Debates o guerra electoral

19 enero 2018 | 11:37 hrs |

Por Ángel Álvaro Peña

 

El debate organizado por el periodista Joaquín López-Dóriga, entre los presidentes de las tres coaliciones electorales que disputan la Presidencia de la República, fue una interpretación del pensamiento de los precandidatos hacia esta posición política, cada uno defendió a su precandidato, una sólo se defendió, los otros dos colocaron a sus abanderados como la mejor opción con la intención de que la sociedad mexicana conozca las propuestas de los tres: Ricardo Anaya, del PAN-PRD; Andrés Manuel López Obrador, de Morena y José Antonio Meade, del PRI.

Los presidentes del PAN, Morena y PRI intentaron crear una imagen pública en el momento en que esa calidad de propuestas debe ser dirigida hacia sus respectivas militancias. En los tres casos, una militancia con voto duro, pero sólo dos partidos cuentan con base social, Morena y el PRI. El PAN carece de militancia propiamente dicha, de ahí que carezca de base social y deba recurrir a un partido como el PRD como aliado electoral ante la necesidad de crear puntos de referencia que apoyen la campaña de su candidato.

La diferencia radica en cuanto a ideas políticas, soluciones a los problemas y la manera en que quieren llevar al país. Los antagónicos se unen por necesitarse mutuamente, es el caso del Frente Ciudadano por México que encabeza Ricardo Anaya, que suma a un partido político que será, sin duda, el gran triunfador en las elecciones del 1 de julio: Movimiento Ciudadano.

El resto de las coaliciones contienen contradicciones como la de Morena con el Partido Encuentro Social, que en su momento significaron problemas de índole moral, pero no una moral filosófica seria, sino de una moral religiosa que hicieron a un lado sin explicar la manera en que armonizaron o dejaron de compartir propuestas que deben estar fuera de la discusión política, más aún en un país con un sistema de gobierno laico.

Así, Morena y el PES simplemente se unieron con la idea de sumar siglas a la boleta electoral. El primero como un alarde de convocatoria, y el segundo como una manera de sobrevivir como partido político.

Creer en Dios o pertenecer a una religión debería ser en nuestro país un debate innecesario, y perteneciente al pasado; sin embargo, hay quienes quieren colocarlo en el punto más alto del debate político.

La coalición del PRI con un apéndice que se dice ecologista y pugnan desde hace años por la pena de muerte, es un frente que reafirma su continuidad, aunque muchos deben preguntarse continuidad de qué si no fue mucho lo que se hizo, como lo dijera el presidente del PAN, Damián Zepeda, hay cifras que acusan retrocesos sobre todo en materia de seguridad.

Pero ante esta aseveración el líder del CEN del PRI, Enrique Ochoa Reza, afirmó que, en estados como Veracruz, la inseguridad creció 400 por ciento, situación que puede advertirse en un gobierno donde el gobernador prometió en seis meses pacificar a la entidad y castigar a los corruptos del régimen anterior, encabezados por Javier Duarte.

Por su parte, la presidenta de Morena, Yeidckol Polevnsky, insistió en que se trataba de un debate de precampaña, razón por la cual se dedicó a cuestionar las afirmaciones de Enrique Ochoa Reza y Damián Zepeda, porque de ser rígidas las autoridades electorales, ambos pueden ser responsabilizados de realizar actos adelantados de campaña. Debieron ser más cuidadosos de las leyes, pero sobre todo conocerlas.

Ambos, Enrique y Damián, aseguraron, cada uno a su modo y con sus palabras, que su candidato va ganar, que es la mejor opción, que sus candidatos son la mejor opción en repetidas ocasiones, que es motivo suficiente para que sean sancionados por las leyes electorales, toda vez que pugnaron por un triunfo electoral el 1 de julio y no como un triunfo sobre sus respectivas militancias, que es lo que en este momento permite la ley.

Damián aseguró que Ricardo Anaya ganará las elecciones para la Presidencia de la República; mientras que Enrique Ochoa, aseguró que su candidato ganará con el 40 por ciento de la votación. Y subrayó, en repetidas ocasiones que pacificará el país. Mostró la definición de la Real Academia de la Lengua a Yeidckol Polevnsky de la palabra amnistía, asegurando que implica perdón para los delincuentes.

Yeidckol aseguró que los asesores les están robando, por hacer repetitivas sus calificaciones contra López Obrador como que es un peligro para México, pero no se pronunció por dar a conocer alguna propuesta de su precandidato, Andrés Manuel López Obrador.

Fue acusada de que su candidato muestra un retroceso, que su proyecto ve hacia el pasado, que el cambio que busca Morena es en reversa, que vamos estar igual que en Venezuela si gana, etc. Yeidckol sólo se defendió.

Los dos presidentes de los partidos tanto PRI como PAN, mostraron encuestas, asegurando que sus candidatos puntean. Esto puede interpretarse, a estas alturas, como inducción al voto.

Los ataques de Damián y Enrique impidieron que la presidenta de Morena incurriera en esta falta grave, que muestra desconocimiento de las leyes electorales. Al defenderse de los ataques, infundados o no, ocupó su tempo sin necesidad de decir que su candidato ganará, porque anunciar en tiempos de precampaña protestas abiertas a los electores es un delito. Y así los hicieron los presidentes del PAN y del PRI.

Hizo falta Manuel Granados, líder del PRD, quien debió tener presencia ante la cantidad de militantes que aporta a la campaña de Ricardo Anaya, sin embargo, se convocó a los líderes de las cabezas principales de los diferentes institutos políticos para debatir sobre sus candidatos como la mejor opción, dentro de la militancia, no ante un electorado y de manera abierta como lo hicieron en el programa del periodista Joaquín López Dóriga. Sin duda fue un punto acertado para el periodista reunir en un debate a los líderes de los tres partidos que encabezan las encuestas electorales en la mayoría de los puestos de elección popular.

Esperemos que una vez que los líderes de estas coaliciones electorales hayan destilado la agresividad innecesaria, el debate entre los candidatos, cuando lo sean, tenga mayor y mejor nivel PEGA y CORRE. – Veracruz, Nuevo León, Michoacán, Tamaulipas y Zacatecas son los cinco estados que más contrataron deuda en 2017, refiere el Registro Público Único de Financiamientos y Obligaciones de Estados y Municipios. De acuerdo con datos actualizados, el estado de Veracruz fue el que contrató el mayor monto de obligaciones financieras por 38,562 millones de pesos… Esta columna se publica los lunes, miércoles y viernes.

 

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*Esta es opinión personal del columnista.