Después del temblor

2 octubre 2017 | 10:39 hrs | Jesús J. Castañeda Nevárez

Mucho se ha dicho y escrito sobre los daños que dejaran los temblores del 19 de septiembre del 85 y 2017, en los que el común denominador fue la reacción solidaria de los mexicanos que se volcaron en espontánea ayuda, equipados sólo con su voluntad y sus manos, sin importar su persona y sí la que pudiera estar sepultada bajo toneladas de escombro.

Y mientras que esos voluntarios iban buscando rescatar vidas, los mexicanos que no fueron directamente afectados también reaccionaron aportando víveres que acopiaron para ayudar a los directamente afectados; pero también aparecen en escena otro tipo de seres, los buitres, que aprovechando el momento, salieron a satisfacer sus propias vísceras, secuestrando la ayuda humanitaria que de todo el territorio mexicano fluyó hacia las zonas en desgracia, para re-etiquetarla y así obtener con ello su propio beneficio.

Funcionarios municipales o estatales con sus policías que sólo “obedecen órdenes” impedían el paso de los camiones cargados de alimentos, para dirigirlos a sus bodegas, tratando a los generosos ciudadanos como viles delincuentes.

Es muy posible que lo mismo sucederá con el dinero que han aportado personajes famosos, muchas gentes anónimas, así como muchos países, en cantidades importantes que se debieran destinar para la reconstrucción de las zonas afectadas y que pudiera terminar en el bolsillo de la pandilla gobernante.

De esta manera nos queda claro el aprendizaje que nos dejaron los temblores y que descubre dos tipos de gente; “los hijos que juran exhalar en sus aras su aliento” (soltar para bien de la patria hasta su último respiro); y los jijos sin madre, sin sangre en las venas, con la conciencia saturada de excremento de cerdo que les motiva a las más sucias acciones sin importar el dolor ajeno.

Ahora, después del temblor, se inicia una triste y muy lamentable realidad; los heroicos voluntarios vuelven a sus casas con la satisfacción de haber cumplido patrióticamente; los muertos ya descansan, los heridos se recuperan, las casas y edificios se volverán a levantar y todo volverá a vivir una rutinaria normalidad que para desgracia nuestra, incluye a esos seres mal nacidos que andarán esas calles saludando gente y buscando conseguir el voto ciudadano que les ubique en algún espacio público desde el cual puedan seguir profanando el suelo patrio.

La frágil memoria de la gente noble y buena les hace olvidar el agravio y perdonar inconscientemente, por eso existen esos malos seres del infierno que se etiquetan bajo las iniciales de un partido político y luego se disfrazan de honradez y rectitud mientras se llenan nuevamente las bolsas de lo destinado a los pobres y desvalidos, en un círculo vicioso y perverso que pareciera no tener fin.

Es claro que esa exhibición de los políticos corruptos que lucraron sobre los escombros, los muertos y las lágrimas ocasionadas por el terremoto no ha sido el único agravio, porque vivimos en un sistema corrupto dirigido por equipos o grupos que actúan como bandas delincuenciales que, de acuerdo al turno en el poder, se adueñan de todos los espacios del servicio público y lanzan al desempleo a los que estaban sin el mínimo respeto a sus derechos laborales establecidos en la Ley, arrastrando con ello a sus familias que sufrirán los efectos de esa forma de temblor.

Nuestro país ha dado un ejemplo al mundo por la reacción espontánea y generosa de los mexicanos ante situaciones de desgracia en las que otros han caído; pero también hemos sido exhibidos por las vergonzosas acciones de quienes se aprovechan de esas desgracias y se roban lo donado para su propio beneficio.

Esas gentes corruptas están ahí porque son las que hemos “elegido” para que ocupen un espacio en el servicio público, pero ya es tiempo que los votemos al cesto de la basura y les cerremos el camino de una vez por todas. No debemos dar más oportunidades a quienes mucho nos han agraviado. Es mi pienso.

*Esta es opinión personal del columnista