Debemos ayudar a tiempo

16 octubre 2018 | 16:25 hrs | El Negro Cruz | Negro Cruz

Diálogos con ‘El Negro’ Cruz

No te niegues a hacer el bien a quien es debido, Cuando tuvieres poder para hacerlo. No digas a tu prójimo: Anda, y vuelve, Y mañana te daré, Cuando tienes contigo qué darle. Proverbios 3:27-28

Manejándonos en las enseñanzas bíblicas, como debe ser, podemos decir que estamos viviendo una etapa de penurias, tal como nos lo refiere Genesis 41, al narrarnos la forma en que José interpretó los sueños del Faraón y lo advirtió, sobre el hecho de que después de la abundancia, vendrían momentos difíciles, lo que conocemos como ‘las vacas flacas’.

Justo en estas circunstancias, es cuando el necesitado suele acudir al hombre del poder económico y/o político, en su búsqueda cotidiana para tratar de remediar sus aflicciones, además de cumplir con sus seres queridos.

Es así, que aquel que requiere comprar un medicamento, un poco de dinero para emprender un modesto negocio, incluso efectivo para comprar gas o pagar el recibo de la ‘luz’, se lanza en angustioso peregrinar, para intentar salir del apuro que se repetirá de continuo todos los días, mientras no logre algún tipo de prosperidad.

En realidad, el esfuerzo que hacen estas personas es de admirarse, no extienden la mano para pedir limosna, para nada. Su actitud, motivada por su fe en Dios, consiste en luchar y encontrar un mecanismo que les permita vivir con dignidad.

Por ello, así como debemos ser buenos samaritanos y ayudar al menesteroso, cuanto más tenemos que ofrecer la mano a mujeres y hombres, que cumplen a cabalidad la sentencia del Todopoderoso que dice:

“Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás.” Génesis 3:19

Es en este sentido, que me permito recordar a los pudientes las palabras del rey Salomón que vienen planteadas en el epígrafe, sin embargo, para no dejar ninguna duda, volvemos a citarlas:

“No te niegues a hacer el bien a quien es debido, Cuando tuvieres poder para hacerlo. No digas a tu prójimo: Anda, y vuelve, Y mañana te daré, Cuando tienes contigo qué darle”.

En este contexto, es importante que entendamos que nosotros no somos Dios para poder entrar en la mente y corazón del prójimo, por ello, cuando nos solicitan auxilio, no sabemos el tamaño de la desesperación del contrariado, por lo tanto, si podemos aliviar su desasosiego, es preciso que lo hagamos a la brevedad, no responder con ofensivo desdén y prometer para el día siguiente, la misericordia también tiene que llegar con prontitud.

Insisto, la generosidad implica no negarle el agua y el pan al desvalido, pero agreguemos la solidaridad con los que se rifan el físico para salir adelante (hacer el bien al que es debido), el que requiere una vaporera para hacer tamales, al que le ofrecen chamba de taxista pero tiene la licencia vencida, al trabajador migratorio que huye de la miseria y la injusticia, a la señora que necesita herramientas para poner un salón de belleza…en fin, habría tantos ejemplos que citar, pero estoy seguro que me hago entender.

Hermanas, hermanos, dejemos atrás la mezquindad, hagamos la voluntad del Señor, no prometamos, actuemos y, sobre todo, no olvidemos que todas las obras que ejecutemos son observadas por nuestro Padre Celestial.

Para ir concluyendo esta reflexión, recurramos de nuevo a la sapiencia del rey Salomón:

“No intentes mal contra tu prójimo Que habita confiado junto a ti”. Proverbios 3:29

Así sea, no intentemos ningún mal contra el prójimo, por el contrario, seamos generosos a la primera oportunidad, porque ayudar, es una oportunidad de acercarnos a Jehová.

Me despido como siempre, sugiriéndoles con respeto, que estudien La Biblia. Gracias.

*Esta es opinión personal del columnista