Desgobiernos, de ineptos y corruptos

1 enero 2019 | 11:42 hrs | | Rafael Arias Hernández

Por Rafael Arias Hernández

Las renovadas buenas intenciones y deseos, no pasan de eso, si no se
participa y trabaja en volverlas realidades y resultados palpables.

Nuevos tiempos, otras circunstancias. Apenas empieza, la oportunidad del
cambio verdadero. Transformar es pasar del decir al hacer, a los
resultados en lo federal, estatal y municipal.

Alienta que se reconozcan y fortalezcan oficialmente, participación social,
revocación, austeridad, anticorrupción y cero impunidad. Ahora hay que
pasar a los hechos y aplicarlo a todos, sin excepción.

No hay que darle vueltas, ni buscar pretextos e infundadas justificaciones
para no advertir ni señalar lo que es obvio.

De no atenderse lo esencial y urgente para la población, muchos van a
pasar de la protesta y la inconformidad, a la movilización y la acción, de
resistir a desobedecer.

Con derecho y razón. Demasiados denuncian y reclaman atención
suficiente y oportuna; simplemente es inaceptable e injusto, su exclusión
del bienestar y desarrollo, individual y social.

Oportuno insistir, que tanto en el saqueo y apropiación de patrimonio y
recursos públicos, como en el uso y abuso de atribuciones; tanto en el
engañar y simular, como en el debilitamiento y destrucción institucional,
siempre hay responsables y culpables, omisos y cómplices, beneficiarios y
favorecidos. Iniciados y recién incorporados; o perdurables
supervivientes.

Resultados y experiencia histórica, permiten señalar, advertir y hasta
predecir, que aumenta tamaño y complejidad de la problemática
económica y social.

A estas alturas, no se necesita ser experto en finanzas para asegurar que
en el gobierno federal, así como los estatales y los municipales, ineptos y
corruptos han logrado saquear y mal administrar, endeudar
injustificadamente y hasta concesionar o privatizar, para favorecer socios,
cómplices y a ellos mismos.

¿Qué harán los ahora encargados? ¿Qué debemos hacer ciudadanos y
sociedad en general?

Sin duda hay que ser activos y propositivos, propiciar y contribuir a
consolidar la voluntad mayoritaria; hacer realidad, el cambio verdadero y
favorable a las sacrificadas mayorías.

Imprescindible demostrar en los hechos y con resultados positivos, que se
está dispuesto a combatir en serio y erradicar pobreza, hambre,
inseguridad, marginación, ineficiencia y corrupción gubernamentales, entre

muchos otros males; y que se hará todo el esfuerzo, para asegurar
bienestar y progreso, a quienes se ha tenido y tiene sometidos por
generaciones, a las limitaciones y sacrificios muchas veces extremos.
Tampoco hay que ser especialista en derecho, para señalar que
complicidad y encubrimiento han fortalecido a intocables y reciclables,
institucionalizando, en buena medida, a ineficientes y delincuentes, en la
continuidad de la impunidad.

Y tampoco hay que ser reconocido perito contable, para identificar y definir
lo escandalosamente notorio, el debilitamiento o quiebra de órganos,
instituciones y dependencias del gobierno.

Así de simple. Veracruz padece un sinnúmero de afectaciones
institucionales. Esto es, está lleno tanto de atrocidades sistémicas, como
de desastres, abusos y perversidades gubernamentales.

Una de las claves es evitar y erradicar el desgobierno, para poder atender
inconformidad, protesta, inseguridad, incertidumbre, pérdidas, limitaciones,
sacrificios y afectaciones a terceros.
PARTICIPAR Y EVALUAR, PARA APOYAR O Y REVOCAR.
Ante retos y desafíos, adversidades y oportunidades, problemas y
conflictos, es preciso no confundir aciertos de errores; y distinguir
claramente, avance de retroceso. Imprescindible conocer y evaluar, el
desempeño gubernamental.
Propiciar y participar en el cambio, debe y tiene que ser para bien, para
mejorar o avanzar; y no, para estancarse, simular o retroceder. Nada de
terminar asegurando que, “estábamos mejor cuando estábamos peor”.
Vital entender qué se quiere, se debe y se puede cambiar, para corregir y
erradicar, deficiencias y pérdidas; o para identificar y sostener, logros y
avances alcanzados, casi siempre, a través de enormes sacrificios,
cuantiosos recursos y valiosos esfuerzos.
En el cambio que apenas empieza, se necesita objetividad y capacidad,
responsabilidad y compromiso, insistencia y perseverancia. Pero sobre
todo, más y mejor participación y evaluación social.
No más encubrimiento, distracción, simulación y enajenación.
Distinguir buenos de malos o peores es fundamental; identificar calidad
y capacidad, de todo servidor público es determinante, para no cometer el
error de preferir o repetir ineficiencia; de mantener y reciclar ineptos y
corruptos.
Es determinante para una democracia, saber permanentemente, que tipo
de gobierno se tiene y sostiene. El problema es mayúsculo y más
delicado, si de malo se pasa a peor, porque en este caso, simplemente es
cuestión de supervivencia.

Decía Karl Popper que conocidos los alcances de la condición humana y
su siempre presente condición y tendencia a la falibilidad y al error, lo
importante es plantear la pregunta: “¿Qué podemos hacer para configurar
nuestras instituciones políticas de modo que los dominadores gobernantes
malos e incapaces, que naturalmente intentamos evitar, pero que no
obstante, no resulta excesivamente fácil hacerlo, ocasionen los menores
daños posibles y de modo que podamos deshacernos de los dominadores
incapaces sin derramamiento de sangre?”

Lo primero, es ser activos y participativos, para corregir, bien y a tiempo,
males y deficiencias gubernamentales. No permitir, tolerar y estimular
irresponsabilidad, ineficiencia y hasta corrupción e impunidad. Depurar o
eliminar la costosa simulación en la redición de cuentas y la fiscalización
oficial, con sus inútiles procesos de supervisión y control, que al final no
ofrecen resultados, ni hay sanción o castigo a responsables y culpables,
de notorios daños, pérdidas y delitos.

Trágico, costoso e inaceptable, sostener malos y peores gobiernos.
MEJORAR DESEMPEÑO GUBERNAMENTAL.

En el contexto de la evolución y de la superación individual y social,
empresarial y gubernamental no hay tregua, ni descanso, ni facilidad.
Para evitar mediocridad, ineficiencia e incompetencia, siempre hay que
hacer las cosas bien; pasar de malo a bueno no es fácil, requiere de
disciplina, aprendizaje y dedicación.

El esfuerzo no termina con transitar de malo a regular, o a bueno. Preciso
es ser mejor y excelente, ni más ni menos.

Tampoco termina, conformándose con ser bueno y no decidirse a ser
mejor; esto, desde luego, exige de un esfuerzo mayor, hay que perseverar
mucho y aprender más, evaluarse constantemente y estar atento a los
cambios en condiciones y alternativas, para reconocer y aprovechar
nuevas situaciones.

Mientras, felicidades, y un mejor 2019.

-Academico.IIESESUV @RafaelAriasH,Facebook:VeracruzHoydeRafaelArias

 

 

Esta es opinión personal del columnista