Bonita, no pensaba mal el hombre, era para que desde allí se exportara la piña al mundo, lo que pasa es que en aquel tiempo los narcos se vieron más listos y la utilizaron para el trasiego de la droga. Hasta que un día llegó el Ejército y la selló. Hoy habrá algarabía en el pueblo, mucha gente aunque las marchantas dicen que menos que el año pasado. Llegan de todo el país, el parque es una romería, conjuntos tocan música grupera. Los puesteros a las vivas. Vigente la casa de Rafaela Murillo, donde se venden las blusas bordadas a mano y los trajes de jarochas típicas, por encargo siempre. Tlacotalpan es Pueblo Mágico. Bello. Único. Y tiene un río.

 

LOS FESTEJOS ANTIGUOS
Hace algún tiempo, en ese lugar donde el río Papaloapan embellece y a veces cobra furia y fuerza y se desborda, entre el paseo y las fiestas, se celebraba una comelitona para picudos. Era en la casa de Vitico Pereda, el amigo personal del añorado escritor Germán Dehesa, veracruzano, un escritor como no había dos de su estilo extraordinario y su forma de escribir. Iba el gobernador en turno. Solo entraban los elegidos. Otras se hacían en la casa de Rafael Murillo “La Flecha”, festejos de un pasado que se fue, al menos de los políticos, y que la ciudad sigue viva y con muchísimos turistas que la van a contemplar en estos días donde la vida sigue igual, aunque en otro tiempo y no con la misma gente.

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*Esta es opinión personal del columnista.